18 de abril de 2013 19:25 hs

Adaptar una novela del estatus de Anna Karenina era un desafío que debía enfrentarse con innovación. Después de todo, la novela realista del ruso León Tolstói publicada en 1877 ha sido llevada al cine en más de 10 versiones diferentes. Cuando el británico Joe Wright se hizo cargo del proyecto, era evidente que el director de Orgullo y prejuicio y Expiación, deseo y pecado iba a tener que darle algún tipo de giro. Y lo hizo: la historia de una mujer de la alta sociedad rusa y su romance extramatrimonial transcurre, en esta versión 2012, en el escenario de un teatro, como amplificación del artificio que inunda la vida de Anna.

Keira Knightley (conocida por su rol en Piratas del Caribe) acompaña a Wright en su retorno a los filmes de época luego de no acumular demasiado éxito con el drama El solista (2008) y el thriller Hanna (2011). Junto con ella, que encarna a la protagonista, el casting incluye a Jude Law (Sherlock Holmes) como su esposo y a Aaron Taylor-Johnson (Kick-Ass) como su amante.

La película se estrenó el año pasado y se llevó el Oscar al mejor diseño de vestuario. Es una muestra de cómo, sobre todo, Anna Karenina fue halagada desde un punto de vista estilístico y visual. El consenso general es que la visión de Wright es novedosa, pero que sus apuestas no siempre funcionan y suelen poner el estilo por encima de la profundidad.

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Más allá de eso, esta adaptación debería ser trascendente solo por el peso de la novela en que está basada. Como ejemplo de su importancia literaria, una lista compuesta por la revista Time en 2007 a partir de las opiniones de los autores más grandes del mundo en aquel momento la eligió como la mejor novela jamás escrita.

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