17 de mayo de 2013 23:13 hs

Pedro Casavalle peleó junto a José Artigas. Dos siglos más tarde, su apellido nombra al barrio más pobre de Montevideo, el que crece entre tiros y desesperanzas.
Entre 1996 y 2004, Montevideo perdió el 1% de sus habitantes. En ese período, la población de Casavalle creció 56% y se convirtió en una trinchera de inseguridad y pobreza que ningún gobierno ha podido rescatar.

Casavalle comprende los barrios Plácido Ellauri (fundado en 1908), Jardines del Borro y Bonomi y los conjuntos de viviendas económicas Barrio Instrucciones-Municipal, Unidad Casavalle Nº 1 y Nº 2 y Unidad Misiones (Los Palomares). Son unas 700 hectáreas que representan el núcleo más duro de pobreza e informalidad habitacional.

En el entorno de esos barrios crece la llamada Cuenca Casavalle, otras 700 hectáreas que comprenden al barrio Marconi y parte de Manga, Piedras Blancas, Las Acacias y Peñarol.

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Y, aunque todos comparten los mismos índices de pobreza, los vecinos del histórico Casavalle no quieren saber nada con la periferia de la cuenca, porque ahí se dispersa el dinero de las políticas sociales. El Estado invierte US$ 6 millones al año en la cuenca.

Un estudio del BID y de la Intendencia de Montevideo de 2012 determinó que Cuenca Casavalle, junto a Cuenca del Pantanoso y Punta Rieles, son las zonas de la capital que requieren de una atención prioritaria en sostenibilidad, medioambiente, desarrollo urbano y uso eficiente de los fondos públicos. Para los vecinos no fue ninguna novedad.

El 62% de ellos vive en la pobreza, mientras que este índice llega a 30% en el resto de los barrios montevideanos.

Núcleo ni-ni
En Casavalle fue donde se registró la mayor cantidad de homicidios durante los años 2002 y 2003. A comienzos de este año, una serie de ajustes de cuentas azotó el barrio. El enfrentamiento entre bandas de narcotraficantes tiene un telón de fondo igual de preocupante.

Una investigación de la socióloga Fabiana Espínola reveló que el 25% de los jóvenes de entre 15 y 24 años de Casavalle no estudia, ni trabaja, ni busca empleo. El promedio de jóvenes montevideanos ni-ni es de 10%.

Para colmo, quienes se proponen romper con la tendencia, habitualmente deben abandonar los salones de clase para refugiarse de los tiroteos.

La salud no está ajena a este fenómeno. La policlínica barrial recibe a diario numerosas madres con adicciones, y que amamantan a sus hijos bajo el efecto de las drogas, lo que genera graves problemas en la salud de los niños durante el desarrollo.

El centro de salud subvencionado por la Intendencia de Montevideo recibe unas 100 consultas por día y es habitual recibir casos de violencia doméstica, abuso sexual infantil, embarazo adolescente y niños con adicciones transmitidas durante la gestación.

Si bien se dictan talleres dirigidos a las madres para enseñarles cómo cuidar a los niños, es difícil para los educadores generar una conducta en jóvenes que muchas veces quedan embarazadas o tienen familia en la cárcel, no poseen una crianza dentro de un seno familiar estable y se sustentan por la venta de drogas.

Esto genera una cultura donde los niños crecen con madres jefas de hogar que dependen de la pensión que les da el BPS, o las subvenciones que entrega el Ministerio de Desarrollo Social en el marco de los planes de emergencia.

Si bien muchos niños asisten a centros CAIF, al terminar la etapa preescolar no entran a la escuela o tienen un elevado nivel de faltas. También les resulta difícil realizar las tareas domiciliarias, ya que carecen del apoyo familiar necesario.

Para mejorar la convivencia en el barrio, el gobierno y la intendencia tienen previsto construir una moderna plaza polifuncional que estaría habilitada en 2014 en el marco del plan Cuenca Casavalle, con el propósito de mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

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