1 de abril 2020 - 5:00hs

En los últimos 18 años es la segunda vez que un presidente de Uruguay está obligado por las circunstancias a timonear un barco durante una tormenta perfecta. Y por fortuna para el país, otra vez se demuestre pericia política para navegar en un momento extremadamente adverso.

Aunque de orígenes diferentes, son comparables los retos que enfrentó el expresidente Jorge Batlle durante la crisis económico-financiera de 2002, con la que hoy debe lidiar Luis Lacalle Pou por la pandemia del covid-19.

Como Batlle en su tiempo, el presidente Lacalle Pou hoy está dejando bien en alto la cualidad de excepcional que se le reconoce al país en el extranjero.

La dirección del barco al mando de Lacalle Pou ha tenido una buena acogida en la sociedad. Tanto las decisiones para manejar la tensión que existe entre la medida sanitaria del distanciamiento social y el freno abrupto que golpea a la economía, como el criterio orientador del financiamiento del Fondo Coronavirus.  

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La Academia Nacional de Medicina, una institución honoraria de exclusivo carácter científico, que congrega a los profesionales más representativos de las ciencias médicas y asesora en todo lo referente a la medicina, emitió un comunicado el domingo 29 en apoyo a la estrategia del gobierno frente a la pandemia.

El texto considera “apropiadas las medidas graduales” porque son “adecuadas” a la actual etapa evolutiva de la epidemia en Uruguay. Advierte que “medidas más drásticas” en este momento podrían tener “efectos adversos” que se extenderían más allá de la salud.

La opinión de la voz académica más autorizada en medicina se contrapone a la recomendación del Sindicato Médico del Uruguay (SMU) de decretar ya la cuarentena obligatoria. Una propuesta apoyada explícitamente por 19 sociedades científicas –de las 80 que figuran en la página web del gremio de los galenos–, y que coincide con el punto de vista del expresidente Tabaré Vázquez, quien encabezará un equipo del Frente Amplio para elaborar un plan alternativo sobre el combate al coronavirus.

Leonardo Carreño

Paralelamente, navega el PIT-CNT con una plataforma desproporcionada para un país al borde de la recesión y en un contexto de depresión mundial.

La ciudadanía también apoya la dirección del barco del gobierno. Una encuesta de Factum, publicada este lunes por El Observador, revela que el 64% de los uruguayos considera que el gobierno realiza una “buena” o “muy buena” gestión de la crisis. Y una mayoría más holgada apoya el recorte de sueldo a los cargos políticos (95%) y de los funcionarios públicos (74%) para financiar el Fondo Coronavirus.

En medio de una tormenta perfecta, en Uruguay navegan varias embarcaciones.

Está el barco que timonea el presidente, en el que recae la mayor responsabilidad, que tiene tres pasajeros muy importantes: la voz más autorizada de la ciencia médica, la opinión pública y los partidos integrantes del gobierno de coalición.

Y hay otras embarcaciones, también con pasajeros influyentes, que han preferido seguir una ruta diferente al del barco oficial en la crisis desatada por el nuevo coronavirus.

Hubiese sido más conveniente que hubiera un solo barco con distintos pasajeros, pero navegando en la misma dirección. Es la estrategia más apropiada en tiempos tan tempestuosos.

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