14 de agosto de 2026 12:42 hs

Uno es el economista de 2024. Lúcido, prolijo, con un diagnóstico que casi nadie discutía: Uruguay llevaba una década creciendo apenas por encima del 1% anual y eso era un problema. Una década de “desempeño pobre”, según sus propias palabras.

El otro es el ministro de Economía de 2026. Y acaba de chocar de frente con el primero. En 2024, Oddone lo decía con todas las letras: Uruguay necesitaba crecer por encima del 2,5% anual para dejar atrás aquella década de bajo crecimiento. Y tenía la receta: productividad, apertura, competencia, inversión, tecnología, capital humano, reformas, un Estado moderno.

Un diagnóstico serio. El que muchos hubiéramos firmado. El problema es que ya no está para escribir el diagnóstico. Está para resolverlo. Y ahí aparece el segundo Oddone: el que gobierna, no el que opina. A fines de febrero, su propio Ministerio de Economía todavía proyectaba 2,2% de crecimiento para 2026. Hoy esa estimación está en 1,6%.

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Y ahora apareció el número que seguramente más incomoda: CPA Ferrere —la consultora de la que fue socio durante años— proyecta apenas 1%. No hace falta afirmar que CPA Ferrere acertará y el MEF se equivocará. Las proyecciones se revisan. Es parte del oficio. Lo difícil de revisar es la ironía.

Ese 1% se parece demasiado al crecimiento que el propio Oddone utilizaba hace apenas dos años para describir una década de desempeño pobre. Pero hay algo todavía más curioso. Ya como ministro, cuando le recordaron que Uruguay había crecido 1,1% promedio durante la última década y le preguntaron cómo podía proyectar ahora un crecimiento promedio de 2,4%, Oddone respondió que esa comparación partía de una “mirada errónea”.

Es interesante. El mismo 1,1%. Dos Oddone. Dos maneras de mirarlo. Desde afuera del gobierno era la demostración de que Uruguay tenía un problema de crecimiento. Desde adentro, recordar ese mismo antecedente para cuestionar las proyecciones oficiales pasó a ser una mirada equivocada.

El ministro está empezando a ser medido con la vara que puso el economista. Y por eso, cuando desde afuera del gobierno le cuestionan los números, la discusión tiene algo más que una diferencia técnica. Es su propio pasado devolviéndole la pregunta.

Y ojo: esta vez no somos los colorados. No son los blancos. Son los economistas de la consultora en la que trabajó durante años.

Alfonso Capurro fue incluso más lejos. Sobre la posibilidad de alcanzar el crecimiento previsto por el gobierno dijo: “Matemáticamente no tenemos chance”.

Mientras tanto, hay algo que ningún informe del MEF puede captar del todo. La gente no vive adentro de una planilla de Excel. La gente sabe si consigue trabajo. Si el sueldo le alcanza a fin de mes. Si puede ahorrar. Si puede invertir. Si puede progresar. O si simplemente está quieta, viendo pasar los años sin sentir que avanza.

Y quizás ahí esté el problema político más importante. Mientras el gobierno y los economistas discuten si Uruguay crecerá 1%, 1,3% o 1,6%, para mucha gente esa discusión tiene una palabra bastante más sencilla: estancamiento.

El Oddone de 2024 entendía mejor que nadie que crecer alrededor del 1% no era suficiente para el Uruguay que decía querer construir. El Oddone de 2026 tiene ahora el desafío más difícil de su carrera: demostrar que aquel economista no solo sabía diagnosticar el problema. Que también sabe resolverlo.

Porque, por ahora, hay una paradoja difícil de ignorar: los números empiezan a darle la razón al Oddone de 2024. Y a complicarle la vida al Oddone de 2026.

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