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Un ángel, un demonio y el fin del mundo muy cerca

Ambos protagonizan Good Omens, esta comedia de solo seis episodios, tan entrañable como irreverente

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03 de agosto de 2019 a las 05:03

El fin está cerca. Falta una semana para el Apocalipsis. Las huestes del Cielo y el Infierno se preparan para el enfrentamiento final. El Anticristo prepara su ascenso al poder, mientras los cuatro jinetes anunciados en la Biblia –Hambre, Pestilencia, Guerra y Muerte– se dirigen hacia él para asistirlo. La misión de evitar el fin del mundo está en manos de un ángel y un demonio, las dos mitades de una amistad improbable con un amor por el mundo terrenal y sus productos que los lleva a enfrentarse a todo para que la catástrofe no se produzca.

Esa es la premisa de la serie británica de Amazon, Good Omens (que se traduce como Buenos presagios), pero esta no es una historia épica. O sí, pero es también una peculiar comedia comandada por la relación entre sus dos protagonistas, que están a medio camino entre el amor platónico y la colaboración entre colegas.

El ángel en cuestión es Aziraphale (Michael Sheen), el querubín encargado de custodiar la puerta oriental del jardín del Edén, y dueño de la espada de fuego que se menciona en el líbro del Génesis. Solo que Aziraphale se la regala a Adán para que él y Eva se protejan de los peligros del mundo luego de que sean expulsados del jardín en cuestión. Su primer acto “de desvío”, y el primer gesto de apego a los humanos y al mundo terrenal, que luego, cuando descubre la gastronomía de alto nivel y la literatura, se agrava.

A su lado está Crowley (David Tennant), el demonio que transformado en serpiente incitó a Eva a probar la fruta prohibida y que en el presente termina como una especie de Mick Jagger, fanático de la música de Queen, dueño de un Bentley y cubriendo con pequeños actos de maldad las exigencias de sus superiores.

Porque en esta historia tanto los ángeles como los demonios son cuerpos burocráticos, con jerarquías y reglamentos, para quienes los humanos son prácticamente molestias, clientes de un call center universal que no importan demasiado. Y todos, supuestamente, cumpliendo con el Gran Plan divino.

Entre esas generosas dosis de humor y fantasía navegan Aziraphale y Crowley con su alianza, auxiliados por un puñado de delirantes aliados: desde un novato cazador de brujas y una vidente hasta la descendiente de una hechicera del siglo XVII autora de las únicas profecías correctas de la historia de la humanidad.

Se nota que Sheen y Tennant la pasaron muy bien encarnado a estos personajes, a los que les aportan carisma y alma. Cada momento de interacción entre ellos en pantalla se disfruta y hace tolerables los momentos más flojos o lentos de los seis episodios de casi una hora que componen esta serie. A eso se suman las apariciones de figuras como Jon Hamm (Don Draper en Mad men) como el arcángel Gabriel, Benedict Cumberbatch como el Diablo, y de Frances McDormand como la voz de Dios, narradora de la historia.

Una carta y una petición

Good Omens se basa en una novela escrita en conjunto por dos referentes de la literatura fantástica y de ciencia ficción británicos: uno es Terry Pratchett, autor de la saga Mundodisco, y el otro es Neil Gaiman, que, ante la mayor popularidad de los géneros que antes eran considerados como nerds o de culto, ha visto en los últimos años como varias de sus obras reciben adaptaciones, ya sea como películas (Coraline, How to talk to girls in parties) o como series (American Gods, también de Amazon, y Sandman, anunciada por Netflix).

La intención de adaptarla viene rondando desde hace casi una década, primero como película, luego como serie. Llegaron a anunciarse algunas versiones que luego no se produjeron. Cuando Pratchett murió, en 2015, el deseo de los seguidores de la novela de verla en pantalla parecía extinguido, porque Gaiman dejó en claro que la adaptación solo ocurriría si los dos estaban involucrados.

Hasta que le llegó una carta. Redactada por Pratchett y guardada para ser enviada de forma póstuma, le daba a su colega la bendición para encarar en solitario la conversión del libro al formato audiovisual.

Otra carta, en este caso virtual, también se cruzó en la existencia de esta serie, luego de que fuera estrenada. Lo hace con mucho humor y buenas intenciones, pero la historia no se toma para nada en serio las cuestiones religiosas y espirituales en las que se basa. Eso enfureció a una iglesia estadounidense (¡imagínese, cómo va a ser Dios una mujer!), que reunió 20 mil firmas y reclamó la cancelación de la serie…a Netflix.

Sin contar que al ser una miniserie no es necesario cancelarla (porque ya terminó), la petición fue tomada con gracia por Amazon, y los community managers de las dos plataformas de streaming intercambiaron algunos chistes en las redes sociales.

Con la química de sus protagonistas como arma principal, y una extensión reducida que hace más amigable su visualización en el medio del torrente continuo de estrenos, Good Omens es un aporte divertido al saturado panorama actual, una entrañable comedia ideal para los que gustan de la fantasía.

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