22 de mayo 2021 - 5:02hs

Esta semana llegamos a un récord triste: más de 4500 uruguayos se contagiaron de Covid-19 en un solo día, la cifra más alta desde el comienzo de esta urgencia pandémica. Sus consecuencias se traducen en muertes, enfermedades y también en una crisis económica que ya desplegó todos sus tentáculos. En este contexto de malas noticias, otra cifra resulta agridulce: casi un cuarto de millón de uruguayos, 225.000 para ser más precisos, se anotaron para intentar conseguir un trabajo del plan conocido como Jornales Solidarios. Sólo 15.000 obtendrán 12 jornales por mes a cambio de un sueldo de 12.500 nominales.

En medio de quienes buscan y necesitan trabajo, al punto que están dispuestos a aceptar salarios bajos, está el gobierno y la oposición, que siguen acudiendo a chicanas para mostrar sus posiciones diferentes con respecto al rol que debe jugar el Estado en situaciones de emergencia como la que vivimos.

El Frente Amplio pide más Estado, o más bien más dinero del Estado (para ser más exactos, más dinero que el Estado debe pedir prestado) para apoyar económicamente con planes y subsidios a quienes más se han visto perjudicados por esta crisis. El gobierno intenta hacer malabares para que todas las pelotas se mantengan en el aire, siendo las pelotas los contagiados y muertos, los desempleados y la pobreza y vulnerabilidad de cada vez más uruguayos.

En esto de activar un muy limitado programa en el que se ofrece trabajo a 15.000 uruguayos, hay un encuentro algo inesperado y poco reconocido entre oposición y gobierno. La administración del presidente Luis Lacalle Pou creó este programa como una movida de emergencia que en principio durará 6 meses. Tal vez nunca pensaron que en el primer día de inscripciones se anotarían 150.000 personas. 

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Quienes aspiren a uno de estos jornales solidarios tendrán que tener suerte, porque se harán sorteos por departamento (cada uno de los cuales tiene un porcentaje del total asignado). El hecho de que 225.000 personas estén en la cola (cifras del jueves 20), demuestra que todas quieren trabajar y todas, al menos en la teoría, están ahora sin trabajo y no reciben seguro de desempleo. Es decir, están totalmente a la intemperie.  

La ley que confirmó esta iniciativa establece que las personas que pueden aspirar a uno de estos puestos debe tener entre 18 y 65 años y no tiene que recibir “ninguna prestación de naturaleza salarial, ni pública ni privada, ni subsidio por desempleo, por enfermedad, jubilación, pensión u otra retribución de carácter personal”. Tal vez cuando se procesen los datos de los inscriptos se descubra que no todos cumplen con estas condiciones, pero mientras tanto la conclusión rompe los ojos: un cuarto de millón de personas busca trabajo porque no tienen ningún ingreso formal. 

En un país en el que repetimos frecuentemente eso de “al uruguayo no le gusta trabajar”, la movida no es cosa chica. Ese concepto de vagos nos viene de allá atrás en la historia, cuando en la escuela aprendíamos que los gauchos eran unos sinvergüenzas que vivían de lo que encontraban en la vuelta, sin mucha necesidad ni deseo de trabajar. José Pedro Barrán profundizó en ese concepto en su Historia de la sensibilidad uruguaya, mostrando al gaucho como una de las representaciones típicas de la cultura bárbara del campo uruguayo durante la primera mitad del siglo XIX. “Vagaba por la campaña sin la obligación de un trabajo asalariado, sobreviviendo del abundante ganado sin propiedad”, escribió.

No somos ni tan vagos ni tan cracks. No tener trabajo y querer trabajar es una de las peores situaciones a la que se enfrenta la psiquis de un ser humano. Resiente la estima personal, mina la confianza y siempre conduce a sentimientos negativos. La inversión del Fondo Coronavirus que destinó el gobierno para generar trabajo es siempre una muy buena idea, aunque por ahora resulte insuficiente. 

En 2019 se perdieron 60 mil empleos en promedio, comparado con el mejor momento de ocupación cinco años atrás, tal como explica Andrés Oyhenard en su newsletter Rincón & Misiones. El nuevo gobierno desembarcó con esta realidad sobre la mesa, que luego se hizo más compleja por la emergencia sanitaria. En 2020 se perdieron otros 59 mil empleos en promedio respecto a 2019. Los 225.000 anotados para un jornal solidario tienen sentido.

El Frente Amplio reclama que el Estado genere puestos de trabajo, sobre todo a través de obra pública. Eso quedó claro luego de la reunión que mantuvieron los intendentes Carolina Cosse (Montevideo), Yamandú Orsi (Canelones) y Andrés Lima (Salto) con el presidente. Ese día los intendentes del FA hablaron de trabajo y de asistencia social. Jornales solidarios en una ínfima parte de lo que pide la oposición, pero es un plan piloto que, de funcionar como se prevé, puede servir para plantear otros que sumen a más personas que buscan trabajo. 

“Hoy ponemos en marcha este Plan solidario para que 15.000 uruguayos sin empleo puedan tener un salario temporal en estos momentos complicados. Un acuerdo sin precedentes entre el Gobierno Nacional y el Congreso de Intendentes, trabajando juntos para dar respuestas”, escribió en Twitter el secretario de Presidencia, Álvaro Delgado. Este tipo de acuerdo, aún cuando claramente es insuficiente, parece ser uno de los caminos para avanzar políticamente en un tema que enfrenta a oposición y gobierno. La cuestión será hasta qué punto cederá cada parte. 

El FA pide más Estado para soportar el peso de la crisis que ya afecta a miles y miles de uruguayos. El más Estado es todo lo que este gobierno prometió no hacer, y más Estado es indefectiblemente más deuda y más déficit fiscal, ese señor que nunca se logra controlar y que terminó el gobierno de Vázquez muy por encima de lo aconsejable, con nuevo impulso derivado de este año y pico de pandemia. 

Este plan es una oportunidad de encuentro entre gobierno y oposición que, como demostró la interpelación de la ministra de Economía de esta semana, siguen jugando a la sordera. Lima señaló que el programa tiene "varias ventajas" y cree que, "más allá de las discusiones ideológicas, ahora lo importante es generar trabajo". El gobierno, en tanto, apuesta a paliar la emergencia social con “asistencialismo de corto plazo”, según dijo Isaac Alfie en entrevista con Voces, al mismo tiempo que apunta a políticas más sustentables como la creación de nuevos puestos de trabajo.

El director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto también habló de ideología, cuando dijo que contrario a las críticas que recibió el equipo económico desde fuera y dentro de la coalición, “se tomaron medidas totalmente heterodoxas”. Jornales Solidarios es una de ellas, precisó. “Si alguien habla de ortodoxia en esto, está totalmente equivocado. (...) No lo llamaría Keynes. Lo llamo cierto realismo. En el fondo, en vez de asistirlos por lo menos hay una contraprestación y la gente se siente útil”. 

Es casi seguro que al cuarto de millón de personas que se anotaron con la esperanza de conseguir trabajo, le importan muy poco las ideologías; están preocupados por algo bastante más urgente, que es llevar comida a sus casas, vestir a sus hijos y pagar un lugar donde vivir, incluso en condiciones de absoluta marginalidad. Aunque acotado e insuficiente, Jornales es un punto de encuentro que ni el gobierno ni la oposición deben desaprovechar para llegar a más y mejores acuerdos, que generen trabajo y un poco más de bienestar.

 

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