13 de octubre de 2011 19:30 hs

La industria del cine de Estados Unidos pone caminos sinuosos a actores y directores. Este es el caso de Detrás de las paredes, uno de los estrenos de hoy. El proyecto unió al actor inglés Daniel Craig (para más señales, el último James Bond) con el director irlandés Jim Sheridan, responsable de obras maestras como The Field, Mi pie izquierdo o En el nombre del padre.

Sheridan es un talentoso director con un estilo personal, que en general filma guiones propios, ambientados en su Irlanda natal o en Nueva York, pero con inmigrantes irlandeses.

Es un director que se ha destacado como artesano de pequeños grandes filmes, realizados desde la austeridad de los prados verdes de Irlanda, con historias que manejaba desde la interioridad del conocimiento, fueran de la historia pasada o reciente de la isla.

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Pero en este caso, el tipo está fuera de contexto. Un thriller yanqui no es el terreno donde Sheridan se siente más cómodo.

En este caso filmó una película con un presupuesto que superó los US$ 50 millones, con un elenco que además del musculoso Craig tiene a Rachel Weisz en el principal rol femenino, con un guión ajeno.

Detrás de las paredes cuenta la historia de una pareja (Craig y Weisz) que se muda con sus dos pequeñas hijas desde la tumultuosa Nueva York a una casa en las afueras de Connecticut. Él es editor y debe trabajar sobre una nueva novela, por lo que el ambiente semi rural favorecerá su tarea.

Pero las cosas no son como parecen. Cuando se establecen en la casa, el personaje de Craig descubre que el dueño anterior de esa casa cometió un crimen horrendo.

Entonces el déjà vu comienza a apoderarse del espectador, porque esta historia ya se vio mil veces. Desde la versión de Stanley Kubrick de El resplandor de Stephen King, pasando por otras decenas de casas tomadas por espíritus, Detrás de las paredes recorre un camino previsible y poco arriesgado.

Cada espectador sacará sus conclusiones sobre la película, pero los propios protagonistas se negaron a realizar publicidad sobre el corte final de la película. El director, por su parte, quedó tan descontento con el resultado final que decidió quitar su nombre de los créditos, aunque no lo consiguió.

No sería la primera ni la última vez que un buen director europeo, de nuevo, naufrague en las complicadas aguas del cine de Estados Unidos.

Sheridan declaró hace unos meses, cuando la película se estrenó en ese país, que lo único que quería era volverse a Irlanda, donde ya tenía un nuevo proyecto para filmar. Es cierto que hay una crisis económica mundial y que Irlanda tuvo que afrontar un rescate financiero, pero quizás Sheridan nunca debió haber salido de su isla.

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