31 de julio de 2024 5:00 hs

La decisión del “comando” de Orsi, por la cual se comunicó que el candidato opositor no participará en eventos donde intervenga más de un candidato de la Coalición, tiene varias significaciones.

La primera es que, al parecer, el candidato no es quien resuelve su agenda, sino su “comando”. Si bien es cierto que en una campaña electoral el grupo que asesora al candidato tiene un rol importante, nunca podría sustituir su voluntad. Por tanto, la comunicación de que es el “comando” quien resuelve supone una degradación inaceptable -pero que evidentemente fue aceptada- del parecer del candidato. Si no fuera así, y si hubiera intervenido el candidato en la decisión, pero no lo expresa, sería una demostración de falta de autoridad de quien pretende ser Presidente.

Una segunda significación, y la más importante a mi criterio, es que la decisión del candidato Orsi es tremendamente antidemocrática. Cuando Orsi rechaza compartir panel con más de un candidato está rechazando a los representados por los candidatos excluidos, está rechazando a los uruguayos que tienen una definición política diferente y que tienen el derecho a ver el contraste político. Orsi parece recluirse en “sus” representados, renunciando a la posibilidad de convencer a otros uruguayos que, de ante mano, podían estar orientados a otra decisión.

Consecuentemente se abre otra significación. No tengo elementos para pensar que Orsi sea antidemocrático (más allá de su pasaje por el Movimiento de Liberación Nacional –Tupamaros), por lo que tiendo a suponer que su decisión -que es la antidemocrática- no tiene carácter “político” sino estratégico-electoral. Si así fuera, si la apuesta fuera por adelantar el proceso de segunda vuelta, “renunciando a noviembre” y poniendo toda la carne en el asador para octubre, parece ser una estrategia equivocada, entre otras cosas porque “hay noviembre”. La implicancia de “adelantar” el ballotage también supone un desconocimiento democrático. La misma implica quitar al debate político -por su exclusiva voluntad- argumentos que son tan representativos y legítimos como los de él. Por supuesto que nadie desconoce el peso relativo de las fuerzas políticas, pero a la hora de la discusión pública, del debate, lo que vale es el peso de los argumentos. Será luego el elector quien seleccione y pondere, pero no debería hacerlo uno de los candidatos. Además, al plantear falsamente ese “adelantamiento” desconoce a los uruguayos que aún no tienen definición. Su decisión supone un abroquelamiento que divide a los uruguayos en dos bandos y, por tanto, constituye una apuesta “grietista”, bien distinta a la actitud “puente” que ofrece Álvaro Delgado con una fórmula que integra a quienes provienen de otra sensibilidad política.

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En el mismo sentido, el hecho de “vetar” a otros integrantes del sistema político arguyendo un “desequilibrio” de las exposiciones desconoce la realidad política uruguaya. Es como si en nuestras Cámaras parlamentarias se pretendiera limitar la palabra en criterios de mitades. Nunca se hizo. Nadie se atrevió a hacerlo.

Otra significación podría ser que estemos ante una estratagema para evitar el debate por carencias argumentativas. Según algunos analistas estaríamos ante una estrategia de ocultamiento, una suerte de “operación Copperfield” para evitar seguros traspiés en caso de mayores exposiciones públicas. Si así fuera, obviamente sería una legítima estrategia electoral pero una invalidante actitud política. ¿Cómo, quien pretende ser el primero de los uruguayos, puede rehuir el debate público? ¿Qué debe pensar el elector respecto a quien teme el contraste de sus ideas?

Ha quedado repiqueteando en mi mente una entrevista que le hizo para El Observador el comunicador argentino Alejandro Fantino, quien le preguntó a Orsi sobre nada más y nada menos que su posición sobre la religión. Este suele ser un punto clave, no porque considere que hay que tener una postura determinada, pero siempre pensé -junto a millones de personas y desde el comienzo del mundo- que tener una posición sobre si existe Dios -o no- es algo importante. El diálogo fue el siguiente:

Fantino: “¿Y vos dónde estás parado con la religión? ¿Qué sos vos? ¿Sos agnóstico? ¿Sos ateo?”.

Orsi: “Vos sabés que soy agnóstico, me parece”.

La aspiración presidencial no debería admitir la “gelatinosidad” en numerosos temas. Y los uruguayos tienen derecho al contraste de todos sus candidatos, sin que los calculismos electorales hagan perder a la política su razón de ser.

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