En abril pasado dábamos una alerta amarilla y comentábamos dos factores que estaban en juego: la sequía que se instalaba y la situación de Brasil. En ambos casos, ocurrió el escenario más negativo.
Estuvimos con medio país en emergencia agropecuaria y parte de los efectos de la sequía se vieron en los resultados del ejercicio ganadero, tanto los aportados por el Instituto Plan Agropecuario (IPA) como los de Fucrea.
El IPA subrayó un ejercicio 2014/15 muy difícil, siendo critico en las zonas del centro, noreste y este del país, donde la sequía arrebató buena parte de la producción, generó aumentos de costos, problemas de caja (ventas diferidas) y deterioro de los activos ganado y pasturas (esto es la otra parte de los efectos, que recién veremos en 2016).
Con medio ejercicio adverso climáticamente, se llegó a ingresos neto (después de pagos de arrendamientos e intereses) absolutamente inviables. Los productores del centro y este recibieron apenas US$ 18 por hectárea; los del norte, US$ 21.
En términos corrientes, es volver a niveles de la década de 2000, o casi la mitad de los que se habían registrado después de 2010. Es decir, hay segmentos importantes de la producción nacional (quienes arriendan o quienes son de pequeña escala) que no les alcanza para el sustento de una familia y, muchísimo menos, para invertir.
La otra luz amarilla, ahora devenida en una bocina estridente, es Brasil. Cualquier reporte o análisis de lo que acontece en nuestro vecino norteño pinta un cuadro turbulento. En lo político, atravesando los peores casos de corrupción, con un nivel de confianza hacia el gobierno en el piso, literalmente. Y en lo económico, inmerso ya en una recesión profunda, con una demanda interna contraída y en medio de ajustes macroeconómicos. Brasil lleva dos años de crecimiento negativo del PIB, cerrando 2015 con un valor que se ubicaría algo menos a -3% y con expectativas de un tercer año de caída en el PIB, en 2016, de -1,5% según las expectativas de los privados.
Entre ese escenario de mínima, y otro de un modesto crecimiento de la economía brasileña, el efecto en el PIB de Uruguay sería de 0,4%, según estimaciones de Cinve. Es decir, acorde a la trayectoria económica norteña, el PIB de Uruguay crecería entre 1,3% y 1,7% en 2016.
Además de este factor, otro neurálgico es la evolución del tipo de cambio real. Estamos con inflaciones parecidas, pero devaluaciones muy diferentes. Brasil está tan barato, o nosotros tan caros, como en los inicios de la década anterior. En algunos rubros y mercados de exportación, Brasil nos sacó de la cancha. Y el turismo en verano...
El sector agro hace sus deberes y ajusta los costos tan rápido como puede. De todos modos, las voces de las principales gremiales entienden que la lectura de la realidad por parte del Ejecutivo no es la misma; reclaman otra actitud y señales. Preocupación que comparto enteramente.
Un gesto de empatía ahora es otra gran oportunidad para el gobierno (de cuya gestión la aprobación decrece) para aliarse y dar una señal al sector que cada vez es más vital. Sería bueno no desperdiciarla como con la suba de combustibles al inicio del año. Agrointeligencia sin actitud no sirve de nada.
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