8 de febrero de 2020 5:01 hs

En su adolescencia Yamandú Orsi empezó con una pasión extraña. Se ponía bombacha de campo, camisa, una faja en la cintura y un pañuelo en el cuello. Podía usar un sombrero de ala ancha. Y bailaba.

Mientras sus compañeros del liceo escuchaban rock inglés o argentino y terminaban el fin de semana en el boliche, para Orsi las danzas folclóricas eran impostergables. Estaba en otra: el zapateo, por ejemplo, se le daba muy bien. Los que lo vieron, y los que compartieron escenario con él, dicen que era un fenómeno. Orsi no lo niega.

–Era un enfermo.

–¿Andaba bien?

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–¡Me gustaba el folclore, muchacha! Era bueno, ¿eh? ‘Tas loco… es horrible decirlo, queda espantoso. Pero yo me reconozco que bailaba bien.

–¿Se destacaba?

–Algún papel solista me tocó. En malambo era bueno. Siempre hay alguno mejor, ¿no?

Entró en el cuerpo de baile oficial de la Intendencia de Canelones y ahí bailó 11 años más, hasta los 26. Se subía a los escenarios y así conoció buena parte del país, viajó a Argentina y a Brasil.

El baile folclórico lo llevó al canto popular. El canto popular, a conocer las ideas de izquierda. En cuarto de liceo, una compañera de clase le prestó casetes prohibidos por la dictadura. Hasta ahí no sabía quién era Zitarrosa, pero sabía que existían Los Olimareños. Empezó a leer a Carlos Quijano. Siguió en su casa con Los Zucará, Daniel Viglietti. Y la cosa empezó a cambiar.

Camilo dos Santos

Algunas coincidencias, varios encuentros aleatorios y más de una decisión colateral convirtieron a Yamandú Orsi en el político que fue intendente de Canelones, el que busca la reelección y al que en el Frente Amplio miran con cariño como una apuesta para recuperar el gobierno nacional.

En su casa la política no hacía sobremesa.

Vivió hasta los cinco años en una zona rural de Canelones, pero problemas de salud de su padre hicieron que la familia dejara la viña y se mudara a la capital departamental. El Bebe y la Beba, los padres de Orsi, abrieron un almacén en el barrio y desde chico ayudaba a cargar cajones, a buscar mercadería en la feria, a mover envases de un lugar a otro.

El baby fútbol no fue parte de su infancia, pero la capilla sí. Fue monaguillo y ayudaba al cura del barrio. Cuando se acuerda de esa etapa larga una risotada que tapa el ladrido de Tina, su perra, o de los otros perros, o el ruido de las cotorras que se escuchan de fondo en su casa en Salinas. La religión la heredó de su madre, pero después de la comunión, dice él, se descarriló.

–¡Susana! –grita Orsi desde el porche a la mujer que cuida a sus hijos.

–¿Sí? –se escucha la voz desde dentro de la casa.

–La confesión es un sacramento, ¿no?

–¡Claro!

– Y después el casamiento. Y la última, ¡la extremaunción!

Vuelve a reírse y cuando lo hace muestra buena parte de su dentadura.

Ahora no es católico. Desde hace unos años duda de Dios y tiene una actitud más agnóstica.

 

Todo lo llevó hasta ahí

A Luis Alberto Alejandro Aparicio Lacalle Pou lo vio cuando votó por primera vez. Orsi estaba en la mesa de votación del último circuito de la UTU de Canelones cuando llegó a estrenar su credencial el joven que hoy es presidente electo. No lo conocía. Sabía que era el hijo de Julita Pou y le llamó la atención que tuviera cuatro nombres –Orsi tiene tres: Yamandú Ramón, y Antonio por el santo del día que nació, el 13 de junio de 1967–. Años después volvieron a coincidir: los dos eran políticos y acudieron a la misma especialista para el tratamiento de fecundación in vitro que los ayudó a tener a sus hijos, en los dos casos, mellizos.

Como esas, dos coincidencias no políticas con políticos, tuvo varias más.

Cuando se mudó a Maldonado y ya era profesor, a veces el ómnibus le demoraba en pasar. Hacía dedo para ir a trabajar y más de una vez la que lo llevó en la camioneta fue Liliana Bernárdez, profesora de idioma español y esposa del ya entonces intendente Enrique Antía. A él lo conoció por ella.

A Marcos Carámbula, que lo apadrinó y, cuando asumió como intendente en 2005, lo nombró secretario general de la comuna canaria, también lo conoció por la esposa. Elena Pareja era profesora adscriptora cuando Orsi estudiaba en el IPA y a su futuro jefe lo vio por primera vez de refilón cuando fue a la casa de Pareja por tema de estudio.

El vínculo con Daniel Martínez, a quien le coordinó el último tramo de la campaña electoral que le dio la victoria presidencial a señor de los cuatro nombres, surgió porque la segunda y actual esposa de Orsi, Laura, canta en un coro con Alejandra, la hija del exintendente. El diálogo entre ellos empezó en cumpleaños y reuniones familiares.

Camilo Dos Santos

También es vecino de Daniel Peña, diputado del Partido de la Gente y uno de sus adversarios políticos en el departamento. Se cruzan en el supermercado, en la playa y hasta en la ferretería.

“Es una buena persona. La debilidad grande que tiene es estar preso de un partido político que toma malas decisiones”, dice Peña, quien considera al intendente un amigo que conoce desde hace 15 años. Aunque cree que tiene que estar en la política, durante la gestión frenteamplista en Canelones el dirigente fue un férreo opositor de algunas decisiones de su vecino. Su sector fue la cara visible de las denuncias por irregularidades en obras y de los cuestionamientos por la instalación de un vertedero de desechos en Soca.

Orsi habla con uno y con otro y en el trato la bandera política se desdibuja. Julio María Sanguinetti llegó a insinuar, como una broma, que Orsi fue el intendente más colorado que tuvo Canelones. Y eso que ya había estado en ese cargo Tabaré Hackembruch.

El exsenador colorado Pedro Bordaberry cree que el defecto que tiene Orsi es haberse equivocado de partido. Se ríe cuando lo dice. Después, se deshace en halagos: “Es muy inteligente, es muy capaz, es una excelente persona”.

Sergio Botana, exintendente de Cerro Largo, fue compañero de banco de Orsi en el Congreso de Intendentes durante todo el período y hubo dos cosas que le quedaron marcadas de esa época. La primera fue cuando el colorado Marne Osorio reclamó la presidencia del organismo a la que no había podido asumir por un empate con Adriana Peña. Cuando fue el turno de la presidencia de Canelones, Orsi la cedió para evitar problemas entre el dirigente colorado y la blanca. La segunda fue cuando se animó a enfrentar a los técnicos de la Intendencia de Montevideo, con la que comparte fuerza política, en el debate sobre la refinanciación de las patentes.

Botana suele ser crudo para hablar y no le cuestan los mensajes políticamente incorrectos. Aún así, con el exintendente canario no puede: “Los de Orsi son gestos que nadie tiene. Es un hombre que uno siempre quiere tener en el cuadro, porque encarna una filosofía diferente”.

Y a Orsi también se le hace difícil no tener una relación cercana con Botana, con Pablo Caram, de Artigas, o con el riverense Marne Osorio. “¡Si venimos todos del mismo lado!”, exclama con un vozarrón áspero típico de fumador. Aunque él no fuma.

Orsi dice que los vínculos se dan por una cuestión de piel, por una cuestión humana. Cuesta encontrarle enemigos.

–Aunque siempre hay alguien que quiere serruchar las patas…

–Sí, pasa. Pero mi estrategia es el vínculo.

–¿Y si le hacen una zancadilla?

–Habrá que conversar.

–¿Le ha pasado?

–Sí, me ha pasado. De desplante. Mi estrategia es: ‘acá estoy’.

–¿Con quién?

–No, no…

–¿Dentro del Frente Amplio?

– Bueno, dentro del Frente, ni que hablar. Donde es más frecuente es en tu propia barra, y ahí te cruzás. Sí, sí. Pero eso tiene que ver con el tiroteo del momento.

También es difícil hacerlo callar.

Es verborrágico y cuando habla por momentos muestra que va elaborando la idea sobre la marcha. Gesticula, se desdice, hace silencio, cambia las palabras, se rectifica. Esa espontaneidad en algún punto también lo hace débil. Más de una vez se enoja y se arrepiente por lo que habla de más.

Hace cuatro años, en el Frente Amplio le cobraron que hablara de su intención de repetir como intendente de Canelones como si fuera un proyecto personal y no como algo de equipo. El año pasado se entreveró al aire en el programa Séptimo Día de canal 12 al criticar el documento de acuerdo de la coalición del nuevo gobierno y quedó en evidencia que no lo había leído en profundidad.   

 
Orsi y las críticas al acuerdo de la coalición

Yamandú Orsi, nuevo coordinador de campaña del FA, cuestionó el documento que redactó la coalición opositora. Vean la entrevista completa en teledoce.com/septimodia #OrsiEn7D

Posted by Séptimo Día - Teledoce on Monday, November 4, 2019

Otras veces, los comentarios que hace son parte de una estrategia para comunicar exactamente lo que quiere. En eso, Twitter se convirtió en su aliado. De un momento a otro el intendente canario empezó a usar la red social para marcar posturas, aunque eso lo distanciara del Frente Amplio, de su sector el MPP, o lo acercara a la oposición.

 

 

 

Se molestó con la falta de autocrítica de la izquierda en el caso Sendic, halagó el trabajo de opositores como Bordaberry en el Senado o la actitud del comediante colorado Diego Delgrossi, defendió la importancia de escuchar a los productores rurales autoconvocados cuando el Frente Amplio estaba en contra y pidió “entender el mensaje” de quienes votaron la reforma sobre seguridad que propuso el futuro ministro del Interior Jorge Larrañaga.

 


 

 

Fue de los que reclamó más seguridad al ministro del Interior, Eduardo Bonomi, cuando en 2018 una mujer fue asesinada en Neptunia. Botana está convencido de que eso fue lo que a Orsi le costó después la candidatura a presidente por el Frente Amplio, porque enseguida José Mujica, su principal referente político, mostró su apoyo a Carolina Cosse. Orsi lo niega. Pero Botana insiste: “Si el diablo no mete la cola, él va a ser el próximo candidato del Frente a la Presidencia”.

Camilo dos Santos

En su despacho de intendente, siguen colgados los cuatro cuadros con sus principales referentes: una foto de Tabaré Vázquez presidente, otra de Mujica en pose pensativa en la plaza Seregni de Costa Azul, otra de Marcos Carámbula. La última es un retrato de Artigas, de cuando ya era viejo y estaba en Paraguay. Del otro, del que pintó Juan Manuel Blanes, Orsi no quiere saber nada.

La desmitificación de Artigas como el prócer que se enseña en la escuela fue una de las cosas que aprendió en su pasaje por el IPA, donde se convirtió en profesor de historia.

Yamandú Orsi fue abanderado de la bandera de Artigas. Escuela 110 de Canelones.

No era su vocación.

En realidad, Orsi se destacaba en los números: en matemática, física y química se llevaba las mejores notas. Pero odiaba dibujo y eligió las orientaciones para evitar esa materia. Estudió relaciones internacionales pero la Facultad de Derecho no le gustó. Y ahí fue que pensó en el IPA: no tenía ni idea sobre la docencia, aunque le gustaba la historia.

“Lo aprendí y lo hablaba con los gurises en el liceo: eso de forzar la vocación parece un error. La vida te va llevando, ¿no?”, se explica.

Bordaberry dijo cuando se refirió a Orsi que por lo general los intendentes tienen mucho de administradores y poco de políticos, pero que en este caso, el líder canario había sido, además de administrador, un buen comunicador.

Fue durante la docencia cuando Orsi explotó más esa faceta, la de los vínculos. Se fue con sus alumnos a ver a Michael Jackson en el estadio de Núñez en Argentina por un concurso que ganaron. Fue el que los acompañó a competir en el programa Feliz domingo, en el que los ayudó a preparar un baile de tango, pero que perdieron contra una coreografía de música infantil. Ganaron en un ping-pong de preguntas y respuestas gracias a uno de sus alumnos que “era un tigre”.

También tuvo otro alumno, en primero de liceo, que era “una máquina”: Diego Lugano, el que todo lo hacía perfecto, el estudioso, el buen compañero, el metódico.

Varios de sus estudiantes trabajaron hasta ahora en la Intendencia de Canelones junto con él. Francisco Legnani, como prosecretario, o Rodrigo Roncio, como director de Cultura.

Mientras Orsi habla, Victorio (7) cruza corriendo delante de él.

–¡Opa! ¿Vas a la piscina?

–No, ¿por qué?

–La limpié, ¿eh?

Orsi toma mate con la camisa remangada y se le ve un raspón con cáscara de sangre seca que le ocupa la mitad de su antebrazo. La noche anterior había hecho mucho calor y, en un intento por ir corriendo a zambullirse en el agua, se resbaló con las chancletas de goma y se dio contra la pared. Pero se metió igual.

La política no tiene horario y sabe que, si lo permitiera, podría estar 24 horas en eso. Aunque no lo hace. Dice que sabe decir que no y que los fines de semana evita las actividades para dedicarse a su familia: mirar dibujitos, jugar, ir a pasear. Y que se banquen su malhumor cuando Peñarol pierde.

Le costó llegar a la paternidad y muchos de sus compañeros de generación ya son abuelos. Por eso, son momentos que no negocia. 

Le pesa tener más de 50 años y no hacer nada de ejercicio, no cuidar su alimentación –se define “extremadamente carnívoro”– y saber de antemano que cuando se hace exámenes sangre el colesterol y los triglicéridos se lo cobran. A veces sale a caminar por la playa y se aburre. Se aburre mucho.

Lo atrapa el cine de acción, y las series –si no son dramáticas– también. Cuando tienen muchos capítulos, las evita.

Y lee. Ahora, por ejemplo, Gracias por llegar tarde, de Thomas Friedman. Una de las ideas que el libro le dejó resonando es la necesidad de hacerse tiempo para pensar y que no hacerlo puede ser letal.

En su tiempo para pensar llega a la conclusión de que debería haber seguido estudiando, que después del IPA no hizo más nada, que tiene que acercarse más a las bases, estar en contacto con los comités y escuchar qué plantean. Escribir, elaborar conceptos y no solo ceñirse a los caracteres de Twitter.

¿Y hacia dónde va ahora? Primero se planteó estar 10 años como intendente de Canelones. Después, en 2018, coqueteó con la idea de postularse como precandidato a la Presidencia y aceptó que en el Frente Amplio manejaran su nombre como opción. Después desistió. Dice que no se sintió pronto, que no tenía las herramientas.

Ahora va por la reelección en Canelones, en una competencia que, a priori, no le muestra grandes obstáculos.

–¿Y su ambición después de esos cinco años?

–Que el Frente gane de nuevo el gobierno nacional y ser partícipe. Quiero contribuir a eso.

–¿Cómo?

–Donde me toque estar.

Mientras tanto, se va a preparar para mejorar su nivel de conocimiento de los temas nacionales e internacionales. ¿Hasta dónde llega? Como repite cada tanto, la vida lo va llevando.

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