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Walter Alcántara: el hombre que implosionó la AUF

Alcántara se acercó al ambiente del fútbol de forma paulatina y apretó el botón que desencadenó una crisis en la asociación

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11 de agosto de 2018 a las 05:00

La voz se le resquebraja como una antigua pieza que alguna vez tuvo valor. Los silencios son dramáticos por lo que dice y lo que sugiere. Que está enfermo, que sus familiares directos también lo están. Que no tiene para comer y le van a cortar la luz. Parecería que llora o incluso llora. Y después pide plata. Que cualquier ayuda le sirve. Que con $ 5.000 o $ 10.000 se arregla. Y la voz vuelve a sonar como una lija vieja que ya no sirve. Que está acabada.


Algunos de esos mensajes de audio que el lobista, intermediario y alguna vez empresario Walter Alcántara le grabó a Arturo del Campo –en uno que escuchó El Observador le pide $ 10.000 para llevar a su hija a operarse de la cabeza a Buenos Aires– son similares a los que recibieron varios dirigentes, jugadores y directores técnicos del fútbol uruguayo. El Observador habló con cinco personas del ambiente del fútbol que accedieron a prestarle plata a Alcántara pero que aún están esperando una devolución que saben que no llegará, a pesar de las múltiples promesas de pago y de la verguenza que él dice sentir. En total son más de US$ 15 mil lo que le adeuda a quienes hablaron con El Observador, pero quien sabe. Quizás sean más.

La estrategia de este hombre, que ocupó los titulares de los medios en las últimas dos semanas por haber grabado al expresidente de la AUF Wilmar Valdez, para sus acreedores siempre es la misma: describe una situación personal y familiar irrecuperable y pone el foco en los asuntos económicos y su salud o la de sus seres queridos. "Te hablo para que sepas que estoy vivo", comenzó con un mensaje en el que le explicaba a uno de sus deudores que la mitad de su corazón no le funciona, que tuvo cinco preinfartos y tres infartos. En otro mensaje dice que no tiene lo que comer y le anuncia a su interlocutor que le cortarán la luz.

Habla con recurrencia de la situación de salud de su esposa Rosana y su hija Karol, aunque ninguna de las múltiples fuentes consultadas que trataron con él sabe con exactitud qué es lo que tienen.
Alcántara suena como un hombre desesperado, que se siente ninguneado y despreciado por todos. Pero no siempre se sintió así, y quienes trataron con él durante varios años se sorprendieron al ver su transformación el día que declaró en la Fiscalía.

Del barrio a Venezuela

Lo conocían como un "tipo de barrio", "humilde", frontal y cumplidor. Cuatro comunicadores que trabajaron bajo sus órdenes en Uruguay aseguraron que nunca se atrasó en el pago de los salarios, y uno de ellos destaca su compromiso con el trabajo, una actividad a la que le dedicaba todas las horas del día.

De Venezuela llegó con plata en el bolsillo. Allí tenía una flota de remises que incluso trabajaba con la embajada de Uruguay. En ese país quedó muy vinculado, tanto que cuando la selección uruguaya viajó al país caribeño para jugar la Copa América 2007 él se tomó el avión y ayudó a muchos periodistas. La relación con el fútbol tenía su historia.

Cuándo exactamente comienza ese vínculo de Alcántara con los negocios en torno a la pelota no fue posible determinar, pero quienes trataron con él en Venezuela recuerdan sus esfuerzos por acercarse a gente de ese mundo. De hecho, solía juntarse con periodistas como Alberto Kesman, Enrique Yanuzzi y Jorge Da Silveira cuando viajaban a cubrir partidos de la selección, y los llevaba a comer al Centro Uruguayo de Venezuela, en donde era una persona popular y muy querida, dicen algunos, aunque dos uruguayos que forman parte de ese centro y que lo conocieron se negaron a hablar sobre él.

También solucionó más de una vez problemas logísticos de los planteles compatriotas. Según supo El Observador, en una oportunidad consiguió canchas para que la selección nacional pudiera entrenar antes de un partido, y en 1997 se reunió con la selección de básquetbol que ganó el Campeonato Sudamericano.

La cantidad de negocios que desarrolló (o intentó hacerlo) en las órbitas del deporte madre uruguayo es extensa. Cuando llegó de Caracas puso dinero en el nuevo proyecto de Carlos Muñoz en Radio Carve y también estuvo vinculado con el pasaje del relator de AM a FM.

En 2006 fue el abanderado de la restauración de Deporte Total en Televisión Nacional, tras la desvinculación de Muñoz de Canal 10. Alcántara era el jefe: quien se encargaba de pagar los sueldos.
Era impulsivo y se enojaba con facilidad. "Era intenso, intempestivo y calentón", recuerda uno de los periodistas que trabajaba con él en la radio. De hecho, una vez quiso agarrar a las piñas al periodista Daniel Banchero, con quien lo unía un vínculo laboral que no terminó en buenos términos.

Durante esa época también tuvo la concesión de los puntos de venta de comida del palco en el Estadio Centenario.

El proyecto de Deporte Total implosionó en 2009 y ese mismo año se vinculó con el programa del Ministerio del Interior "Gol al futuro".

Los tiempos de bonanza habían terminado para Alcántara.

Barranca abajo

Frustrada su incursión empresarial en los medios, intentó seguir en otros rubros que lo condujeron a los puertos de la deuda. Puso una arrendadora de autos que tuvo el privilegio de tener como cliente a laAUF, luego invirtió en un complejo de canchas de fútbol 5, pero con nada le fue bien, y sus números comenzaron a pasar de verde a rojo.

Fue entonces cuando empezó a pedir préstamos a todos los contactos que cosechó en el fútbol, sin abandonar nunca su vocación por los negocios. Pedía dinero y ofrecía unos cheques que algunos intentaron cobrar sin éxito. Su patrimonio de vinculaciones le proporcionó, incluso, contactos con un grupo de empresarios de Hyundai que en 2016 estaban dispuestos a invertir US$ 250 millones para remodelar a fondo el Estadio Centenario de cara al Mundial de 2030.

Fue en esa época que Alcántara empezó a tomar un recaudo, que luego sería el arma que desencadenaría la actual crisis institucional de la AUF: grabar todas las conversaciones con Valdez en las que hablaba de sus proyectos. Cuando el jueves 28 Valdez recibió de manos de Del Campo y el comunicador Julio Ríos todo ese archivo renunció a su cargo y se bajó de la carrera electoral.

Una semana más tarde, los audios ya estaban en manos de la fiscal Silvia Perez para indagar si había ilícitos en las acciones descritas en los diálogos, una hipótesis que por el momento no se hace carne. Por el momento la Fiscalía investiga si hubo extorsión para obligar a Valdez a dejar vacante el asiento de presidente de la AUF.

Desde la explosión del tema, Alcántara y su abogada eligieron presentarlo como un salvador y una víctima.

Pero las cosas ahora no se pusieron fáciles para él. Y por eso le pidió a varios periodistas deportivos –Mario Bardanca, Sergio Gorzy, Sebastián Giovanelli y Rodolfo Pereira– que fueran a su casa para escuchar su versión de los hechos. Después de todo, Walter Alcántara es un auténtico producto de la familia del fútbol uruguayo.
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