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Un final abierto y no apto para cardíacos en crisis griega

Europa navega aguas desconocidas en su empeño por mantener el país en el euro

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09 de julio de 2015 a las 05:00

*Ricardo Galarza-Especial El Observador
La crisis de Grecia, que se ha convertido en la saga económica, política y social más volátil e impredecible de la Europa de posguerra, todos los días cobra un giro inesperado en su larga trama de cinco años expulsada de los mercados financieros y en la cornisa de la zona euro.
Sin embargo, los últimos acontecimientos –en particular, el inesperado referéndum griego celebrado el pasado domingo– parecen indicar que, para bien o para mal, la saga estaría llegando a su fin.

Sus socios europeos se han dado hasta el domingo para tomar una decisión final sobre el futuro heleno en la Unión. Y han mandado al gobierno de Atenas a hacer los deberes sobre un plan detallado que permita salvar a Grecia del default y haga viable su pertenencia a la moneda única. Algo sobre lo que el gobierno de Alexis Tsipras trabaja a contrarreloj por estas horas.

Por lo pronto, ayer entregó la primera parte de ese plan como lo pedía Bruselas, con los puntos centrales de la propuesta, en una carta enviada por su nuevo ministro de Economía. De modo que ya se sabe lo que pide Atenas: un tercer rescate de € 50 mil millones por tres años. A cambio, ofrece llevar adelante una reforma inmediata a su sistema de pensiones –punto sobre el que Bruselas había insistido en los cinco meses de negociaciones previos al referéndum del domingo–, además de una reforma tributaria. Y en lo que podría entenderse como una tercera concesión de Atenas, pareciera finalmente avenirse a posponer unos meses la reestructuración de su deuda, aunque eso tampoco se desprende claramente de la redacción de la carta.

Como sea, todavía le queda presentar en detalle las medidas que propone (vale decir, los "cómos" de cada una de ellas) y luego esperar al domingo el veredicto final en la cumbre europea. Mientras tanto, el Banco Central Europeo (BCE) dejará la canilla abierta sobre el capital de emergencia que mantiene con vida a los bancos griegos; pero solo hasta ese día. De no llegar a un acuerdo, al día siguiente Grecia debería enfrentar todos sus pagos y vencimientos con la banca seca.

Final no apto para cardíacos, en una crisis que durante el último lustro ha tenido altísimas dosis de dramatismo, pero que aceleró su desenlace las últimas semanas cuando el gobierno de Tsipras se levantó de la mesa de negociaciones con sus socios europeos e inesperadamente convocó al referéndum –corralito mediante– que puso a todo el mundo a temblar sobre la posible salida de Grecia del euro, y que terminó siendo un extraño intento de fortalecer su posición en las negociaciones.

Es posible que lo haya logrado; eso solo lo sabremos el domingo. Y es de esperar que en estos días, sobre todo el sábado, cuando los ministros de Economía europeos analicen en pleno la propuesta de Tsipras, exijan cambios e impongan condiciones de última hora. Intensas negociaciones habrán de tener lugar, entonces, a tres bandas (entre Atenas, Bruselas y Berlín) en las horas previas a la cumbre.

Hacer una prospectiva de todo eso, o aventurar qué podría pasar en esa cumbre, es tarea peregrina, a tenor de cómo se han venido dando los acontecimientos hasta ahora y, sobre todo, teniendo en cuenta lo desconocido de las aguas que navega la economía europea desde el viernes anterior al referéndum griego, cuando Tsipras pateó el tablero.
Una primera corazonada, sin embargo, estaría del lado de que Grecia obtendría su tercer rescate pero con condiciones de austeridad aun más duras de las que se le han impuesto hasta ahora.

Algunos datos concretos podrían arrojar ciertas pistas: el total de la deuda griega asciende hoy a € 320 mil millones; lo que obedece, en forma resumida, a una combinación de una pésima administración durante 15 largos años, malos manejos, falsificación de las cuentas del Estado –con la anuencia de Goldman Sachs– para seguir emitiendo deuda durante años, unas Olimpíadas en 2004 que costaron € 11 mil millones a un país endeudado, un Estado sobredimensionado, con un gasto público exorbitante, una evasión fiscal legendaria; y como corolario, un estricto plan de austeridad, tras los rescates europeos de 2010 y 2011, que en lugar de sanear la economía griega, la ha puesto al borde del colapso.

Todo esto, probablemente, no hubiera estallado de no ser por la crisis financiera internacional de 2008, cuando Grecia entró en esta espiral de asfixia económico-financiera con la que ha perdido el 30% de su Producto Interno Bruto (PIB). El plan de austeridad de Bruselas ha tenido, sin duda, efectos devastadores tanto en la economía como en la sociedad helena, que hoy acusa un desempleo del 26%, la depreciación de sus salarios y duros recortes a su salud pública. Ahora no le deben a los bancos alemanes a los que le pidieron el dinero, sino a la Troika conformada por el BCE, la Comisión Europea y el FMI. Pero si con ello pudieron saltarse los vencimientos bancarios, las condiciones del rescate fueron harto severas y poco realistas para un país como Grecia, con una larga cultura estatista y un Estado obeso, que emplea al 20% de la fuerza laboral y tiene un promedio de jubilación de 54 años de edad.
Precisamente uno de los puntos más polémicos entre Atenas y Bruselas todos estos años, desde el primer rescate, ha sido el sistema de pensiones. Tener un promedio de edad de jubilación de 54 años (contra 63 del resto de los países de la OCDE) ha hecho que Grecia acarree todo este tiempo con un oneroso número de pasivos que ha puesto al sistema al borde del colapso. De ahí que el primer punto en las concesiones que hace Tsipras ahora, a fin de obtener el tercer rescate, sea reformar el sistema de pensiones el lunes mismo. Habrá que ver, entre hoy, mañana y el sábado, cómo propone hacerlo. Pero a simple vista, no parece asunto sencillo.

La evasión fiscal, un mal endémico en Grecia, es otra perla de ese largo collar que hoy pesa sobre la deuda griega. Por eso esta última propuesta de Atenas incluye una reforma tributaria, o así debería entenderse, aunque la carta solo habla de "medidas relacionadas" con una reforma en tal sentido; y lo único concreto que se menciona es un aumento del IVA. Pero otra vez, habrá que esperar a ver cómo se detallan cada uno de esos puntos de la propuesta y si finalmente son aceptados. La canciller alemana, Angela Merkel (quien da el tono para el son que baila el resto de Europa), no parece ceder en su propósito de austeridad para Grecia y ha dicho que espera "medidas severas" en los detalles de la propuesta griega. Así, pues, final abierto, y sobre todo acuciante, para una de las crisis más dramáticas que le haya tocado vivir al mundo desarrollado en los últimos 50 años.
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