Fútbol > EL ANÁLISIS

Terans y Torres tienen una marcha más que el resto y marcan el ritmo de este Peñarol

Los dos volantes marcan la dinámica de juego del equipo en ofensiva y tanto cuando se juntan, como cuando habilitan a algún compañero, son decisivos cuando generan espacios; el gol del juvenil Agustín Álvarez Martínez fue otro punto alto 

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19 de septiembre de 2020 a las 18:58

Toca de zurda, pica al vacío. Toca de zurda, busca a un compañero que generó un espacio. Toca de zurda y mete un pase de gol. Toca de zurda y anota un penal. Toca de zurda y marca la diferencia.

No se escribe de un solo futbolista. Son dos. Y claramente zurdos. Siempre sucede que los zurdos tienen algo diferente, son más vistosos de ver y muestran cosas que asombran. 

Ha pasado a lo largo de la vida deportiva en cualquier deporte. En fútbol, sucedía con aquel virtuosismo de Diego Maradona que hoy se aprecia en Lionel Messi. En tenis, lo que hacía Guillermo Vilas u hoy el propio Rafael Nadal. No es mejor que Roger Federer, pero tiene un juego que a veces se hace más vistoso. ¿O no atrapa al espectador la mano izquierda de LeBron James en la NBA? Si hasta existe el Día del Zurdo celebrado siempre el 13 de agosto.

En Peñarol, esa bandera es para David Terans y Facundo Torres. Son los dos zurdos por antonomasia. Son los dos que cuando el rival les da espacios, consiguen hacer la diferencia.

David Terans anotó su séptimo gol en el Apertura

Pique y freno, desborde y transición, búsqueda del hueco y definición. Así son estos dos jugadores de Peñarol que siguen creciendo, continúan logrando una conmixtión interesante, entrar en pared ante defensas cada vez más cerradas. Porque desde que el fútbol existe, se sabe de memoria que al llegar al área adversaria, así se hace la diferencia.

Cuando todos los jugadores del fútbol uruguayo vienen con cinco marchas, ellos dos, ya tienen sexta, y cuando la utilizan (o cuando los dejan utilizarla), complican a cualquiera.

Eso fue lo mejor que mostró Peñarol en esa victoria tan necesaria contra Plaza Colonia por 3-1 a la que le sobró todo el segundo tiempo este sábado en el Prandi. Hizo el gasto en la primera mitad y después descansó.

Claro que, como se verá, en ese "descanso", mostró -una vez más- falencias y distracciones defensivas.

Como se decía cuando éramos chicos, esto es "Terans y Torres contra todos los que rajen".

Facundo Torres y la zurda prodigiosa

Entre los dos, sumaron a un socio más que de a poco viene asomando. Es uno de los grandes puntos en el haber que tiene Mario Saralegui, a quien las cosas no le han salido como buscaba hasta ahora, pero que pretende mejorar: el juvenil Agustín Álvarez Martínez, quien este sábado rompió la red rival en el fútbol grande por primera vez luego de convertir 113 tantos en 170 encuentros. La confianza se la dio Saralegui, la titularidad también. Lleva tres encuentros y si bien habrá que esperarlo, comenzó a mostrar sus virtudes a la hora de desmarcarse, en el juego aéreo y en la definición. También brindó una asistencia para el gol de Gary Kagalmacher. 

El técnico se dio cuenta que el español Xisco Jiménez no atraviesa un buen momento desde el retorno del fútbol y se la jugó por el juvenil. Punto para él.

De Peñarol se espera mucho más desde principios de año. Sin embargo, hay que contar que este sábado mostró algunas virtudes que tenía guardadas en el baúl de los recuerdos en una campaña extremadamente irregular.

1) Contundencia. ¿Llegó en masa Peñarol al arco rival? ¿Avasalló a Plaza Colonia? ¿Fue una tromba? No, no y no, las respuestas para las tres preguntas. No obstante, las ocasiones que tuvo, esta vez las supo aprovechar. ¿Cuántas veces se escribió cuando Diego Forlán estaba al frente, que este equipo generaba pero definía proporcionalmente poco? Al menos este sábado, esa premisa cambió. La contundencia es clave para cualquier conjunto que se precie de tal y Peñarol la supo aprovechar en esta oportunidad.

2) Oportunismo. Detrás de la contundencia, de la mano llega el oportunismo. Hay que saber dónde pararse, cómo esperar la pelota, cómo definir, cómo engañar a un rival con un amague, en definitiva, cómo utilizar las armas que un plantel económicamente muy superior, debería saber utilizar para ganar casi siempre y no como venía sucediendo en las últimas fechas.

3) Presión. Otra de las facetas que mostró en este encuentro el Peñarol de Mario Saralegui, ha sido la presión. No la "presión alta", frase que se utiliza mucho y que no tiene demasiado sentido. La presión bien utilizada en tres cuartos de cancha e incluso en la propia cancha de uno -si se sabe aplicar bien-, es un arma notable. Saber defender sin la pelota es tan relevante como saber jugar sin pelota. Los abanderados de esto fueron Jesús Trindade y Walter Gargano. Este último, jugó un gran primer tiempo, tapando el error insólito que generó el penal para el segundo tanto de Colo Colo el pasado martes en Santiago por la Copa.

Los 90 minutos de Trindade invitaron al hincha manya a creer en el reencuentro de un futbolista todoterreno, quien fue utilizado en casi todos los puestos y que últimamente había bajado mucho su producción, seguramente "contagiado" por el bajo nivel de sus compañeros. 

4) Dominio territorial. Esa presión ejercida sobre todo, en la mitad de la cancha, coadyuvó para que Peñarol, luego de 15 minutos de dudas y de ser atacado por el rival, mostrara otra cara. Se hiciera con la pelota y algo fundamental y que lamentablemente para lo que es el fútbol uruguayo en general (no solo Peñarol), se utiliza muy mal: la entregó bien. El pase al pie del compañero, el toque de primera, la invención de jugadas, la conjunción de ideas, saber mantener el orden. Esas virtudes, bien utilizadas, normalmente suelen generar destrozos en las defensas adversarias.

5) Individualidades. Para todo lo antedicho, cualquier equipo, en este caso, Peñarol, necesita contar con jugadores que logren desnivelar. En eso, los más trascendentes, como ya se escribió, fueron Terans y Torres. Casi al mismo nivel estuvo el juvenil Álvarez y luego Trindade y Gargano. Aunque también se le debe sumar a Gary Kagelmacher, otro de los que hizo su primer tanto con la camiseta amarilla y negra, por su sobriedad en una zona con zozobras. 

Hasta allí se destaca lo bueno de este Peñarol. Pero también tiene la cara contrafáctica.

Jesús Trindade mostró un juego muy prolijo en el mediocampo y volvió a su nivel

Porque se volvieron a ver importantes altibajos de Kevin Dawson y errores defensivos, dos ítems que se reiteran partido a partido. 

Es decir, una cosa es Peñarol atacando y otra defendiendo de mitad de cancha hacia atrás. A arreglar eso es a lo que debe apuntar Saralegui, ya que en ofensiva parece estar encontrando la fórmula.

Dawson mezcla muy malas salidas, con buenas atajadas, pero esa irregularidad, puede jugarle en contra al equipo en partidos muy cerrados.

Peñarol recobró confianza y juego y eso no es menor en tiempos de vacas flacas en lo futbolístico. Saralegui sabe muy bien que debe mejorar mucho de cara al futuro cercano y ya el jueves tiene una prueba de fuego en la altura de Cochabamba en donde lo espera Jorge Wilstermann por la Copa. Allí dará un examen que puede ser decisivo para aprobar o no la materia.

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