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Un matrimonio musical entre dos hombres uruguayos que cumplió 40 años

La evolución de Larbanois & Carrero en su camino en conjunto

Mario Carrero y Eduardo Larbanois son los integrantes del dúo de música popular uruguayo

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20 de diciembre de 2017 a las 05:00

Sentados en el escalón de entrada de un ómnibus que llevaba a un grupo de músicos desde el Festival Nacional de Folclore de Paysandú hacia Montevideo, Eduardo Larbanois y Mario Carrero conversaban. Era diciembre de 1973 y nunca se habían visto las caras antes. Estaban ahí para no molestar al resto de los pasajeros, porque durante todo el trayecto iban a seguir haciendo lo mismo. Hablando. Se conocieron en el Festival, donde Carrero fue como representante de la capital, y Larbanois de Tacuarembó.

El vehículo recorrió la ruta 3 y los dos artistas se fueron haciendo amigos en el trayecto. Eran solistas, pero después de ese viaje empezaron a juntarse. A ensayar y a acompañarse mutuamente en las presentaciones. Y terminaron como un dúo. Aunque en realidad también son una unidad. Un matrimonio, dicen ellos mismos, que desde hace 40 años comparten su camino musical.

Y el nombre es casi el de un matrimonio, ese "Larbanois-Carrero" que parece la placa que identifica a los residentes de un apartamento. Una marca registrada que surgió de forma casual, recuerda ahora Larbanois. "Tocamos por primera vez en 1978, en el San Juan Bautista, para beneficiar a la cátedra de suelos de la Facultad de Agronomía. Ahí nos pusieron como Larbanois-Carrero y lo asumimos. Era distinto a los de los dúos folclóricos en ese momento, como Los Olimareños o Los Zucará", añade.

Con ese nombramiento casual iniciaron cuatro décadas de trayectoria que ahora se condensaron en un disco, que días atrás se puso a la venta en disquerías.

La dupla siente que el álbum no solo es un repaso a lo que atravesaron ellos, sino también un vistazo a los últimos 40 años de historia del país y los cambios que ha vivido. En lo político, en lo tecnológico y en lo cultural.

El inicio de ese recorrido fue en la dictadura, por lo que las cosas no fueron fáciles para ambos. El hecho de que aún no fueran tan célebres no los empujó al exilio, como sí le ocurrió a otros artistas, pero no por ello eran personas ignoradas por el gobierno militar. "El departamento de inteligencia nos decía que no nos querían convertir en mártires, pero que tuviéramos cuidado que los accidentes pasaban en todas partes. Era una amenaza velada constante. Y nos dijeron que asumiéramos que estábamos prohibidos. Pero no le dábamos pelota porque si no, le hacíamos el juego a ellos. Fue difícil, aunque nos permitió consolidar un apoyo de la gente que siguió siempre, y que nos permitió mantenernos en un país pequeño donde no hay políticas culturales", resaltó Larbanois.

Cambian las canciones

En 1985, la dictadura terminó y el grupo debió adaptarse a los cambios que experimentó la sociedad. Las canciones ya no tenían que ser sobre la libertad o sobre la rebelión. Tampoco tenían que sonar igual.

Afortunadamente para la pareja, tuvieron ayuda. Uno de los que apareció en su camino fue Derby Vilas, del teatro El Galpón. Carrero explicó: "Era como un representante, aunque no lo era, y nos enseñó muchísimo sobre el escenario, la globalidad de un espectáculo, sobre la ética, el compromiso, la estética, la puesta en escena. Allá por el '80, en un momento de fervor del canto popular, con canciones de mucho empuje, del vamo' arriba, con acompañamiento de candombe, murga, con fuerza, nos dijo que teníamos que prepararnos para el fin de la dictadura, y en ese momento cambiar el lenguaje, las consignas, y el hecho de que la canción va a volver a ser solamente una canción".

La adaptación funcionó, y el dúo siguió colocando hits en la memoria colectiva uruguaya, trascendiendo incluso a las generaciones. Para ellos, uno de los mejores elogios que pueden recibir es que digan que "son rock", y que haya chistes como el del humorista argentino Peter Capusotto, que señala que su canción Ocho letras se parece al hit metalero de Iron Maiden, Hallowed be thy name.

"Es divino, es como que nos digan son nuestros a pesar de ser de otra generación. Cuando abordamos una canción no pensamos que va a salir, si el ritmo que le queda mejor es el rock o el rap no hay problema", dijo Larbanois.

Y Carrero complementó: "Lo que me parece que me es más significativo de ser rock no va por la música, sino por la postura, por la propuesta. El rock como actitud contestataria, reflexiva, de generar cosas en quien te escucha. Me satisface más eso".

El problema de hoy

La división de roles en Larbanois & Carrero es clara. El primero se encarga de los arreglos y la producción, mientras que el otro encara la composición. El complemento funciona y las canciones siguen surgiendo, pero no ven que en la música actual las cosas funcionen tan bien. Para Larbanois, "la canción se ha vuelto concreta, falta de imaginación y de estimulos creativos. La técnica ha mejorado, pero las letras son banales, y de pronto son artistas sensibles, comprometidos con realidades que los conmueven, pero lo escriben en internet, no en una canción".

Carrero cree que esta carencia se debe a los cambios tecnológicos, y no a una cuestión de que una generación es mejor que otra. En su infancia, el ejemplo de pirata lo aportaba el escritor Emilio Salgari y la imaginación completaba el resto. El pirata actual es el Johnny Depp de Piratas del Caribe, que genera un impacto visual y no deja lugar a pensar en otro. "Y la canción pierde la narrativa, la imaginativa", razonó. "Como es todo tan cortoplacista no salen canciones sobre el tiempo que vivimos. Y nuestro tema, Santamarta, tiene 16 años y sigue siendo relevante, porque las cosas de las que habla siguen pasando", remató Carrero.

Aventuras soviéticas

En 1985, Mario Carrero y Eduardo Larbanois participaron como invitados uruguayos del Festival Internacional de la Juventud, realizado en Moscú, en la por entonces Unión Soviética.

Carrero recuerda el viaje, que compartieron con la delegación argentina y la brasileña. En el mismo vuelo los acompañaban artistas como León Gieco, y llegados a la URSS descubrieron que se hospedaban junto a los cubanos Pablo Milanés e Irakere. "Tuvimos una ceremonia en el estadio donde habían hecho los Juegos Olímpicos de 1980. Fue una maravilla. Y nosotros estábamos viendo eso en la tribuna, a 30 metros de Gorbachov", dijo Carrero.

Larbanois rememoró su interacción con músicos africanos: "Antes de desfilar estábamos al lado de la delegación de Mali. Y estaban templando los tambores igual que acá. Por señas les pedí un tambor y me puse a tocar y después se sumaron ellos. Y armamos tremendo ruido sin intercambiar una palabra".
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