24 de febrero de 2012 20:13 hs

Meryl Streep está en una categoría superior a la de excelente actriz. Es considerada lisa y llanamente como la mejor. Eso sucede desde hace ya un par de décadas: “La mejor de su generación”, “la mejor actriz viva”, “la mejor de los tiempos”. Cada una de sus actuaciones es celebrada de forma unánime pero eso no la convierte en favorita para ganar la estatuilla sino que, por el contrario, puede ser un obstáculo.

Streep ha sido nominada para el Oscar 17 veces y sólo ganó dos: como actriz secundaria por Kramer versus Kramer, de 1979 y como actriz principal en La decisión de Sofía, (1982). A partir de entonces fue nominada doce veces como mejor actriz y una como mejor actriz secundaria; doce veces agradeció otra intérprete y hoy se sabrá qué pasa con la decimotercera.

Algunos críticos cinematográficos entienden que la propia altura artística de Streep es el problema, como si la actriz estuviera por encima de los premios, como el carro de El Chaná en los carnavales de antaño, declarado fuera de concurso para darle cierto interés a la competencia.

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En cuanto a lo que sucederá hoy, está bastante extendido entre los expertos el criterio de que Meryl Streep está espectacular en el papel de Margaret Thatcher, en La dama de hierro. Y que después de 12 intentos fallidos consecutivos, a sus 62 años, y luego de haber conquistado a los británicos interpretando una de sus figuras históricas más importantes del siglo XX, es hora de que reciba su tercera estatuilla.

No obstante, son más los que piensan que Viola Davis se llevará el premio por su trabajo en The help, en atención a que la suya también es una actuación extraordinaria y que ella es una cara nueva en la fiesta, que no ha ganado ninguna estatuilla y ha sido nominada solo una vez (en 2008, por Doubt, en la que actuó con Meryl Streep y ambas fueron nominadas).

Por último, se especula con que Michelle Williams se puede beneficiar con la paridad de votos entre Streep y Davis y termine llevándose el galardón por su actuación en My week with Marylin, ayudada por el hecho de que una buena parte de los votantes son hombres nacidos en los años de la década de 1930 y 1940 y en su juventud admiraban a Marylin Monroe.

Voluntad de hierro

Meryl Streep ha elegido sus papeles basada en lo que estos podrían enseñarle de sí misma en muy diferentes ambientes.

Probó con una mujer de clase trabajadora (Silkwood), hizo películas épicas (Out of Africa), comedia (Death becomes her) y acción (The river wild, que aceptó porque quería protagonizar una película al estilo Harrison Ford).

En 35 años de carrera actuó en 46 películas y recibió innumerables permios y elogios, pero lo más remarcable de su trayectoria es el esfuerzo enorme que hace para que cada personaje cumpla con su destino.

Su maestría con los acentos se parece a la magia, pero es en realidad una mezcla de talento y muchísimo trabajo, como el que tuvo para aprender a tocar el violín para la película Music of the heart, cuando ensayó seis horas por día durante ocho semanas, hasta que el instrumento le reveló sus secretos.

Para su papel en La dama de hierro, el desafío era importante, para empezar, porque las expectativas eran muy grandes, incluso entre los actores británicos, entre los de más prestigio en el mundo. “Para una chica de Jersey pararse frente a cuarenta de los mejores actores ingleses y presumir de ser la primera mujer en el puesto de primer ministro del Reino Unido es una gran responsabilidad”, dijo la actriz.

Y los desafíos técnicos también fueron importantes, más allá del acento, que todos a ambos lados del océano daban por descontado que sería perfecto.

“Observé muchas horas de material sobre ella y para mí el desafío mayor era tan sólo poder seguir esas larguísimas líneas de pensamiento sin tomar un respiro. Incluso con la escuela de artes dramáticas que tengo, tuve muchos problemas tratando de llegar a eso”, señaló Streep, quien identificó ese estilo con “la energía y la convicción para andar todo el camino hasta la última bocanada de aire, hasta que no se puede ir más lejos y no dejar a nadie interrumpir”.

Esa convicción (y la capacidad de trabajo para hacerla valer) es un rasgo en común de Margaret Thatcher y Meryl Streep, aunque sus posiciones políticas sean tan diferentes.

En cuanto a la gala de hoy, seguramente Meryl Streep aplauda con ganas a Viola Davis y ésta diga sobre el escenario que la mejor está sentada en la platea, pero también podría pasar que la llamaran Streep y que después de tres décadas se hiciera justicia con la favorita de todos.

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