"Cuando el jugador es bandido usted lo nota en la cara. No miente. Y en la cancha juegan como sienten el fútbol. Los botijas que juegan bien a esa edad son difíciles porque agarran la pelota y no se la prestan a nadie. Entonces hay que hacerles entender las reglas, lo que es integrar un grupo, jugar en equipo. Y todo eso se inculca en la escuelita de Defensor que ya tiene 25 años”, decía el profesor César Santos para introducir a El Observador en la historia de uno de los tantos “bandidos” que surgen de la cantera.
Un sueño gestado con túnica
Diego Rolan, la nueva joya de la viola viajaba de escolar para no pagar boleto y poder comprarse una hamburguesa