12 de abril de 2013 19:51 hs

Equipados con maquinaria y personas capaces de fabricar cualquier objeto que se les ocurra, los Fab Lab (Fabrication Laboratory) han conseguido extender su propuesta por todo el mundo.

La iniciativa de traer a Uruguay este centro de fabricación digital y prototipado 3D que nació en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), partió de la Cámara de Diseño de Uruguay y nació como una inquietud de la “relativamente joven” área del diseño local, de buscar nuevos medios de producción y para potenciar la innovación, explicó a El Observador el director de Fab Lab Barcelona y coordinador de la red de Latinoamérica, Tomás Diez.

El espacio permitirá una articulación entre diseñadores y pequeñas y medianas empresas del diseño con la industria productiva. Allí, diseñadores y arquitectos tendrán acceso a nuevos métodos de producción con máquinas controladas por computadoras como cortadoras láser o impresoras 3D, que les permitirán incluso producir sus propios circuitos electrónicos.

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“Esto se está viendo como una nueva oportunidad para poder empezar a generar innovación made in Uruguay, que sirva para estimular el aparato productivo”, indicó Diez.

Atacar problemas del sector

Según aclaró el secretario de la Cámara de Diseño, Diego Fraga, lo que se está buscando con la propuesta es potenciar el diseño y las capacidades de innovación de la industria, pero además generar un espacio donde se pueda colaborar con la generación de valor. “Hoy los diseñadores que desarrollamos un producto y necesitamos por ejemplo un trabajo electrónico, no tenemos muy claro donde buscar quienes puedan colaborar en ello”, aclaró.

Agregó que la iniciativa puede tener mucha relevancia para la industria del diseño, que “permanentemente” tiene que mandar a hacer los prototipos en el exterior, porque en Uruguay no hay un lugar donde desarrollarlos. “Se trata de una necesidad concreta, pero también creemos que el Fab Lab es más que una máquina que hace prototipos para los clientes; estamos pensando en un espacio para generar innovación y conocimiento”, aclaró.

En ese sentido, la gerenta de la Cámara de Diseño, Matilde González, indicó que en un proceso de más largo aliento, también se espera tener repercusiones de la matriz productiva: en la estructura y los medios de producción.

Diez agregó que el Fab Lab puede tener repercusiones en la actividad educativa, en cómo y qué se enseña, además de consecuencias sociales, ya que podrá atacar problemáticas locales con una visión un poco más actualizada del uso de la tecnología. (Ver recuadro)

Uno de los objetivos que se han planteado los Fab Lab es el intercambio global de conocimiento. El ejemplo más exitoso es el de Fab Academy, que según explicó Diez, se trata de un curso de especialización de todos los procesos de fabricación digital. “Esto nos permitió fundar esta especie de universidad cuyo campus es el planeta”, indicó.

Los cursos del Fab Academy se imparten donde haya un Fab Lab y conexión a internet y permiten compartir colaborativamente los conocimientos, contenidos e investigaciones que los estudiantes del curso van publicando online y que a su vez se convierten en un recurso para los estudiantes de otras sedes.

Voluntad y optimismo

La Cámara de Diseño estableció como plan prioritario la instalación del Fab Lab y contrataron a Diez –que estuvo de visita por Uruguay la primera semana de abril– para realizar una consultoría y desarrollar un estudio preliminar que será presentado a la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) para obtener financiamiento.

Fraga agregó que realizaron contactos con diversos actores a nivel del Estado. La Cámara cuenta con el apoyo de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) mediante su programa de Competitividad de Conglomerados y Cadenas productivas, que evaluaron como relevante el proyecto. “Hay una serie de actores públicos que vieron con buenos ojos esta iniciativa. Empezamos a tener entrevistas en la búsqueda de apoyo financiero y para encontrar locación”, indicó Fraga.

La Cámara espera concretar el proyecto lo antes posible, y uno de sus directivos, Álvaro Heinzen, consideró que es muy alta la posibilidad de que se instale el Fab Lab en Uruguay, porque corre por las mismas líneas estratégicas que tiene el país. “Es un proyecto muy barato para los resultados que puede lograr”, indicó. A esto Diez agregó que hay voluntad en Uruguay y que la capacidad de innovación “brutal” del país lo hace ver el proyecto con optimismo.

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