25 de julio 2014 - 19:53hs

"Uruguay necesita reflexionar” respecto al futuro de su inserción internacional, porque de ello depende el trabajo de su gente, altamente vinculado a la exportación de bienes, sobre la base de que la región se ha convertido en una zona “incierta”. Está guiada por la “cercanía ideológica” y las “amistades episódicas” entre los presidentes de sus países socios. Al país le es imperioso acceder a mercados que le den más certidumbre que el Mercosur, opinó el economista Marcel Vaillant, experto en comercio internacional. A continuación, una síntesis de la entrevista que mantuvo con El Observador.

En diciembre se cumplen 20 años del Tratado de Ouro Preto, que fijó las reglas institucionales constitutivas del Mercosur. ¿Qué balance hace del funcionamiento del bloque, teniendo en cuenta que un día sí y otro también alguno de sus miembros viola esas normas?
Del diagnóstico sobre su mal funcionamiento, todos los días recibimos información. Lo que tiene sentido es tratar de elaborar una posición país sobre qué es lo que Uruguay esperaría en condiciones bien pragmáticas sobre el Mercosur, que le sirva y pueda utilizar en la medida de lo posible, pero con una visión mucho más general de inserción internacional de una economía pequeña.

¿En términos económicos, el Mercosur le dio a Uruguay más beneficios que perjuicios, o al revés?
Desde el punto de vista de la estructura de producción de la economía uruguaya, permitió un proceso de reestructura de los transables hacia mayores niveles de productividad. Sin duda, el debe mayor es lo que tiene que ver con la ampliación de mercados, el acceso a un mercado de unos 200 millones de personas, que alguna vez se dijo.

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Definitivamente, la región es una zona incierta, llena de problemas comerciales que no le genera posibilidades de procesos de inversión, los niveles de certidumbre para expandir la producción y acceder a ese mercado mayor. Ese es el principal problema que tiene el Mercosur desde el punto de vista de su funcionamiento.

Uruguay, de todas maneras, ha logrado aumentar los niveles de internacionalización de su economía y lo ha hecho no por el Mercosur, sino a pesar del Mercosur, con un conjunto de medidas y de programas unilaterales que llevó adelante y le permitieron, de algún modo, tener un nivel de internacionalización mayor. La mayor internacionalización de su economía y de sus empresas, que de algún modo le ha permitido cambiar la manera que se producen bienes y servicios transables, necesita tener un acceso a un mercado con mayores niveles de certidumbre, que no solamente sea la región.

Esa es una cuestión fundamental y casi un seguro para Uruguay hacia el futuro, porque la estructura del empleo está directamente relacionada a la actividad exportadora. Es casi un factor de dos de lo que era a fines de los 90. Y repliegues de demanda externa van a tener impactos importantes sobre el mercado de trabajo. Para una economía pequeña, los niveles de certeza con los que accede al mercado mundial son fundamentales.

Algo hay que hacer entonces…
Claro. Lo que es unilateral, Uruguay más o menos lo ha hecho. El error mayor, tal vez, en estos años, ha sido no anticiparse a este cambio de rumbo y de orientación, más político que económico.

El Mercosur no depende de lo que Uruguay, haga o no haga. No es por las acciones que Uruguay ha tomado que el Mercosur está como está. Pero las ideas que se tuvieron al cambiar los gobiernos a mediado de las década pasada son responsables de la situación en la que hoy está el Mercosur.

La idea de que las instituciones no importan, de que el cumplimiento de las reglas no es importante, de que el tema está más en la cercanía ideológica de los partidos gobernantes e incluso de las eventuales amistades episódicas que los presidentes tengan. Todo ese método de administrar la integración en contra del espíritu con el cual se creó, a partir del Tratado de Asunción y el Protocolo de Ouro Preto, que era una modalidad distinta –nada que ver con lo que se dijo, de que era una manera neoliberal–. Ese método de reaccionar al cual Uruguay también se orientó, fue un error.

Cualquier salida del Mercosur de esta situación implica ahora una reflexión profunda sobre qué es la integración y con qué métodos uno se vincula a ella. Dicho esto, que es más una cuestión de largo plazo, en el mediano plazo, Uruguay debería seguir administrando de manera pragmática esta situación del Mercosur con un control de daños. El Mercosur está hoy en una situación institucional muy, muy delicada. Es la primera vez que no cambia una presidencia pro tempore. Desde el proceso de contemporaneidad del 2012, con la suspensión de Paraguay y esa manera totalmente ilegal –dicho por expertos en derecho– que rompe todo lo institucional respecto a las membresías. Desde ese momento, el Mercosur nunca logró normalizar su funcionamiento institucional con el cambio abecedario de las cumbres.

En el segundo semestre de 2013, asumió Venezuela y hasta ahora no ha habido cambio de presidencia pro tempore y ya estamos a julio. Hay una anomia institucional en un contexto donde el centro de preocupación de los gobiernos de los países miembros no está precisamente en el Mercosur, porque los ciclos electorales están marcando otras prioridades y hasta que no culminen, es muy posible que la situación del Mercosur se prolongue en esta indefinición. Son dos años más, así que es un buen momento para reflexionar sobre las otras opciones que el Mercosur tiene y en otras opciones de relaciones internacionales del país.

El presidente José Mujica dijo que el Mercosur está “estancado” y el vicepresidente Danilo Astori advirtió que no puede ser una “estación terminal”. ¿Qué estrategia debe seguir Uruguay? ¿Quedarse y negociar acuerdos unilaterales por fuera o permanecer y negociar bloque a bloque, como es el caso de la Unión Europea y la Alianza del Pacífico?
El estado disciplinario e institucional del Mercosur no sostiene que los países estén obligados a no negociar unilateralmente con terceros. Esa es una decisión anacrónica y fuera de toda lógica. El Mercosur no es ni va a ser una unión aduanera. Los países están estrucrurando sus relaciones internacionales con terceros, el propio Brasil lo está haciendo.

Hay que moverse con pragmatismo en la ambigüedad, profundizar todos los acuerdos que tenemos con los países de la Alianza del Pacífico en la línea con ir mejorando las listas de excepciones con Colombia, Perú y México, como ya hicimos con Chile, y un teercer paquete –que es más importante aún y sobre el cual el país debería lograr consensos– es moverse hacia Asia y al Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica, que está haciendo Estados Unidos para armonizar todos los Tratados de Libre Comercio que tiene con los países del Pacífico y muchos del sudeste asiático. Esa sería una hoja de ruta de regionalismo abierto fundamental para un país pequeño como Uruguay. Los países del Mercosur, en especial, deberían entender que las economías pequeñas en este mundo solamente tienen posibilidades en un contexto de internacionalización porque la gran restricción es el tamaño de su mercado.

Perfil
Economista
57 años, casado, dos hijos

Marcel Vaillant es doctor en Ciencias Económicas (Universidad de Amberes, Bélgica). Es profesor y coordinador del doctorado en Economía Internacional del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Fue profesor de Comercio Internacional en varias universidades de Argentina, Brasil, Chile y Perú. Fue asesor económico de la Secretaría Técnica del Mercosur y coordinó varios programas regionales de política comercial.

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