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Apartamento del tercer piso del edificio Caicobe en que se originó la explosión

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Tembló Villa Biarritz: un bombazo inesperado que sacudió al barrio

La explosión del tercer piso de un edificio en Villa Biarritz, por un supuesto escape de gas, dejó a tres heridos graves, 11 lesionados leves y varios daños en estructuras vecinas; los testimonios de un barrio conmovido

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23 de julio de 2022 a las 05:02

Los pisos vibran en las ciudades, por las obras o el tráfico pesado que las atraviesa. También vibran en el gimnasio del Club Biguá cuando alguien termina la última serie de peso muerto o deja caer las mancuernas. Con los auriculares a todo volumen, Juan Medina no precisó escuchar el bombazo para saber que el de las 9:11 de la mañana no había sido un temblor de esos.

–Hubo una pausa. Todos miramos para el mismo lado. Los vidrios hicieron así –dice imitando con las manos el movimiento de un sacudón. 

El sismógrafo de la geóloga Leda Sánchez lo captó a tres kilómetros de distancia del lugar. La vibración del suelo –atenuada por el hecho de que la detonación no fue subterránea sino que surgió en un tercer piso– fue superior a dos de magnitud local, en una escala que va del cero al diez. Si no, podría haber medido más alto. 

Apartamento del tercer piso del edificio Caicobe en que se originó la explosión

A Bruno Garcilaso (23) se le vino la ventana, los escombros, toda la ráfaga de una onda expansiva, arriba. La explosión le voló un par de teclas de la laptop con la que empezaba la jornada de teletrabajo. El joven corrió al living para alejarse lo más posible del ruido, del chillido de todas las alarmas que empezaban a propagarse por doquier. El estallido fue al mismo nivel –el tercer piso– del edificio contiguo. Le explotó al lado. 

Las primeras llamadas a Bomberos cayeron a las 9:18, siete minutos después. El matrimonio de ese apartamento del complejo Caicobe –sobre Leyenda Patria e Hidalgos, sobre el parque Villa Biarrtiz– tuvo que ser rescatado de entre los escombros. El hombre de 79 años fue trasladado al Hospital Británico con el 80% del cuerpo quemado, y la mujer de 79 lo sufrió en un 40%. Los dos están ahora en el Centro Nacional de Quemados (Cenaque). 

Daniel Viñas estuvo a dos minutos de distancia de que el bombazo no lo agarrara bajando en ascensor desde el séptimo piso. El teléfono le sonó y tuvo que volver. Esta vez subió por las escaleras, y también tuvo que apoyar a un vecino ciego en el nivel de arriba. 

–Pasé por el piso dos, el tres y el cuatro. Era como si hubieran tirado un misil en una de esas escenas en Ucrania. 

La fachada incinerada, en especial en esos tres niveles intermedios, no tardó en tornarse en el punto más convocante de Montevideo. El árbol de enfrente, justo del otro lado de la calle Leyenda Patria, abrazó los trozos de muebles que salieron despedidos, una almohada, pedazos de cortina.

–Por suerte los niños entran a la escuela a más tardar a las 8. Sino, olvidate.

Para una explosión que afectó a siete edificios aledaños y que abofeteó las ventanas de apartamentos a varias cuadras a la redonda, la palabra "milagro" estaba en boca de cada efectivo y vecino que rondaba a los pies del Caicobe.

La grúa de la intendencia se lleva los autos dañados en la cuadra de la explosión

Pero también hubo once heridos, seis de ellos internados, tres de los cuales están graves –aunque estables–. Además del matrimonio con quemaduras, a una mujer del edificio contiguo se le cayó una pared encima, ocasionándole un trauma de columna y múltiples fracturas. Este sábado será operada en el Hospital Británico. 

Ruido de guerra

Entre el helicóptero que sobrevolaba la zona, las alarmas incesantes a la redonda, el murmullo de los bomberos y arquitectos de la Intendencia de Montevideo (IM), las escobas barriendo los vidrios de los balcones también lograban hacerse escuchar en los edificios cercanos. En todos lados los vecinos comentaban sobre el estruendo y qué hacían cuando el bombazo los tomó por sorpresa. 

–El ruido no sabes lo que fue. Nunca había escuchado algo igual –dice Pablo Daniel, un conductor de Uber que justo pasaba por la vuelta. 

–Escuchame. Yo vivo en 21 de Setiembre y Bonpland (a seis cuadras), ¡Hasta ahí llegó la onda!

–No te imaginás el susto que me pegué. 

–A mi cuarto se le cayó la pared –comenta en una llamada un joven del sexto piso, que a la misma hora de la explosión estaba rindiendo un parcial en la universidad. 

–Yo nunca vi nada igual –le confiesa la intendenta Carolina Cosse a una vecina que se acerca a conversar. –Pero ahora vamos a emprolijar acá –le promete la jerarca a un grupo de vecinos. 

–¿Podrán venir los de Tacurú? Estoy presionado para empezar a barrer por acá –dice por teléfono pocos minutos después el alcalde interino del Municipio CH, Álvaro Maynard. 

La limpieza del entorno, salpicado por doquier por los vidrios y escombros, terminará insumiendo algunas horas. 

Adentro, los peritajes conducen a creer que hubo una fuga de gas de cañería en el apartamento del tercer piso. Toda esa concentración llevó a una primera explosión que después desencadenó en el bombazo final, expuso en rueda de prensa el director nacional de Bomberos, Ricardo Riaño. 

Varios vecinos relataron haber sentido un "olor raro" en las horas previas, incluso desde otros pisos. El administrador del edificio camina por horas dentro del perímetro cercado, sin despegar los ojos del celular, contactándose uno por uno con los once copropietarios. Consultado por El Observador, dice estar "muy conmocionado" y prefiere no hablar, aunque asegura que nunca hubo complicaciones previas con el servicio del gas o su mantenimiento. 

El agente de la aseguradora SURA –con la que el Caicobe tenía contratado seguro de copropiedad– va uno por uno coordinando las estadías en hoteles durante esa primera noche sin techo. El director de la compañía, Juan Artagaveytia, sostiene que están "muy consternados con lo que pasó". "Estamos ocupados en acompañar a nuestros clientes, solucionando los temas de hábitats, de movilidad y de acompañamiento. No nos ocupa otra cosa que eso", asegura. 

Joven que arriba a la zona de la explosión

De momento prefiere no hablar de nada de lo que vendrá después, referido a la liquidación por los daños materiales. "Es una situación muy extrema. Hay gente que hasta va a tener que comprar su ropa", comenta. "Por los vidrios rotos también tenemos unos cuántos afectados. Estamos recibiendo denuncias de varias cuadras a la redonda", plantea. 

El presidente del Banco de Seguros del Estado, José Amorín Batlle, declara a El Observador que estudian flexibilizar los criterios para amparar a aquellos clientes con vidrios rotos. "Si el cliente no tiene el adicional de cristales, vamos a estudiar bien la póliza para ver si podemos pagar. Vamos a contemplar bien esas situaciones entendiendo que fue una tragedia, una cosa horrible para mucha gente que pierde todo, y vamos a tener criterio más amplio para juzgar eso", indica. 

El después

Una trabajadora de limpieza del edificio estaba en la planta baja cuando el estruendo le hizo creer que el techo se le caería arriba. “Ahí se desmoronó el mundo. No sé nada más”, dice. El episodio le dejó “hasta malestar en el estómago”. En la ambulancia le dejaron un medicamento para calmarlo. Pese a la insistencia de los periodistas en el entorno, ya no quiere hablar de eso.

No es la única.

–Fijate que esté todo. Revisá cualquier cosa –le dice un bombero a uno de los vecinos.

El paso al edificio Caicobe está clausurado –al igual que para el tercer piso del complejo aledaño, sobre la calle Hidalgos–, y los bomberos rescatan como pueden las pertenencias más importantes que sobrevivieron a la explosión.

Vecinos observan desde lejos la explosión en Villa Biarritz

–La cámara no la encontré –se lamenta el bombero con un joven que aguarda en el perímetro cercado. 

–Gracias por todo. Sin palabras –le devuelven.

Los Bomberos no se animan a aventurar cuándo va a volver a quedar habilitado el paso. Según Riaño, hay “riesgo inminente de derrumbe” de los pisos dos y tres. En ese punto hay un pilar comprometido que está soportando tres veces más carga de la que debería. El director de Seguridad Edilicia de la Intendencia de Montevideo, Andrés Fernández, explica que “puede haber derrumbes de las losas afectadas, pero eso no tiene por qué afectar al edificio”.

Con el correr de la tarde se va apagando el furor. Los bomberos volverán al día siguiente, y Luis Alberto Heber promete fortalecer el patrullaje para una zona que quedará “desguarnecida”.

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