El equipo económico está decidido a dar la pelea y enviará un fuerte mensaje en las próximas semanas para que Uruguay tenga una inflación más baja. Hay algunos pasos en la hoja de ruta original que ya se dieron o están a punto de zurcirse. El gobierno logró acordar con los privados (y va camino hacer los mismo con los públicos) una moderación en los ajustes salariales que habrá (por lo menos) hasta diciembre de 2021 y, por el lado de los ingresos y egresos, el Presupuesto quinquenal tendrá el ya anunciado compromiso de austeridad y tijera imprescindible para corregir el desvío de las cuentas públicas y no poner en riesgo la pérdida del grado inversor. ¿Cuán profundo será ese esfuerzo que harán las autoridades del Ministerio de Economía y el Banco Central para que la inflación ingrese en el menor tiempo posible al rango meta vigente (3% a 7%)? ¿Tendremos un dólar con cierto freno a costa de una menor competitividad temporal para algunos sectores? Por estos temas haremos un punteo en esta entrega de Rincón y Misiones.
Con un plato (grande) como única meta
Lo dijo el presidente del BCU Diego Labat en una exposición que organizó la Academia Nacional de Economía la semana pasada: “Uruguay se merece jugar en la cancha grande. Ese es el mensaje con la política monetaria y la inflación; dejar de jugar en la B. Tener objetivos ambiciosos y que se cumplan”. Consideró que incluso un objetivo del 5% (el centro del rango actual) nos dejaría en ese grupo de países rezagados con las mayores subas de precios en el mundo.
Labat ya había comentado en una entrevista con El Observador que la inflación iba ser el único objetivo de la política monetaria bajo su gestión. El discurso y la definición política parecen estar claros. Ahora vendrá la hora de la verdad y los hechos para que los agentes vayan asimilando lentamente que Uruguay es capaz de convivir con una suba de precios por debajo de ese 8% promedio de los últimos 15 años, un número alto al que parece nos hemos acostumbrado.
Una vez que se termine la elaboración del Presupuesto (la próxima semana) habrá una sesión del Comité de Coordinación Macroeconómica -que integran el MEF y el BCU- donde se darán más pistas sobre cómo se piensa llegar a esa nueva meta, ya con la foto de los ingresos y egresos proyectados para el Estado para el quinquenio 2021-2025 sobre la mesa.
El BCU ya mostró algunas cartas buscando construir una credibilidad perdida por parte del mercado y los agentes. Reformuló su Encuesta de Expectativas (antes la respondían cuatro o cinco agentes) para tener más de 20 en las últimas ediciones y anunció un proceso de transición para volver a utilizar la tasa de interés (precio del dinero) como instrumento de política en lugar de los agregados monetarios (cantidad de dinero).
Ahora, si el BCU comienza a instrumentar una política monetaria restrictiva (una vez que pasen los efectos del covid-19) con la tasa de interés para reforzar su énfasis en reducir la inercia inflacionaria puede incentivar el arribo de capitales golondrinas del exterior (carry trade) que están deseosos de obtener rentabilidad en un contexto global inundado de liquidez donde lo que no abunda es cómo hacer rendir la plata.
De hecho, el dólar se ha debilitado en los últimos dos meses en la mayoría de los países (dejamos de lado a los vecinos) producto de una mayor avidez de los capitales en busca de rentabilidad (con más riesgo) porque invertir en un bono del Tesoro de EEUU hoy es para empatar o perder plata. En el carry trade, los agentes del exterior vienen con sus dólares, lo cambian a pesos en la ventanilla del BCU para adquirir Letras de Regulación Monetaria (deuda que emite para sacar pesos del mercado) que pagan tasas nominales mayores que los papeles estadounidenses u otros países desarrollados. Si las expectativas apuntan a un fortalecimiento de las monedas emergentes, el incentivo para el desembarco de ese tipo de capitales aumenta. De hecho, las tasas de interés de las últimas licitaciones de LRM del BCU han caído a niveles negativos en términos reales, en particular, las más cortas.
“El principal causante del carry trade es tener un objetivo de inflación demasiado alto. En la medida en que empecemos a converger a inflaciones más bajas, no deberíamos tener ese riesgo. Está claro que es un riesgo a manejar, pero no estamos pensando en ninguna medida restrictiva de los movimientos de capitales, de ningún tipo”, dijo Labat en un entrevista con La Diaria publicada esta semana.
En la Encuesta de Expectativas de agosto del BCU, los agentes esperan una inflación para los próximos 24 meses en 7,7%, todavía por encima del techo del rango actual (7%). En la medida que el mercado vaya incorporando y creyendo en las nuevas señales que tienen previsto dar las autoridades en el correr de este semestre, debería cumplirse ese primer paso que persiguen las autoridades de anclar las expectativas dentro del rango meta.
¿Será el dólar la variable (a corto plazo) a sacrificar?
No descubro nada si te recuerdo la importancia que tiene para Uruguay la cotización del dólar a la hora de fijar los precios. Alrededor de la mitad de nuestro consumo diario, de alguna manera, está dado por esa variable y cuyo valor no es tan sencillo de manejar para el BCU.
La ministra Azucena Arbeleche dijo en el Parlamento en julio que producto de la inconsistencia en el manejo de la política macroeconómica su gestión había heredado un atraso cambiario del orden del 25% a 30%, que se reflejaba en los problemas de competitividad de muchas empresas y la pérdida de casi 60 mil empleos en el último quinquenio. En lo que va del año, el dólar se fortaleció 15% frente al peso uruguayo, mientras que la inflación acumulada del período enero-julio fue de 7,3%. Esto fue una buena noticia para los sectores exportadores que vieron reducidos sus costos en dólares, aunque la pandemia golpeó al comercio mundial y las exportaciones uruguayas no fueron la excepción.
El pico del billete verde se dio en abril en plena incertidumbre global por el covid-19 con una cotización de casi $ 46, pero en las últimas semanas ha permanecido en una relativa calma en una franja de $ 42 a $ 43. De hecho, los analistas esperan que el dólar cierre el año en $ 44, esto es 50 centésimos por debajo de su previsión de julio y apenas $ 1 por encima de su cotización actual ($ 42,9).
El economista senior de CPA Ferrere Alfonso Capurro tiró el tema sobre la mesa en una charla organizada por la Unión Rural de Flores (URF) hace un par de semanas. El dólar puede ser la variable a sacrificar a corto plazo si el equipo económico está decidido a reducir en forma rápida los niveles de inflación. El analista presentó una simulación con un dólar planchado en $ 43,50 para 2021. Ello permitirá llevar la inflación al 6,8%, dentro del rango meta durante el segundo semestre del año próximo.
Capurro consideró que en el corto tiempo puede existir un riesgo de apreciación real del peso uruguayo (un dólar más débil) por un exceso de liquidez global y el giro antiinflacionario de la política monetaria local que impulsa el BCU.
Como en la economía la frazada para cumplir con diversos objetivos es corta, suelen generarse tensiones. Por ello el economista consideró que uno de los costos colaterales de converger a niveles (necesarios) de una inflación más baja sea con algo menos de rentabilidad de aquellos sectores transables como el turismo o los exportadores de bienes.
Los vecinos baratos que nos pegan en la interna y también afuera
Ese factor se ve agravado por la (difícil) coyuntura que están atravesando los vecinos. Tanto Argentina como Brasil han retrocedido varios casilleros en sus economías y sus monedas lo están reflejando en los últimos meses y han profundizado su desacople con Uruguay. Ello no solo retrae la posibilidad de gasto de los turistas de esos países en las playas uruguayas, sino que también se vuelve un dolor de cabeza extra para los exportadores que deben enfrentar la competencia argentina y brasileña en los mercados.
Con un real por encima de las 5 unidades por dólar, Brasil ha enviado volúmenes récord de carne vacuna a nuestro principal mercado (China) en lo que va de 2020 a precios que los frigoríficos uruguayos no pueden equiparar en la gran mayoría de los casos. Tampoco puede llamarte la atención la aparición de nuevas marcas de alimentos brasileños y argentinos en las góndolas de los supermercados. Los industriales uruguayos ya han advertido su preocupación por este tema.
Según CPA, el tipo de cambio real bilateral de Uruguay con Brasil cerró julio 43% por debajo del promedio 1980-2018 y 58% en el caso de Argentina tomando el dólar blue. Precisamente, aunque la vecina orilla compró tiempo al renegociar su deuda, la turbulencia cambiaria sigue siendo una amenaza a corto plazo para ese país.
Si solo nos guiáramos por lo que ocurre con los vecinos, tendríamos que devaluar más nuestra moneda y listo, pero las cosas no son tan lineales y sencillas porque ello tendría sus costos y uno sería postergar la meta de bajar la inflación a niveles razonables y por debajo del 5%. El gobierno fijó una vara alta y ambiciosa para vencer esa inercia que nos persigue con una suba persistente y sostenida de los precios. Si cumple, no solo ganarán aquellos que menos tienen, también lo harán los grandes sectores de la economía y la sociedad en su conjunto.
Soy Ándrés Oyhenard, editor de Economía y Empresas de El Observador. Hasta aquí esta nueva entrega de Rincón y Misiones, la newsletter exclusiva para suscriptores Member de El Observador para entender mejor la realidad económica y los temas que tocan nuestro bolsillo, y contar con mejor información para tomar decisiones.

