Sobre fines de 2011 la panificadora La Sin Rival vivió un momento difícil. La planta de la empresa familiar, fundada en 1938, permaneció 45 días ocupada por sus trabajadores. Esta situación se revirtió cuando un inversor compró la firma. Los empleados levantaron la ocupación -previo acuerdo con el Ministerio de Trabajo- , dando inicio a una nueva etapa. Quien adquirió la empresa fue Mónica Calvar, dueña también de la fábrica de pastas La Sin Rival. Aunque ambas empresas compartían nombre comercial, nunca habían sido propiedad de la misma familia. Desde la compra, la gerencia general fue ocupada por el contador Marcelo Ríos, quien considera que, después de un tiempo ausente de las góndolas, “el público le volvió a agarrar confianza a la marca”.
Terreno recuperado
Con la “calidad como diferencial”, el gerente general de la panificadora La Sin Rival habló de cómo levantarse tras una ocupación y su posterior cambio de dueños, así como de los desafíos que tiene el sector