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9 de mayo 2024 - 12:00hs

“Ser muy conscientes del carácter contingente de la vida que nos ha tocado en suerte puede inspirar en nosotros cierta humildad. Esa humildad es el punto de partida del camino de vuelta de la dura ética del éxito que hoy nos separa. Esa humildad que nos encamina hacia una vida pública con menos rencores y más generosidad”.

Esa frase conceptual, inspiradora, del profesor y filósofo estadounidense, Michael Sandel es un despertador, una alarma que resuena fuerte en medio de la rutina cuasi zombi del día a día. Una visión que encarna la necesidad de pensar y actuar más en modo de conjunto, valorando como criterio supremo el bien público o común, más que la conveniencia particular.

Subyace un fundamento clave: la situación personal de cada individuo es —al menos en un porcentaje significativo— consecuencia de las condiciones que nos han tocado en suerte. Dónde y cómo nacimos, la atención material y afectiva en nuestros primeros años de vida, la calidad de la educación recibida, en fin, una serie contextual que no elegimos, y que determina —podemos discutir el cuánto— el desarrollo de cada uno de nosotros. Asumir esa condición fortuita o contingente cuando es más favorable que el promedio, no implica una autoflagelación pero implica, a decir de Sandel, un llamado a la humildad. Esa humildad imprescindible para no caer en el tanto tienes tanto vales y a la vez, forzar un sentimiento de solidaridad que desemboque en mayores niveles de felicidad pública.

Por supuesto que a raíz de este abordaje pueden dispararse “n” derivadas. Cuando pensamos, construimos u opinamos sobre una política pública relevante, creo que es ineludible ser conscientes de este aspecto. Bañarnos en ese tipo de humildad para comprender las posiciones de privilegio relativo que cada uno pueda ostentar y así poder trascender, mirar más allá de nuestra realidad, lo que implica superar la máxima de si tal o cual alternativa nos favorece más o menos en lo individual como motivo central de apoyo o rechazo.

Cuando una parte relevante de la sociedad propone acciones, en el ejercicio pleno de los derechos que otorgan nuestros instrumentos de democracia directa, lo primero es entender empáticamente que en general es una consecuencia sobre una disconformidad de esa parte de la sociedad. La reforma propuesta por el PIT-CNT para introducir parámetros relevantes del sistema de seguridad social en la Constitución de la República puede ser un ejemplo de ello. Sin pretender agotar aquí el intercambio ni entrar en la discusión técnica, creo relevante invitar a la reflexión a la luz de las propuestas y de sus impactos económicos.

Estos últimos, rigurosos y objetivos, han sido por demás concluyentes. La reforma propuesta es conservadora y regresiva.

Conservadora porque trata de proteger un status quo de privilegio relativo, privilegia a los sectores de la población donde la pobreza incide notoriamente menos y en las que sus consecuencias son infinitamente menores.

Regresiva porque:

a) Beneficiaría casi en exclusividad (por criterio de edad de retiro) a aquellas personas que pretendan retirarse a los 60 años, con 30 años de aportes, un segmento pequeño de la población que ha tenido una historia laboral formal y continuada en suerte.

b) Regula en la Constitución cómo se fijarán y evolucionarán las jubilaciones, pensiones y otras prestaciones que serán ajustadas por la evolución del salario mínimo nacional. Además de ser una variable discrecional de quien ejerza el Poder Ejecutivo en cada turno, como prevee que cada prestación se fije como mínimo de este modo, es probable que termine beneficiando a quienes tienen más de una prestación, incluso a aquellos que tienen prestaciones de privilegio relevantes, financiadas por la sociedad.

c) Como se espera que estas medidas tengan un notorio impacto en las finanzas del sistema, las mismas deberán financiarse con mayor presión fiscal. Por tanto, se deberán aprobar incrementos significativos de impuestos y/o contribuciones, que recaerán en gran medida sobre la porción activa de la población, afectando el poder adquisitivo y los niveles de empleo. Además, frente al desafío demográfico de cada vez menos nacimientos, esta carga recaerá sobre un número menor de personas. Más presión sobre menos personas. Aún si hubiera un reservorio de recursos sobre el cual incrementar los aportes tributarios, estos deberían destinarse a los sectores menos favorecidos de la sociedad: infancia, adolescencia, hogares monoparentales.

d) Propone eliminar la posibilidad del ahorro individual previsional, incorporando a las arcas del BPS los ahorros de miles de trabajadores que financiarán su retiro futuro para el pago de prestaciones presentes. Y en ese pasaje, de casuística variada, es posible que esas cuentas de ahorro individual terminen financiando prestaciones de terceros que no han hecho suficientes aportes en su vida activa para recibir tales montos.

Frente a un planteo de estas características debemos interpelarnos. Un planteo que además tiene riesgo de impacto en la imagen internacional del Uruguay, confianza que es un activo hiper relevante que nos permite financiarnos con el menor costo de toda América Latina.

¿Qué se está priorizando?, ¿qué sociedad estamos construyendo?, ¿en base a qué criterios estamos decidiendo distribuir los recursos escasos?, ¿con qué derecho la generación élite que toma decisiones lo hace hipotecando el futuro de miles?, ¿de qué manera nos acercamos a construir el bien común contribuyendo a la máxima felicidad pública posible?

No tengo dudas de que es asumiendo la responsabilidad generacional que nos toca, pensando en quienes vendrán, en quienes no logran crecer y desarrollarse en condiciones adecuadas, en quienes merecen, porque el carácter contingente de la vida les ha guardado los peores números, toda nuestra atención y esfuerzo colectivo.

Temas:

Reforma de la seguridad social Plebiscito seguridad social Pit-Cnt

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