28 de mayo 2013 - 20:58hs

Estamos acorralados, nos cortan la luz, nos dejan sin teléfono, nos tirotean las casas. No podemos tomar un ómnibus o llevar a los nenes a la escuela tranquilos porque no sabemos si vamos a volver a nuestras casas”. Así resumió una vecina de Casavalle la situación que se vive en la zona en las últimas semanas luego de que se registraran varios tiroteos, producto del enfrentamiento entre bandas de narcotraficantes de la zona.

A cada paso en la recorrida de El Observador por uno de los barrios más peligrosos de Montevideo la delincuencia marca territorio. El camión de Conaprole, parado frente al cuartelillo de Bomberos, despacha en plena calle los productos. Mientras, una fila de cinco autos aguarda su turno. “Ni el lechero entra al barrio”, dijo uno de los almaceneros que esperaba para abastecerse.

A unos metros, la policlínica de Casavalle da cuenta de los tiroteos de los que hablan los vecinos: siete impactos de bala en la pared lateral del centro que atiende al grueso de la población de la zona.

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“Mis nietos tienen cuchetas y desde que empezaron los líos el que dormía arriba duerme en el piso porque tenemos miedo que de la ventana entre un tiro y lo mate”, dijo a El Observador una vecina que hace 40 años vive en la zona y no quiere dar su nombre por temor a represalias.

Así como no ingresa el lechero, tampoco llegan al barrio los taxis, las ambulancias ni el supergás. “Hace unos días pedí una emergencia médica a las cinco de la tarde, me dijeron que venían pero después me dijeron que no. Entonces me propusieron que llevara el enfermo a unas cuadras de mi casa que lo atendían en plena calle. La persona estaba operada hacía 10 días, por lo cual me negué a que caminara. Entonces me dijeron que no entraban a esta zona porque no tenían custodia, cosa que no me aclararon cuando me hice socia. Finalmente, me dijeron que venían porque habían conseguido custodia y llegaron con un patrullero”, indicó otra vecina que vive a pocas cuadras de la policlínica.

El 20 de mayo, luego de varios días de tiroteos, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, anunció algo que los vecinos reclaman desde hace meses: que se instalará una nueva comisaría permanente al lado del cuartelillo de Bomberos. En tanto, se incrementó la presencia policial. De día patrullan policías de la comisaría con apoyo del Grupo Especial de Patrullaje Preventivo (GEPP) y de noche de la Guardia Republicana.

Miedo
Además de los tiros que se escuchan a lo lejos o las huellas de disparos en las paredes, el miedo es algo que se percibe en la mayoría de los vecinos de la zona. “Ellos saben que les tenemos miedo, vas pasando por una calle y se levantan la ropa para mostrar que tienen armas y al final lo logran... andás con miedo en tu propio barrio”, dijo otra vecina que vive en Casavalle desde hace 30 años.

Y es este miedo el que la semana pasada provocó que las clases terminaran antes en la escuela del barrio y que se suspendieran los cursos de peluquería, maquillaje, teatro, patín, baile y clases de adultos que se dictan en la tarde y la noche.
También es el miedo el que impulsa a los vecinos a vender sus casas por sumas ridículas a los delincuentes de la zona. “Hay una familia que tiene varias bocas de pasta base en el barrio; ellos tienen diez casitas ( en la zona de los Palomares) que les fueron comprando a gente que no aguantó y se fue. A una le pagaron $ 30 mil en la mano”, comentó otra vecina.
“La noche de las luces”

A las 14.30 del martes 21 de mayo el sonido de lo que parecían fuegos artificiales sorprendió en plena recorrida por Casavalle. “Esto no es nada. En la madrugada parece la noche de la luces. El otro día me desperté con unos ruidos y pensé que era del Servicio de Material y Armamento del Ejército que cada tanto quema fuegos artificiales, y mi esposo me dijo que eran tiros”, comentó una vecina.

Los tiroteos en Casavalle han llegado a durar 20 minutos “sin parar”, comentan los vecinos. “Cuando se corre la bola de que van a empezar los tiroteos te tenés que meter en tu casa. Me pasó que vinieron a golpearme la puerta para decirme que apagara la luz y si no lo hago igual me dan un tiro en el foco”, comentó otra vecina que vive en la zona denominada Palomares.

“Tendríamos que salir todos al barrio, los viejos, las madres que salen todos los días a trabajar, los hombres que quieren que sus familias vivan en paz y decir no queremos más violencia y más muerte en el barrio, pero no lo podemos hacer porque eso sería como firmar la sentencia de muerte”, dijo una vecina de 74 años.

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