2 de mayo de 2026 5:25 hs

Un ejercicio de simulación incluido en el último Informe de Política Monetaria del Banco Central (BCU) estimó la suba del precio internacional del petróleo tendría un impacto acotado pero relevante sobre la inflación en Uruguay, al tiempo que afectaría negativamente la actividad económica.

El análisis considera un escenario en el que el precio del petróleo se mantiene a junio de 2026 un 55% por encima de los niveles previstos antes del conflicto en Medio Oriente.

Para estimar estos efectos, el BCU combinó modelos de corto plazo —que captan el impacto inmediato del shock sobre la paramétrica de combustibles de Ancap y la trayectoria del tipo de cambio— con un modelo macroeconómico que simula su transmisión al resto de la economía.

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Bajo ese supuesto, el impacto en el corto plazo sobre la inflación sería de 0,58 puntos porcentuales acumulado hasta el sexto mes del año, a través de mayores precios de combustibles y su traslado a otros costos.

A más largo plazo, el efecto se amplifica. Según la simulación del modelo macroeconómico del BCU, el shock se traduciría en un aumento de aproximadamente un punto porcentual en la inflación al cabo de cuatro trimestres. Este incremento se explica principalmente por el encarecimiento de los bienes importados, que eleva los precios transables de la economía.

El informe también señala que el impacto sobre la actividad sería negativo. El encarecimiento de insumos importados reduciría el consumo y la inversión, lo que derivaría en una caída acumulada del producto de 0,7 puntos porcentuales en el mismo horizonte. A esto se suma la respuesta de la política monetaria, que tendería a subir la tasa de interés para contener las presiones inflacionarias, reforzando el efecto contractivo.

En cuanto a los distintos componentes de la inflación, el BCU estima que el mayor impacto se concentraría en los precios transables, que aumentarían 1,6 puntos porcentuales en cuatro trimestres. En cambio, los precios no transables mostrarían una reacción limitada, en un contexto de expectativas de inflación que se mantienen alineadas con la meta oficial.

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El ejercicio se da en un contexto de elevada incertidumbre internacional, marcado por tensiones geopolíticas que han impulsado al alza los precios de la energía. Si bien el informe considera este escenario como un shock de oferta relevante, también sugiere que sus efectos sobre la inflación local serían moderados y dependerán, en gran medida, de la evolución de las expectativas y de la respuesta de la política económica.

En su escenario base –el de mayor probabilidad al momento de realizarse las proyecciones-, el BCU asume que el impacto del conflicto en Medio Oriente será acotado en duración y magnitud, aunque reconoce un nivel de incertidumbre mayor al habitual.

Para Uruguay, el shock externo implicaría un menor dinamismo de la actividad en 2026, con una recuperación posterior hacia tasas de crecimiento más cercanas a su tendencia. En paralelo, la inflación mostraría una aceleración inicial, alcanzando un máximo hacia comienzos de 2027, aunque dentro del rango objetivo, para luego converger gradualmente hacia la meta del 4,5%.

Escenarios alternativos: más inflación si sube el petróleo, menos si cae el dólar

El informe también presenta dos escenarios alternativos. Por un lado, se considera un escenario más adverso en el que el conflicto en Medio Oriente se prolonga y se intensifica, lo que genera un aumento mayor y más persistente del precio del petróleo derivado de daños a la infraestructura y de eventuales disrupciones en rutas claves como el estrecho de Ormuz y eventualmente el estrecho de Bab el-Mandeb.

En ese caso, el shock de oferta sería más fuerte que en el escenario base, elevando los costos de producción y los precios de los bienes importados. Esto se traduciría en una inflación más alta y duradera, con mayores presiones sobre los precios transables. Al mismo tiempo, el encarecimiento de insumos y el endurecimiento de las condiciones financieras afectarían negativamente el consumo y la inversión, profundizando el impacto contractivo sobre la actividad económica.

Por otro lado, el BCU plantea un escenario alternativo a la baja, asociado a una mayor debilidad del dólar impulsada por condiciones financieras globales “más relajadas” y una menor demanda por activos en dólares como refugio.

En este caso, la caída del dólar contribuiría a abaratar los bienes importados en moneda local, moderando las presiones inflacionarias. Esto implicaría una trayectoria de inflación más baja que la prevista en el escenario base, especialmente en el componente transable, con efectos más acotados sobre la actividad.

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El informe subraya que ambos escenarios reflejan riesgos en direcciones opuestas y con magnitudes inciertas. En este contexto, destaca la importancia de monitorear la evolución del entorno internacional y mantener ancladas las expectativas de inflación, al tiempo que la política monetaria se ajustará de forma flexible en función de cómo evolucionen estos factores.

Este análisis del BCU se da en un momento en que la inflación en Uruguay se encuentra en niveles históricamente bajos -2,94% interanual a marzo-. Asimismo el Comité de Política Monetaria (Copom) decidió mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 5,75%, buscando consolidar el anclaje de las expectativas de los agentes económicos y asegurar que la convergencia hacia el centro de la meta (4,5%) no se vea comprometida por estos choques globales.

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