29 de enero 2013 - 14:43hs

Es enero, es jueves y a las 11 de la mañana todavía no hay mucho movimiento en el hostel El Viajero, sobre la calle Soriano. En el patio, tres hombres consultan un mapa de Montevideo y una guía de viaje. Una mesa cercana está ocupada por un viajero veterano, que toma café mientras fuma y desliza el dedo por su tableta. Otras dos personas usan las computadoras del lugar. Francés, portugués y un español no uruguayo se mezclan en los oídos.

Este tipo de alojamiento –popularizado por el turismo mochilero– es relativamente nuevo en Uruguay y, según los empresarios del rubro, su aparición se debió en gran parte al efecto residual que tuvo la expansión de hostels en Buenos Aires. La crisis desatada en Argentina en 2001 y la devaluación de su moneda hizo del país un destino atractivo para el turista de fuera de la región, que vio con alegría cómo sus dólares o euros rendían en este lado del mundo.

Uruguay aprovechó el despegue de su vecino. En 2004 abrió uno de los pioneros en Montevideo, el Red Hostel. Su dueño, Jorge Varela, es un argentino que tenía la experiencia de haber dirigido una cadena de hostels en su país. “En Uruguay todavía estaba virgen el campo, no era una actividad que estuviera muy difundida y estaban dadas las condiciones como para abrir”, recordó Varela.

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7 mil: Cantidad de personas que pasan por año por el Red Hostel, ubicado en Montevideo sobre la calle San José.

El Viajero fue otro de los primeros. Los socios Ignacio Lussich y Federico Lavagna consideraron que la presencia de sOlo dos hostels en la capital era una oportunidad de negocio. “No había nada en la Ciudad Vieja, que es el punto turístico número uno de Uruguay”, dijo Lussich. Fue así que en 2005 instalaron su primer establecimiento a media cuadra de la Plaza Matriz.

Después de un arranque tímido, poner un hostel “se convirtió en una moda”. “Empezamos tres, después vinieron dos más. Y de ahí fue exponencial”, contó Lussich, quien ubica entre 2009 y 2010 el momento en el que se alcanzó una sobre-oferta.

El decreto que regula la actividad de los hostels –de noviembre de 2006- señala que, antes de iniciar actividades, tienen que inscribirse en el Registro de Operadores Turísticos del Ministerio de Turismo (MT). Hoy, esta cartera tiene registrados 43 establecimientos de este tipo (tres en Colonia, 15 en Maldonado, nueve en Montevideo y 16 en Rocha). Desde el sector, en cambio, estiman que en todo el país hay alrededor de 250 hostels.

“Inscriptos ante el MT hay una fracción de los que realmente están operando hoy”, señaló Varela.

Desde el MT se informó que se hace “una cantidad” de inspecciones a este tipo de establecimientos. Cuando se constata que uno no está registrado, se inicia el camino para que regularice su situación. La fuente ministerial indicó que en los últimos días se habían inspeccionado seis o siete hostels que no tenían la reglamentación requerida. La mayoría en Maldonado, nuevos y generalmente con muchachos jóvenes, como sus dueños.

El MT tiene seis inspectores que, con jurisdicción nacional, son los encargados de controlar a los operadores turísticos que tienen que inscribirse para poder funcionar: hoteles, campings, agencias de viaje, rentadoras de autos, inmobiliarias y también hostels.

Momento actual
Hoy, el escenario para los hostels no parece el más alentador. Como consecuencia de la crisis mundial, en los últimos años mermó la cantidad de visitantes jóvenes de Estados Unidos y Europa. Los que aún llegan se quedan por menos tiempo y son más cuidadosos con sus gastos.

Esta pérdida, de alguna manera, se había compensado con el aumento del público regional. Pero eso también cambió. “A partir de las trabas que hay en Argentina y el encarecimiento de Uruguay medido en dólares, hay una pérdida de competitividad enorme”, dijo Varela, quien apuntó que 2013 es un año bisagra para el sector. La apertura de nuevos hostels –ya no acompañada por un crecimiento del público– y la informalidad sólo empeoran este panorama.

20.641 turistas extranjeros menos ingresaron a Uruguay en los primeros 10 días de enero de 2013, respecto a igual período del año pasado (13,9%), de acuerdo a las estadísticas de la Dirección Nacional de Migraciones.

“Es muy difícil, si se duplica la cantidad de camas ofertadas, que la demanda acompañe, más en una coyuntura que es delicada”, agregó el dueño de Red Hostel. Para Varela, “con una cantidad de supuestos equivocados” se empezaron a montar hostels que hoy no pueden llenar sus plazas. Ahí es cuando empieza la competencia mediante las tarifas, que para el cliente puede ser positivo, “pero si se quiere tener una actividad sólida, que crezca en el tiempo, con un estándar de servicio, atenta contra eso”, apuntó el empresario argentino.

Lussich, de El Viajero, ejemplificó que mientras que en 2005 alcanzaba su punto de equilibrio con 12 pasajeros, hoy necesita más de 20. Ante la caída de turistas argentinos, los brasileños han sido la carta de salvación. “Brasil es el que ha sostenido, es el motivo por el que estamos hoy todos abiertos”, dijo Lussich, para quien este público representa el 40% de sus visitantes.

Para Lussich, los meses que se avecinan son preocupantes, dado que no se esperan mejoras en Europa, Estados Unidos o Argentina, y Brasil “no va a poder suplir toda la falta de los otros mercados”. “A futuro, no hay indicios de que vaya a haber una mejora”, auguró. El cóctel de explosión de oferta, baja de tarifas y caída de pasajeros llevará al cierre de algunos alojamientos, según él. “Hoy los que abren no hacen un estudio de mercado”, dijo.

Los “recién llegados”
A pesar de este escenario, hay quienes siguen apostando al sector. Es el caso de Federico Schol, quien el 1º de enero de este año abrió La Rubia, un hostel en el balneario rochense La Pedrera. Sin experiencia previa en el rubro, Schol consideró que había un nicho desatendido “de gente joven, no solo de Uruguay, sino regional y de otros lugares”.

La primera quincena de enero, La Rubia tuvo 95% de ocupación, y en la segunda 60%. El promedio de estadía de los pasajeros –que rondan en su mayoría los 25 años– es de cuatro días. Según Schol, casi todos quienes visitan su hostel hacen un recorrido que también incluye Punta del Este y Punta del Diablo. En La Rubia, una cama en una habitación compartida sale US$ 30 por noche.

Schol considera que la normativa departamental “no está acorde” al turismo que está llegando a Rocha, por ejemplo, en lo concerniente a ruidos molestos. “Viene gente de otros lados a gastar plata acá, y si no se le da lo que quiere va a aparecer otro que sí”, dijo.

La informalidad es otro aspecto sobre el que advirtió el dueño de La Rubia. “(La Pedrera) está repleto de informales. Es gente que evade impuestos y no se registra”, apuntó.

Otro jugador reciente es el Oriental Hostel, en Colonia del Sacramento. Uno de sus dueños, Pablo Ouviñas, abrió el lugar sobre fines de 2011 con otro socio. En 2012, el grueso de sus visitantes fueron argentinos. Hoy, por el problema que representa el tipo de cambio, “se está complicando el tema del ingreso” de estos turistas, dijo Ouviñas.

Oriental Hostel tiene 18 camas, con un precio de alrededor de US$ 22 la noche. Su propietario destacó que, pese al encarecimiento generalizado, han decidido no cambiar los precios. Colonia no ha sido ajena a la disminución de turistas extranjeros. “Vienen, pero de los países más acomodados, que han sufrido menos la crisis, como Reino Unido, Australia y Holanda”, explicó Ouviñas.

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