23 de marzo de 2026 16:12 hs

Patricia tiene 29 años, vive en Madrid y la semana pasada pagó 20 euros para sentarse a cenar con cinco desconocidos. No es un castigo ni un reality show. Es Timeleft, una aplicación que organiza cenas a ciegas todos los miércoles a las nueve de la noche en restaurantes de varias ciudades del mundo. Completás un test de personalidad, un algoritmo decide con quién te sienta, y el miércoles a la mañana te dicen dónde tenés que ir. Patricia hizo match con un tipo porque los dos llegaron temprano y estaban nerviosos. No hubo romance. Se hicieron amigos. Todo bien.

Ahora mirá la misma historia desde otro ángulo. Una persona de 29 años en una de las ciudades más pobladas de Europa tiene que pagarle a una aplicación para conseguir alguien con quien cenar un miércoles. Y no es la única. Timeleft organiza diez mil cenas por mes en 275 ciudades de 60 países. Sesenta mil personas se sientan cada treinta días con desconocidos asignados por un algoritmo. Y hay lista de espera.

La noticia viene de España, donde El País acaba de publicar un informe largo sobre lo que ya llaman la "economía de la amistad": un mercado de suscripciones, apps y servicios diseñados para resolver un problema que hasta hace diez años no tenía nombre. Hoy lo tiene: soledad no deseada. Y los números dan miedo.

Una de cada cinco personas en España la sufre. Entre los jóvenes de 16 a 29 años, una de cada cuatro. El 34,6% de los que tienen entre 18 y 24 años se siente solo. Y ojo: dos de cada tres personas que están en esa situación llevan más de dos años así. No es un mal día. Es una condición crónica. El gobierno español acaba de aprobar el primer Marco Estratégico Estatal de Soledades para el período 2026-2030. Una estrategia estatal contra la soledad. La OMS, por su parte, estima que la soledad no deseada está relacionada con 100 muertes por hora en el mundo. Más de 871.000 al año. Equiparan su riesgo de mortalidad al del tabaquismo.

Uno lee esto desde este lado del Atlántico y puede pensar que es un problema europeo, de países ricos con poblaciones envejecidas. Pero seamos honestos: ¿cuántos de nosotros tenemos 500 contactos en el teléfono y no sabemos a quién llamar un martes a la noche cuando estamos mal? ¿Cuántos tenemos dos mil seguidores y cenamos solos? La diferencia es que en España lo están midiendo. Acá todavía no le pusimos número, pero el fenómeno lo sentimos igual.

Vuelvo a Timeleft. La suscripción mensual sale 19,99 euros. Un ticket suelto, 12,99. Después pagás la cena aparte, que ronda los 30 euros. Es decir: una persona gasta 50 euros por la posibilidad de hacer un amigo un miércoles a la noche. Cincuenta euros. Un amigo. O quizás no. Quizás la cena no funciona y los seis se van a la hora porque no hubo química. Pasa. En Trustpilot, la app tiene reseñas de todo tipo: gente que encontró amigos para toda la vida y gente que dice que es un timo porque faltaron dos de los seis comensales y nadie de Timeleft estaba ahí para coordinar.

Pero lo que me importa no es si Timeleft funciona o no. Lo que me importa es qué dice de nosotros el hecho de que exista. Y que tenga éxito. Y que haya lista de espera.

Lo que está pasando es la mercantilización del vínculo humano básico. Y no digo que esté mal. Digo que es raro. Digo que hace 20 años, si le decías a alguien "pagué por ir a cenar con desconocidos que me eligió un algoritmo", te miraban con preocupación. Hoy te dicen "yo también, ¿cómo te fue?". Lo normalizamos en un parpadeo.

Y acá es donde entra lo que yo llamo un acto contraalgorítmico. Porque la solución que nos ofrece el mercado es ésta: pagá y nosotros te conectamos con personas. Pero la solución real, la que no tiene modelo de negocios, es mucho más simple y mucho más incómoda: salir, hablarle a alguien, bancar la incomodidad del silencio, sostener una conversación sin garantía de que va a funcionar. Sin algoritmo que haga match. Sin test de personalidad. Sin devolución si no te gustó la experiencia.

No quiero romantizar el pasado. Sé que antes también había soledad, más invisible y probablemente más cruel. Pero hay algo nuevo acá. Hay una generación que creció con más herramientas de comunicación que ninguna otra en la historia y que se siente más sola que cualquiera de las anteriores. En España, un 87,5% de los jóvenes de 15 a 29 años experimentó soledad no deseada en el último año. Nueve de cada diez. Y la cifra sigue subiendo.

El dato más perturbador del barómetro español es este: el 64% de los casos de soledad se explican por factores del entorno, no por la personalidad de quien la sufre. No es que seas introvertido. No es que no sepas socializar. Es que el mundo que armamos no te da los espacios para hacerlo. Y cuando el mundo no te da los espacios, el mercado te los vende.

Entonces aparece Timeleft. Y Bumble BFF. Y apps para alquilar amigos por hora. Y meetups pagos. Y el mercado hace lo que sabe hacer: detecta un dolor y lo convierte en producto.

A nosotros nos queda la pregunta que no queremos hacernos: ¿cómo llegamos a un punto donde la amistad necesita intermediario? Y si la respuesta es "porque dejamos de hablar con el de al lado", entonces el problema no es la app. Es lo que hicimos con el tiempo que nos sobraba mientras scrollábamos.

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