Aunque la pompita trae un mensaje peligroso para Lacalle Pou, también marca que el presidente lo considera su rival principal. Lo pone a la misma altura y le considera el único capaz de pelear por el título. Esa última lectura lo favorece, lo coloca en el primer plano de referencia política y lo puede aprovechar.
Y en la cuestión de fondo, la agenda del gobierno no puede enamorar porque en las primeras páginas se lee la palaba ajuste. Impuestos altos, energía y combustibles caros y ausencia de caja para financiar infraestructura con fondos propios. Es la consecuencia del déficit heredado de José Mujica, que se suma al agujero de
ANCAP y a una gestión en
ASSE donde la actual presidenta cree normal que allí florezcan los conflictos de interés, un eufemismo tan elegante como inadmisible.
Pero la economía crece –Argentina se recupera y el dólar bajo ayudó al consumo– y abre expectativa de que los impuestos bajen de cara a las próximas elecciones. Esa es la mejor agenda, que en el plano de logros tiene la instalación de la segunda planta de UPM a pesar de los cuestionamientos opositores por falta de información.
Y a pesar de los pesares, el Ministerio del Interior viene trabajando en forma sostenida y con buenos resultados en la lucha desigual contra la inseguridad.
En contrapartida, la agenda opositora está construida fundamentalmente con acciones de control y desgaste al gobierno, más allá de que Lacalle ha tratado de mostrar que sus ideas de campaña están vigentes. Pero es obvio que nadie se plantea ayudar al Frente.
La gestión del gobierno influye mucho en la perspectiva electoral y por eso no es menor las controversias políticas en relación a ello.
Pero mientras la pompita va y la pompita viene, el intendente de Montevideo, Daniel Martínez, lejos de los tiroteos políticos, sube en las encuestas como una burbuja impulsada por la brisa.
Eso es lo que a Lacalle Pou le debería preocupar.