Días atrás, en el programa Desayunos Informales (Canal 12) estuvo entrevistado el exdirector de la Policía Nacional Mario Layera, actual asesor en seguridad de Yamandú Orsi. En un pasaje de la entrevista, el periodista Nicolás Batalla señaló que la actual administración hacía caudal de un aumento de la lucha contra las “bocas” de venta de droga. Allí Layera respondió que “Bueno, para mí es un grave error (…) porque se destinan demasiado recursos para comenzar a estudiar un tema, es decir, a investigar un tema por las hojas para llegar a un tronco. En realidad, si, es decir (sic). Con el presupuesto y los recursos que tiene nuestro país, con los problemas que tiene en la frontera, bueno, ahí nosotros tenemos que ir, porque el producto que nos está afectando y que se reutiliza que generalmente es la pasta base y la cocaína, en realidad nos viene de afuera, entonces nosotros, hay intermediarios, es decir hay personas que no se ven. Hay personas que están mezcladas en otros sectores no en la parte más vulnerable de la sociedad donde está el microtáfico, donde son cooptados. Esos son los que dirigen, esos los que integran el crimen organizado, eso son los que tienen el poder de corromper”.
Las palabras de Layera son consecuentes con su accionar cuando estuvo al mando de la Jefatura de Montevideo y luego de la Dirección de la Policía Nacional. Al parecer no consideran relevante la lucha contra las bocas de droga, por eso desarticularon las Brigadas antidrogas de Montevideo y Canelones. Y a partir de allí las bocas proliferaron en todos los barrios.
Hay en los comentarios de Layera una posición ideológica frente al narcotráfico. Propone como antinómico y excluyente la lucha contra el narcomenudeo con el gran narco. Ese es el error de la izquierda que como dijimos llevó a la proliferación de las bocas en los barrios uruguayos. Hay que dar las dos guerras.
Pero véase una frase que desnuda esa visión indulgente y tolerante con el microtráfico: “hay personas que están mezcladas en otros sectores no en la parte más vulnerable de la sociedad donde está el microtáfico, donde son coptados (…)”.
Hay que ser claros: el microtráfico no está en los sectores más vulnerables. Que digan los vecinos si en su barrio - vulnerable o, no vulnerable- no hay una boca. Esa es una de las dos falacias que
usa la izquierda para edulcorar su buenismo penal. La primera falacia es que hay que enfrentar el gran narcotráfico y no el micro, como si el micro, se autogenerara la mercancía y no fuera otra cosa que la distribución minorista de la droga que queda en el mercado y que no sigue a Europa. Hay que enfrentar las tres escalas: micro, macro y micro-macro como lo definen las autoridades a los distribuidores.
Este Gobierno tuvo que luchar contra esa lógica y reabrió las brigadas antidrogas de Montevideo y Canelones y de ese modo se permitió a la Dirección Nacional (Dirección General de Represión al Tráfico Ilícito de Drogas) abordar el mediano y gran narcotráfico. Esta política tuvo los mejores resultados de los últimos años y ha sido reconocido por la DEA.
Además en esta Administración participó en Fiscalía General de la Nación para priorizar el delito de microtráfico -que no lo estaba- y (donde se opuso el gremio de Fiscales).
Pero más allá de lo dicho y lo hecho antes, preocupa -porque reafirma todo aquello-, lo que se propone en la secuencia de “bases programáticas”, “avances” y “medidas” programáticas que tan desconcertada tiene a la Senadora Nane.
El 25 de agosto el Frente Amplio presentó lo que supuestamente era el “Plan”, pero no “el Plan”, era un “Avance”. Pero había algo escrito y en un pasaje en el capítulo de seguridad se establecía: “el abordaje del microtráfico se hará integralmente considerando sus aspectos criminales, pero fundamentalmente sus causas e impactos sociales en las comunidades y familias”. Aquí está la madre del borrego. Una y otra vez hemos escuchado a la izquierda -en particular a la izquierda más radical, casi que santificar el narcomenudeo en los barrios. Porque le introducen elementos de exclusión y cuestiones de género. No es raro escuchar a los radicales de izquierda defender este tipo de “negocios” asignándole casi una cuestión “familiar”. ¿Cuáles son los impactos sociales en las comunidades? ¿Y en las familias de quién? ¿De quienes tienen la boca o de quienes son las víctimas de la boca? Se plantea que las bocas son administradas por mujeres porque los hombres suelen estar presos y que ellas deben afrontar el negocio “familia” y allí cae alguna “abuelita”. ¿Y qué le decimos a la abuela que el nieto o el hijo le robaron las cosas para comprar pasta base? ¿Qué le decimos a esas “abuelitas de 40 años” que venden veneno a hijos de otras madres y abuelas? El “género” es solo para proteger a los que delinquen? ¿Y la víctimas? ¿Y las niñas, niños y adolescentes que están en contacto con esas bocas? ¿Y la Trata? ¿Por qué un barrio tiene que tolerar una boca? Porque en definitiva eso dicen: para luchar contra las bocas tienen que estudiar “fundamentalmente sus causas e impactos sociales en las comunidades y familias”.
¿Qué Impactos? El único impacto es que cuando se cierra una boca el delito conexo desciendo cerca del 20%. La visión indulgente con las bocas es una visión “frutillita” de la seguridad como bien la definió Mario Bergara en el año 2019. Pero la visión sigue al día de hoy en los documentos del Frente Amplio.
Esta Administración es la que apuesta por seguir de la mano de Álvaro Delgado buscando recuperar “el barrio” como “espacio cultural, de intercambio y de convivencia”. Y no le temblará el pulso en ejercer la autoridad para restablecer el orden. De hecho proponemos seguir combatiendo las bocas, tapiando y recuperando viviendas incluso para devolverla al sistema formal del marcado de vivienda; atacar a los grupos organizados que resultan más violentos, creando un delito nuevo, aumentando la pena por integrar esos grupos, asilándolos del territorio para que pierdan influencia, ampliar el patrullaje de la guardia republicana e iniciar un proceso de “dronización de alto impacto” con drones de última generación capaces de interactuar con cámaras e inteligencia artificial para tener respuestas inmediatas, en espacios de cuadrantes y conectarlos con el Centro de Comando Unificado para acelerar los tiempos de respuesta así como con la capacidad de recabar evidencia.
En paralelo, y a partir de la reducción de la violencia, a esta respuesta de seguridad, “el barrio” deberá recibir el abordaje de todo el resto del Estado de modo de recuperar y estimular valores positivos y enfrentar los disvalores que durante quince años se debió afrontar, como el pobrismo, la entrega educativa a los gremios, el mero asistencialismo y una enorme decadencia de la cultura del trabajo que era propiciada por las más altas magistraturas del país.
La abuelita que vende droga no es una víctima, no sean cínicos.