Quien quiera oír que oiga. Por si a alguno le quedaban dudas, Luis Lacalle Pou demostró este domingo en la Plaza Matríz por qué es quien es. El único líder de los blancos, el más popular de los nacionalistas no solo porque lo marquen las encuestas, aprovechó su discurso en la celebración de los 190 años de su partido para echar un poco de bálsamo en estos tiempos de griterío, insultos e intolerancias varias cometidas por sus opositores y por sus propios compañeros.
Más de un nacionalista debe haberse sentido interpelado cuando dijo: “Siempre que alguien no puede sostener sus ideas o no las sabe expresar, recurre al agravio. Flaco favor le hacemos a la política si termina siendo un concurso de egos. Si no podemos resolver las cosas de la gente, por lo menos tengamos respeto. Esto no significa callarse la boca, pero es tener claro quiénes somos y a dónde vamos”.
“Si no podemos resolver las cosas de la gente por lo menos tengamos respeto”. Lo escribo otra vez porque, paradojicamente, resulta increíble que algo tan sencillo de entender –la gente está harta de buena parte de la clase política y no merece que los gobernantes escondan sus ineficacias con puro barullo– merezca ser rescatado.
“Suave con las personas duros con las ideas. ¿Alguien cree que uno puede unir en el gobierno si llegó dividendo en una campaña electoral o en su vida política? Nadie. Por eso no hay que curar heridas, hay que no lastimar". Esto, dicho en otras oportunidades por Lacalle Pou, suena con un sentido particular en estos tiempos en los que la oposición está siendo impiadosa con el presidente Yamandú Orsi, azuzada también por el propio mandatario que ha patinado con renovadas ganas.
Para aquellos que se ilusionaron con un Lacalle Pou que, a diferencia de lo dicho y hecho en su primer gobierno, arremetiera con un discurso liberal a ultranza, el expresidente los bajó a tierra. “Me he vuelto menos ortodoxo con el tiempo. Qué lindo ser ortodoxo cuando alguien no tiene laburo, no tiene casa, no tiene salud. Entonces, la libertad tiene que estar vinculada al concepto de que la justicia es tratar desigual a los desiguales”.
Sacado de contexto, ese párrafo podría representar el pensamiento de un "zurdo" (así lo calificaron algunos de los desencantados que por estas horas gritaron en las redes sociales. Pero Lacalle Pou ya había dicho allá por diciembre de 2024, cuando aún era presidente, que le estaba “gustando” que le dijeran “tibio”. “Creo que hoy el coraje está en el centro, no en los extremos", dijo el líder nacionalista.
O sea, si algún político u outsider uruguayo quiere recorrer un camino parecido al de Javier Milei en Argentina, el líder blanco le dejó ese carril libre.
En su discurso, Lacalle ni siquiera mencionó al gobierno del Frente Amplio. Un "blando", dirán los que están acostumbrados a tirar piedras al techo ajeno. Pero los belicosos le han sido funcionales al Frente Amplio, que aprovecha la postura desaforada de buena parte de la oposición para justificar que, encima que tiene que navegar por aguas encrespadas, blancos y colorados se la hacen más difícil de lo que ya es.
Tras el discurso “tibio” de Lacalle Pou, el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira respondió: “Creo que hay una lógica, que es que Lacalle luce mejor en la tribuna cuando habla, cuando se expresa, cuando comunica y en la cancha tuvo resultados muy negativos. (…) Probablemente, Yamandú Orsi no luzca tan bien en la tribuna pero en la cancha gobierna mejor".
En otras palabras, a Pereira no le quedó más remedio que decir que Lacalle es un buen comunicador y agregó que, quien es el único líder uruguayo con signo positivo en las encuestas de popularidad, “tuvo malos resultados” en su gestión, y que Orsi, con unos niveles de impopularidad alarmantes, no luce bien en la tribuna pero “gobierna mejor”. Al Frente, la "tibieza" opositora no le sienta bien.
En definitiva, sin recurrir, en apariencia, a grandes definiciones, Lacalle Pou marcó lo que, según él debe ser el comportamiento de los nacionalistas por lo menos hasta la campaña electoral porque, ya se sabe, por esos días todo se desmadra y hasta el más medido se puede poner nervioso.
El expresidente observó además que existen diferencias entre el poder que surge de las urnas y “la autoridad” que, dijo “es mucho más abstracta cuando se concede”.
“La autoridad tiene componentes que no necesariamente tiene el poder. Hay un lazo, un vínculo, la autoridad es intelectual, es moral, y sobre todo, afectiva. Si algo que me queda claro hoy en día, es que no se puede ejercer bien el poder si antes no se tiene autoridad”, advirtió.
En el comportamiento futuro de los blancos se conocerá cuánta autoridad tiene Lacalle Pou sobre los suyos. Quien quiera oír que oiga.