“Hoy la doctora Gabriel Fossati inaugura el puente y empieza a mostrar que esta coalición de gobierno tiene una identidad propia que va más allá de los partidos”, dijo el viernes 5 Andrés Ojeda quien unos días antes se había quedado con la candidatura presidencial colorada en las elecciones internas.
El puente al que aludió Ojeda fue el que permitió, con una rapidez inusitada, transitar a la exfiscal desde el Partido Nacional –al que se había afiliado a fines de noviembre pasado- hacia el Partido Colorado. Fosatti explicó ese trasiego mencionando un nombre que se ha convertido en mala palabra para algunos blancos que amenazan con seguir el mismo camino. Porque la nominación sorpresiva de la exsindicalista Valeria Ripoll como compañera de fórmula de Álvaro Delgado abrió una especie de portal dimensional entre las divisas tradicionales que Ojeda espera aprovechar.
"Conozco muy bien las estrategias de los comunistas y gremialistas. Se infiltran y destruyen. Conquistan con facilidad", dijo Fosatti expresando su desconfianza hacia la exsecretaria general de Adeom e integrante del Partido Comunista.
Con palabras parecidas, pero no tan exageradas y conspiranoicas, otros dirigentes blancos se han expresado pública o privadamente acerca de la decisión de Delgado que, entre otras cosas, supuso desechar la posibilidad de que la precandidata del Herrerismo y de Alianza Nacional, Laura Raffo–quien salió segunda en la contienda interna muy por debajo de Delgado- ocupara el lugar con el que el exsecretario de la Presidencia premió a Ripoll.
El malestar se extendió primero por esos sectores pero alcanzó incluso a blancos que apoyaron a Delgado y todavía no es posible dimensionar si la indignación se expresará en las urnas en el próximo octubre.
Por lo pronto Ojeda espera con los brazos abiertos en la otra punta del puente y está sembrando entre los suyos la expectativa de destronar al Partido Nacional del lugar que ya parecía tener ganado de acuerdo a las encuestas.
¿Es posible tamaña hazaña electoral por parte de Ojeda? Al candidato colorado se le abrió la ya mencionada puerta que Ripoll dejó entreabierta entre un lema y otro, y las nuevos afiches promocionales del abogado mediático lucen un llamativo “El nuevo presidente” donde las palabras se dividen entre los colores celestes y colorados.
El llamador cromático dirigido al partido que lidera Luis Lacalle Pou –en el que Ojeda ve a uno de sus principales referentes políticos- es evidente.
La oportunidad de Ojeda de revitalizar a su alicaído partido también es una responsabilidad que lo obliga, por lo menos, a alcanzar en octubre de 2024 el 13% obtenido por Ernesto Talvi en el octubre de 2019. Porque, entre otras cosas, Talvi se encontró con algunas dificultades que Ojeda no enfrentará. Por ejemplo, tuvo que lidiar con el ascenso imparable de Luis Lacalle Pou en su esplendor y con la novedad de un Cabildo Abierto que se comió buena parte de la torta electoral.
En cambio, Ojeda tendrá como adversario en el Partido Nacional a un Álvaro Delgado que carece del liderazgo y la enjundia del actual presidente y que, como fue dicho, eligió tirar arriba de la mesa la sorprendente carta de Ripoll que nadie puede descartar que lo ayude a desplegar su juego del “nuevo paradigma” pero que también supone un riesgo para la partida de octubre, y si la vadea, para la de noviembre.
Además, el pujante Cabildo Abierto de 2019 se parece poco al de hoy, disminuido en las encuestas y con importantes problemas internos.
Por lo pronto Ojeda espera con los brazos abiertos en la otra punta del puente y está sembrando entre los suyos la expectativa de destronar al Partido Nacional del lugar que ya parecía tener ganado de acuerdo a las encuestas. Por lo pronto Ojeda espera con los brazos abiertos en la otra punta del puente y está sembrando entre los suyos la expectativa de destronar al Partido Nacional del lugar que ya parecía tener ganado de acuerdo a las encuestas.
Riesgo "calculado"
Fuentes cercanas a Delgado dijeron a El Observador que la pérdida de votos blancos en octubre a favor de Ojeda es un riesgo que el candidato nacionalista reconoce. “Se trata de un riesgo calculado. Lo que no puede ocurrir es que la fuga nos complique la obtención de una bancada parlamentaria importante. Eso para empezar. No se nos ocurre la posibilidad de no llegar al balotaje”, dijo uno de los operadores nacionalistas.
Una de las contras de Ojeda es que arranca desde un piso más bajo del que se impulsó Talvi. En 2019, el excanciller le ganó las internas al expresidente Julio Sanguinetti obteniendo 97.500 votos de los 181mil que sacó el partido. El pasado domingo, Ojeda se quedó con 40 mil de las 100 mil adhesiones coloradas.
El abogado se juega buena parte de su futura suerte a una especie de disolución de las fronteras con el nacionalismo y a mostrar su rostro moderadamente joven y atractivo.
El llamador cromático dirigido al partido que lidera Luis Lacalle Pou –en el que Ojeda ve a uno de sus principales referentes políticos- es evidente. El llamador cromático dirigido al partido que lidera Luis Lacalle Pou –en el que Ojeda ve a uno de sus principales referentes políticos- es evidente.
Fuentes del comando de Ojeda dijeron al periodista Santiago Soravilla de El Observador que los nuevos carteles promocionales del candidato apuestan a “una estética de Netflix” para mostrar a un postulante “despartidizado, moderno y novedoso”.
En los poco más de tres meses que median hasta las nacionales de octubre podremos ver buena parte de la película que protagonizará este nuevo candidato colorado que no duda en declarar que tiene ganas de volver a enamorarse ni en mostrar los músculos ganados en el gimnasio que exigen al máximo la resistencia de sus camisas.
Sus pretensiones de dar una inesperada sorpresa en octubre dependen en buena parte de la fortaleza de ese puente invisible que precisa de un tránsito abundante para llevarlo en coche a un balotaje con la izquierda, cuya derrota lo obsesiona más que cualquier triunfo propio.