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29 de mayo 2024 - 1:00hs

Tomar un antibiótico puede parecer una solución sencilla cuando estamos enfermos, pero ¿realmente sabemos lo que implica? ¿Cuántas veces hemos recurrido a ellos sin pensarlo dos veces? La realidad es que el uso incorrecto de estos medicamentos puede tener consecuencias graves en la salud.

¿Te has preguntado alguna vez por qué los médicos insisten en que sigamos sus instrucciones al pie de la letra? ¿O por qué no debemos utilizar antibióticos que nos han sobrado de tratamientos anteriores? En este artículo, vamos a desglosar todo lo que necesitas saber antes de tomar este tipo de remedios.

¿Para qué sirven los antibióticos?

Los antibióticos son medicamentos diseñados para combatir infecciones bacterianas, ya sea eliminando las bacterias directamente (bactericidas) o inhibiendo su crecimiento y reproducción (bacteriostáticos). Sin embargo, su uso indebido ha llevado a la aparición de cepas bacterianas que pueden resistir estos tratamientos. "Los antibióticos son armas muy poderosas, pero, si no las usamos bien, dejarán de ser útiles", advierte Roi Piñeiro Pérez, del Comité de Medicamentos de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

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La automedicación con antibióticos sobrantes contribuye a la resistencia bacteriana.

La automedicación con antibióticos sobrantes contribuye a la resistencia bacteriana.

La resistencia bacteriana no es solo un problema individual, sino una crisis global. Se estima que, anualmente, 7,7 millones de personas mueren a causa de infecciones bacterianas, siendo casi 5 millones de estos casos atribuidos a bacterias resistentes a los antibióticos. Los lactantes, las personas mayores y los pacientes con enfermedades crónicas son los más vulnerables.

Para combatir la resistencia bacteriana y asegurar un futuro con tratamientos efectivos, debemos:

  • Usar los antibióticos de manera responsable: solo bajo supervisión médica y siguiendo estrictamente el tratamiento prescrito.
  • Evitar la automedicación: no usar antibióticos sobrantes ni tomar medicamentos sin receta.
  • Fomentar la investigación: invertir en el desarrollo de nuevos antibióticos y tratamientos alternativos.
  • Promover la educación: informar a la población sobre el uso adecuado de los antibióticos y los riesgos de la resistencia bacteriana.
  • Implementar medidas preventivas: mejorar la higiene, el saneamiento y la vacunación para reducir la necesidad de antibióticos.
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Cada enfermedad tiene un tiempo de tratamiento específico definido en protocolos médicos.

Cada enfermedad tiene un tiempo de tratamiento específico definido en protocolos médicos.

Errores comunes en el uso de antibióticos y cómo evitarlos

El uso inapropiado de antibióticos es un problema serio que contribuye al desarrollo de resistencia bacteriana y pone en riesgo la salud pública. Según información de la página web especializada CuidatePlus y la Asociación Española de Pediatría, estos son algunos de los errores más habituales:

  • Prescripción incorrecta por parte del facultativo: a veces, los antibióticos se administran sin una sospecha fundada de infección bacteriana, simplemente "por si acaso". Aunque esta práctica tiene un componente humano comprensible, como el miedo a dejar una posible infección sin tratar, carece de base científica. La formación continuada de los profesionales sanitarios es clave para revertir esta tendencia.

  • Mantener el tratamiento durante más tiempo del necesario: cada enfermedad tiene un número de días de tratamiento bien definidos en protocolos médicos. Prolongar el tratamiento más allá de lo necesario no mejora la curación y puede contribuir al desarrollo de resistencia.

  • No realizar la desescalada antibiótica: inicialmente, se puede administrar un antibiótico de forma empírica basado en el tipo de enfermedad y los microorganismos más probables. Sin embargo, una vez que se identifica la bacteria causante mediante cultivos o pruebas rápidas, es crucial cambiar a un antibiótico específico que cubra esa bacteria en particular.

  • Continuar con el tratamiento cuando se confirma una infección viral: si se demuestra que una infección está causada por un virus u otro microorganismo que no responde a los antibióticos, y no hay sospecha de una sobreinfección bacteriana, el uso de antibióticos debe interrumpirse.

  • Uso de antibióticos sin prescripción previa: aunque menos frecuente, aún ocurre que las personas toman antibióticos sobrantes de tratamientos anteriores sin una nueva receta médica. Esta práctica es peligrosa y debe evitarse.

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