Desde hace cuatro años he visto con cada vez más frecuencia noticias que me han resultado inquietantes. Orcas que la emprendían a golpes contra embarcaciones, causando incluso naufragios. Que los cetáceos son seres muy inteligentes es algo ya conocido. Que tienen un lenguaje y que entre ellos se comunican también se sabe. Cuando yo era pequeño se veían con frecuencia toninas incluso en Atlántida, tanto más en el este. Y solía decirse que en ocasiones salvaban de ahogarse a bañistas incautos. Con el paso del tiempo su presencia fue menguando. Hoy ver toninas es algo ocasional, aunque si parece aumentar la presencia de las ballenas, cuya caza solamente mantienen unos pocos países empeñados en sostener unas tradiciones que algún día ojalá queden en el recuerdo.
En el Parque Nelson, como se llamaba en aquel entonces la cancha de Rampla Juniors, recuerdo claramente la impresión que me causaban los barcos balleneros que reposaban detrás de un arco, el “del Varadero”, jubilados de la oprobiosa tarea de matar y descuartizar ballenas, que supieron iluminar las noches de Nueva York antes de que la energía fósil sustituyera una forma aún más infausta de energía, la de la grasa de las ballenas. Tal vez esas fuertes impresiones de mi niñez me permitieron leer de punta a punta el maratónico clásico Moby Dick de Herman Melville. La larga trayectoria de nuestras vidas intentando capturar nuestros esquivos objetivos, probablemente sin un éxito definitivo.
Por eso cuando empezaron a aparecer noticias de ataques de orcas a embarcaciones en el sur de Europa, no podía evitar que una sucesión de hipótesis acompañara esa información. ¿Era una tardía venganza por la matanza durante siglos de sus congéneres? ¿Era acaso una rebelión contra la muerte de los corales que está provocando el calentamiento global? ¿Una respuesta a las toneladas de plástico que cada día llegan a los océanos del mundo?
Lo cierto es que, desde hace cuatro años, las orcas han estado embistiendo y hundiendo yates de lujo en aguas europeas, y los científicos han luchado por descubrir por qué estos animales inteligentes y sociales habían aprendido este nuevo y destructivo accionar. Y efectivamente no. No se debe a una agenda anticapitalista de “comerse a los ricos”, ni a una rebelión ecologista de las orcas contra el calentamiento o los plásticos.
Y la causa tiene que ver con nosotros, el comportamiento de mamíferos adolescentes. Porque se trata en definitiva de travesuras. La verdad es que, bueno, lo de las orcas es un juego de niños.
Después de años de investigación, un equipo de biólogos, funcionarios gubernamentales y representantes de la industria marina han publicado sus hallazgos sobre por qué un grupo particular de Orcinus orca ha desarrollado esta actitud destructiva. Y resulta que las orcas, juveniles, sólo quieren divertirse. El informe revela que una combinación de tiempo libre, curiosidad y alegría natural ha llevado a las orcas jóvenes a adoptar esta "tendencia" de chocar contra botes. Y, salvo para los propietarios de las embarcaciones, los ataques son una buena noticia.
En los últimos años, una recuperación de la población de atún rojo en la región ha sido una victoria para un grupo de unas 40 orcas ibéricas en peligro crítico de extinción que se alimentan exclusivamente de peces grandes. Esto ha significado que han reducido el tiempo que dedican a buscar comida, dejando espacio para otros "pasatiempos".
"Además, el cambio climático podría estar influyendo, provocando que estos atunes estén en el Golfo de Cádiz de forma continua y no estacional", señalan los científicos. "Esta abundancia durante todo el año significa que parece que ya no es necesario que los cetáceos persigan a todos los peces que encuentran".
Al analizar los datos recopilados de orcas individuales y a través de la observación, los científicos descubrieron que los "ataques" a los barcos generalmente involucraban a un par de animales a la vez, de un grupo central de 15 que hasta ahora han sido observados jugando con los barcos. Pero estos 'ataques' son todo lo contrario, al menos desde la perspectiva de las orcas.
La mayoría de los 15 eran jóvenes y adolescentes machos, los "más curiosos y exploradores" de una población de orcas, lo que sugiere que lo que comenzó como un juego de golpes de cabeza con los timones de los barcos se ha intensificado a medida que los animales crecieron. El equipo señala que este comportamiento de golpe del timón se observó alrededor de 2017, pero las interacciones no resultaron en ningún daño al barco. Ahora que las orcas son más grandes, su juego se ha vuelto mucho más fuerte.
Y no se ha visto a ninguna orca mayor de 25 años (cuando los machos son adultos) participando en estas acciones. Los científicos sospechan que las orcas más jóvenes han visto a sus hermanos mayores jugar con los timones y luego copiarlos. El juego es por ahora solo de las orcas macho. Se han visto algunas hembras, pero lo más probable es que estén allí solo para cuidar a los niños.
Como otros mamíferos adolescentes, los humanos, estos comportamiento se vuelven “moda”.
Así entre los investigadores fue famoso un caso en 1987 cuando se observó a una orca hembra en el Océano Pacífico llevando un salmón muerto en la cabeza; Al cabo de dos meses, las orcas de su manada y otras dos también llevaban “ salmones de sombrero”.
Algunas poblaciones también pueden desarrollar “modas” de comportamiento inusuales y temporales y otras idiosincrasias que no parecen servir a ningún propósito adaptativo obvio, ha explicado el Grupo de Trabajo de Orcas del Atlántico (GTOA) informa que ha habido 673 "interacciones" entre los animales marinos y las embarcaciones desde 2020, y al menos cuatro barcos se hundieron.
Un acionar que ha causado hasta asombro. Hace apenas dos semanas, un número desconocido de orcas, también conocidas un poco menos favorablemente como orcas, embistieron repetidamente el yate Alborán Cognac de 49 pies (15 m) en el Estrecho de Gilbraltar, entre España y el norte de África. Después de que un petrolero rescatara a los pasajeros y la tripulación, observaron desde lejos cómo el yate se hacía agua y pronto desaparecía bajo la superficie. La venganza de Moby Dick, pero era solo un juego. Cualquier coincidencia con adolescentes humanos…. no es mera coincidencia.