—Ma, me dieron. Ma, me dieron. Te pido, Ma, porfa que me perdones. Perdón porque hemos tenido varias discusiones. Perdón porque prefería una pistola antes que un lápiz para escribir canciones.
—Voy a salir de caño, ya estoy reduro, estoy repasado. Como ya estoy jugado, me chupa un huevo matarte o no.
—Suenan pistolas en honor a tu memoria.
Unos jóvenes grafitean la frase de Fuerte Apache en un muro de Casavalle para homenajear a su amigo muerto en una balacera.
Cada día, en promedio, tres heridos por arma de fuego son derivados a uno de los centros asistenciales que la Administración de Servicios de Salud del Estado tiene en Montevideo. O, dicho de otro modo, la cantidad de baleados que reciben solo esas policlínicas y hospitales públicos quintuplican al número de homicidios registrados en la misma área geográfica.
“Es obvio: la violencia está en aumento”. “Es el resultado del avance del crimen organizado”. “Cuando gobernaba Fulano esto no pasa”. “Este es el resultado de las políticas de Fulano”. En el Uruguay en que cualquier cifra vinculada a la violencia adquiere una postura política, el registro de estos cientos (y a veces más de mil) de heridos de bala por año vienen a romper con las frases hechas: porque, con oscilaciones, no muestran una clara tendencia a la suba ni a la baja. Solo dan cuenta de una forma de resolver la vida en sociedad —ni siquiera puede atribuirse a los narcos u otra manera organizada del crimen— que está expresándose en la letra de una canción, en un tatuaje con el número “79” o en una estadística de diagnósticos de ingresos a una policlínica.
El Observador accedió a los detalles estadísticos de los 3.814 heridos de armas de fuego que fueron atendidos en los últimos cuatro años en alguna de las 13 unidades asistenciales de ASSE en Montevideo a la cual se derivan baleados. Y según el criminólogo Emiliano Rojido, quien interpretó los datos, más que hablar de variaciones, los números son como un síntoma que confirma el diagnóstico de la violencia armada en la capital: las víctimas son en su mayoría jóvenes veinteañeros, casi todos ellos varones, las heridas son más frecuentes en la noche y en los meses del verano, y se concentran en un pequeño territorio de la urbe (que coincide con el llamado por los sociólogos "cinturón de homicidios de Montevideo").
“El 77% de los incidentes se concentran en cuatros unidades asistenciales de salud: Cerro (24%), Piedras Blancas (21%), Pasteur (20%), Jardines del Hipódromo (12%)”, enumera Rojido. Y cada una de esas unidades mantiene vínculo con cierto radio geográfico (bajo la lógica de que un herido de arma de fuego es derivado al centro más cercano y en el que haya disponibilidad).
Su colega Ignacio Salamano lo explicaba en su tesis de grado en base a los homicidios consignados en Montevideo: más de la quinta parte de los homicidios de la última década se registraron en un área tan acotada como el 3,7% de los segmentos censales de Montevideo. El Instituto Nacional de Estadísticas divide a la capital uruguaya en 1063 segmentos censales, es una pequeña división territorial que usan para hacer los censos y encuestas de población. En 601 segmentos ocurrió algún homicidio en la última década. Y en 22 segmentos (que son ese pequeño espacio del 3,7% del total del departamento) se registraron más de la quinta parte de todos los homicidios de la década.
El nuevo hospital del Cerro vino, en ese sentido, a descomprimir en parte la atención de ese peso que recaía en la policlínica del Cerro y que implicaba, en los casos más graves, una derivación a centros con tercer nivel de atención hospitalaria.
Casi la mitad de los heridos de bala atendidos por ASSE en Montevideo en los últimos cuatro años eran jóvenes entre los 18 y 29 años. Cuando se cumple la mayoría de edad “se observa un aumento abrupto, para luego verse una disminución marcada y sostenida a partir de los 43 años”, resume Rojido.
Nueve de cada diez de esos heridos atendidos son varones. Es una proporción casi idéntica a la que se observa en los homicidios consumados. Y da cuenta, a la vez, de un vínculo “casi machista” de los hombres con las armas: el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales reveló que más del 95% de los pedidos de tenencias de armas son realizados por varones, el suicidio con arma de fuego es un método más empleado por ellos que por ellas, y hasta existe en el imaginario “la tenencia de armas de fuego está justificada a partir del modelo de masculinidad hegemónico: la pistola como representación de la potencia sexual y el hombre armado como garante de la seguridad de su familia”.
Más de la mitad de los heridos por arma de fuego entraron a los centros asistenciales en la noche (entre las 20 y las 04 horas). Y en enero la frecuencia crece a cerca de 100 atendidos, frente al promedio de 68 en setiembre (el mes con menos casos).
Los datos proporcionados por ASSE no permiten detallar en qué parte del cuerpo entraron o rozaron las balas. Muchas veces solo se registra herida por arma de fuego, otras se habla de miembros inferiores o superiores en genérico, algunas (pocas) dan el lugar exacto. Pero de aquellos datos que sí permiten una aproximación, puede notarse una frecuencia mayor en las piernas: muslos, pantorrillas, pies.
El traumatólogo Rogelio Rey había dicho a El Observador hace una década, tras un estudio de casos en el Instituto Nacional de Ortopedia y Traumatología, que los heridos de bala en las piernas reflejan “el alza de los ajustes de cuentas”.
Pero Rojido dejó en claro en su última investigación para el Ministerio del Interior que más de la mitad de los homicidios por “ajustes de cuentas” tienen, en realidad, un motivo desconocido; y que la clasificación bajo ese rótulo es muy débil.
Por ahora el dato de los baleados es solo eso: un dato que está dando cuenta sobre la marcha de la violencia en la sociedad sin saber si crece, baja o sigue en una penillanura levemente ondulada.