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Estupor en el público del Hernando Siles, mal acostumbrado a festejar triunfos en la antesala del cielo, su cancha a 3.650 metros sobre el nivel del mar.
Bolivia había salido como sale siempre en su casa. A pasar por arriba a los rivales. Y tuvo un disparo de Raúl Castro en el comienzo que pasó muy cerca del caño, otro de Yasmany Campos que también se perdió afuera y Muslera contuvo un nuevo remate de Campos.
Los jugadores dirigidos por Julio César Baldivieso llegaban en esos primeros minutos, pero descontrolados. Del medio hacia atrás regalaban espacios, que Uruguay aprovechaba con la velocidad del Cebolla Rodríguez por izquierda y el Pato Sánchez por la derecha.
Antes de que se terminara el primer tiempo se lesionó el Cebolla y entró Camilo Mayada. Primero para jugar en el lateral derecho (pasando Cáceres a la izquierda) y luego en la zona de volantes por la zurda.
Celso Otero, que dirigió desde la cancha en lugar de Tabárez, manejó bien los cambios para que el equipo se mantuviera enhiesto dentro del campo de juego.
El capitán Diego Godín, que selló el triunfo con un cabezazo sobre la línea en los minutos finales, tuvo algunas fallas en la zona defensiva. Perdió con Yasmani Duk y el remate de éste rebotó en el travesaño. Después fue Alejandro Chumacero el que contó con una chance clarita, pero su disparo desde el punto penal salió desviado.
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Por momentos sufría el fondo de Uruguay, como es lógico. Pero cuando los delanteros bolivianos no definían mal, aparecía la figura de Muslera para dar tranquilidad y jamás dejar un rebote a consignación.
La voluntad de los jugadores celestes erizó la piel por momentos. Sánchez, detenido con una fea falta de Jair Torrico que le costó la primera amarilla antes de ser expulsado, y Giménez, empujado intempestivamente por Fernando Marteli que también resultó amonestado. Los espacios permitían que los celestes salieran con todo cuando recogían la pelota y Bolivia estaba deshilachado.
El segundo tiempo fue de los más tranquilos que se recuerde de Uruguay. Los nervios empezaron a comer las piernas de los bolivianos, que fallaban pases increíbles. El estadio, poco a poco se fue quedando en silencio. Un silencio sepulcral.
Entraron Diego Rolan y Nicolás Lodeiro para refrescar el ataque. El delantero del Burdeos francés bajó una pelota para Stuani a poco de entrar y después provocó una falta cerca del área. De ese tiro libre llegó el segundo tanto. Lo ejecutó Sánchez y lo terminó Godín, después de una pavorosa salida del golero Vaca.
La impotencia ganó a los locales. Una plancha de Torrico contra Giménez lo sacó del partido. Después, Walter Veizaga golpeó en el suelo a Rolan. No tenían consuelo, ni fútbol, ni nada para darlo vuelta. La motivación militar que les propuso Baldivieso no les dio resultado.
Uruguay estaba bien parado en la cancha. Jugadores exhaustos, pero tranquilos. Sabedores que el destino de Rusia 2018 estaba tres puntos más cerca y que el camino es la recompensa. Que la historia se escribe todos los días, y ayer en La Paz los celestes escribieron un nuevo capítulo. Un capítulo que sepultó el mito de la altura y demostró que sin Suárez y sin Edinson Cavani también se puede ganar.