Al menos 33 casas de las 48 del realojo del asentamiento Candelaria, del borde del complejo Euskalerría a inmediaciones de la calle Emilio Boix y Merino, presentan “vicios de construcción” al año de ser inauguradas.
El principal problema es que se llueven; alguna hasta se inunda. Muchas fachadas ya presentan rajaduras. “La empresa emparcha”, dijo a El Observador el concejal del Municipio E, Nicolás Martinelli (Aire Fresco, Partido Nacional). Y agregó: “La Intendencia de Montevideo (IMM) debe ejecutar la garantía”. La semana pasada, por ejemplo, concurrió un obrero de la empresa constructora para colocar silicona en las aberturas.
Noemí Alonso, directora de la División Tierras y Hábitat de la IMM, reconoció a El Observador que “falló la capa impermeable”.
El problema se concentra en la medianera del fondo. El dormitorio de los hijos de Alejandra, habitante de la segunda manzana sobre la Calle 6, “chorrea agua”; también hay goteras en el cuarto del piso de abajo. El ropero tapa parte de la mancha de humedad.
Sandra, su vecina, tiene el mismo problema en los mismos ambientes. “Nos sacaron de una casa en el arroyo pero no se llovía”, ironizó.
Las viviendas no recibieron doble revestimiento en el exterior; mientras que la pintura interior a base de valet ha dificultado la aplicación de otros productos. “La empresa ya empezó los arreglos. Nos jugamos enteros a poner una muy buena pintura y que esté muy bien puesta”, apuntó Alonso. La jerarca municipal indicó que todavía no se tiene la seguridad de si la comuna debe pagar parte de los arreglos.
Este realojo le significó a la IMM una inversión aproximada de US$ 3,8 millones. En promedio, cada vivienda costó US$ 80 mil entre su construcción e infraestructura.
Algunas familias de la segunda manzana han solicitado permisos para realizar una ampliación en su fondo e, incluso, para colocar un carro de venta de alimentos. Pero les fueron negados a aquellos que quieren construir cocina y baño. Alonso señaló que solo se permite la edificación de dormitorios según las necesidades de cada familia.
Nosotros y ellos
Los vicios de construcción no son el único problema en el nuevo barrio. El más grave es el trato entre vecinos. “Hay problemas serios de convivencia”, lamentó Alonso. Las 48 familias fueron realojadas enfrente al ya regularizado asentamiento Boix y Merino, debido a que esos terrenos, propiedad del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), eran los disponibles en la zona. “Desgraciadamente, no fue demasiado feliz poner un asentamiento delante del otro. Se va aprendiendo con esas cosas”, relató la directora.
En cambio, la inserción de 14 familias de Candelaria en cercanías de la calle Alejandro Gallinal fue más fácil. El barrio no era considerado “zona roja” y las familias elegidas tenían trabajos formales y cierto nivel de escolarización; o en palabras de Alonso, eran “más integrables”.
Una vecina de la primera manzana dijo a El Observador que el barrio nuevo “es tierra de nadie” y que “gente de la vuelta” apedrea las casas y rompen los vidrios. La casa de la esquina de la segunda manzana es ocupada por aquellos a los que le gusta “hacer estragos”. Según relató, la familia que vivía allí se mudó y, desde entonces, esa muchachada rompe consuetudinariamente las ventanas tapiadas y, una vez adentro, prenden fuego y esconden objetos robados. Alonso reconoció que “esa casa es un problema” y que está en marcha el proceso de selección de una nueva familia adjudicataria. También comentó que la familia anteriormente elegida no pertenecía al asentamiento Candelaria y, por lo tanto, “se le hizo la vida imposible”. Y añadió: “No queremos que se eche a la gente a los golpes para tratar de ocupar la vivienda”.
La IMM prevé un trabajo conjunto con el Ministerio del Interior y el INAU para mejorar la seguridad y para ofrecerle distintas actividades alos jóvenes.
La Facultad de Ciencias, a su vez, planea construir una plaza en un terreno posterior que permanece baldío. Ese espacio necesita de una calle que comunique con calle Mataojo. Hoy hay algo más parecido a un cráter que a un camino y los vecinos dicen que los niños andan con “bolsas en los pies” para cruzar por ahí para ir a la escuela. No obstante, no hay presupuesto para construirla en este período.