Los partidos tradicionales analizan desde hace tiempo la posibilidad de unirse en las próximas elecciones departamentales, con el especial objetivo de lograr derrotar al Frente Amplio (FA) en Montevideo y quedarse después de 25 años con el gobierno de la capital. Esa posibilidad también se ha manejado para los departamentos en los que la coalición de izquierdas sigue gobernando.
El Partido Nacional administra 12 intendencias, mientras que el FA gobierna cinco y el Partido Colorado dos. Pero hay departamentos clave a los que todos quieren llegar, o en este caso, recuperar. Además de Montevideo, que es el objetivo principal, Canelones y Maldonado son comunas clave. Son los departamentos del país que concentran el turismo, entre otras cosas, al igual que Rocha, que es otro de los objetivos.
Si ese acuerdo electoral hubiera estado vigente en las pasadas elecciones departamentales, no hubiera servido casi de nada, si se toman en cuenta los votos obtenidos en las departamentales de 2010.
De las cinco intendencias frenteamplistas que la eventual asociación entre blancos y colorados pretende recuperar, sólo hubiera logrado Artigas. Tanto en Montevideo como en Canelones, Maldonado y Rocha el FA hubiera sido mayoría de todas formas, sobre la suma de los votos que obtuvieron los dos partidos tradicionales por separado.
Si bien las chances se hubieran visto aumentadas, en ningún caso se acercan al empate. En Artigas la suma de los votos obtenidos por ambos partidos hubiera logrado superar al Frente Amplio por casi 5%. En ese momento, sólo en Canelones y Rocha el FA superó la mayoría absoluta, es decir, más de la mitad de los votos. Sin embargo, en los departamentos en los que no llegó a 50% de adhesiones, la cantidad de votos en blanco y anulados hace que su porcentaje, aún compitiendo con la suma de los otros dos, siga siendo el mayoritario.
Eventual alianza
Blancos y colorados comenzaron el año pasado, de a poco, a explorar las distintas posibilidades de forjar esa alianza. Las negociaciones las lideran los senadores Gustavo Penadés (Unidad Nacional) y Ope Pasquet (Vamos Uruguay). Allí comenzaron a bajar a tierra sus aspiraciones para intentar lograr acuerdos, con la idea de buscar entendimiento en los temas fundamentales para Montevideo. A pesar de haber comenzado a forjar la alianza todos aspiran a competir. Es decir que cada uno pretende llevar su candidato y luego definir con un sistema que resolverá, quién es el mejor para encabezar la alianza.
Pero estas eventuales asociaciones electorales no son tan sencillas, y por eso aún persisten las dudas sobre su conveniencia. Además, a los partidos les cuesta asumir la idea de presentarse en conjunto y perder la posibilidad de llevar a su candidato preferido.
En un encuentro en mayo de 2012 llamado “Coaliciones y balotaje en la legislación electoral” se analizaron dos posibilidades. Una, que blancos y colorados acumulen votos en un lema accidental, y la otra, que a través de una reforma electoral se establezca, como en las nacionales, un balotaje municipal.
En el evento organizado por el Instituto Manuel Oribe y el sector Más País del diputado José Carlos Cardoso, la visión académica no fue tan optimista como la política.
Según informó Búsqueda en ese momento, el exministro de la Corte Electoral Rodolfo González Rissotto y el politólogo Daniel Chasquetti hicieron hincapié en que este tipo de mecanismos podrían implicar escollos y relativos beneficios para el propósito de ganar Montevideo. González Rissotto explicó que un lema accidental, aquel que se crea entre una elección y otra, “exige un registro de 1.200 firmas, crear una carta orgánica, presentar estatutos y tener al menos 500 votos en su elección interna”. Luego, ese partido podría decir que sólo tiene “vocación departamental” y abstenerse de votar en la elección nacional. Pero esa opción restringe posibilidades de que los dirigentes que se presenten luego participen en la interna de sus partidos, y el sistema se torna bastante complicado.
En tanto, sobre un posible balotaje, Chasquetti señaló que no es válido el argumento según el cual esta fórmula es productiva para concretar coaliciones, porque “Uruguay ya gobernó con coaliciones antes de la reforma de 1996” que instaló la segunda vuelta para las elecciones nacionales, y dijo que la evidencia muestra que quien sale segundo en la primera vuelta suele volver a ocupar ese lugar en la segunda.