El arroz ha estabilizado productividades superiores a los 9.000 kilos y se trabaja en dos vías principales en términos de productividad. Por un lado, sostener el rendimiento bajando costos, es decir, aportar herramientas para aprovechar el potencial del sistema y mantener altas productividades sin tanta dependencia de insumos.
Con estos precios es casi seguro que las cuentas no cerrarían, especialmente para los productores que arriendan la tierra y deben pagar por el agua, y justamente esos productores, arroceros de profesión, no tienen una alternativa para generar ingresos.
En una mirada más general, los productores esperan que El Niño traiga una mejora de precios por la amenaza que significa para la producción arrocera de los grandes países de Asia, dependientes de las lluvias monzónicas, que podrían llegar tarde y en cantidad insuficiente para la próxima zafra.
Mientras tanto, observan con preocupación precios que siguen siendo muy bajos en Brasil y tímidos indicios de recuperación en otros mercados, que los han llevado a exportar muy poco el mes pasado, a la espera de una mejora futura.
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El área arrocera cayó en la última campaña y se teme eso pueda volver a ocurrir.
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Caída de precio de 27% en 2026
En la zafra 2026 se lleva exportado 20% más arroz que un año atrás.
En el trimestre marzo-mayo se embarcaron 265.190 toneladas por US$ 100 millones a un promedio de US$ 418 por tonelada.
El monto exportado es inferior a los US$ 115 millones en el mismo período de 2025, a un promedio de US$ 574 por tonelada.
La caída de precio es de 27% respecto al año pasado.
Los principales destinos en 2026 son México (con el 49% del volumen), la Unión Europea (UE) y Brasil.
Los precios varían según el tipo de arroz enviado, desde US$ 340 en México a US$ 407 en Brasil por embarques de arroz con cáscara y US$ 620 en destinos europeos como Francia que compra arroz blanco.
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Se trata de un año especialmente complejo. Desde 2024, cuando se registró el pico de precios, hasta hoy, el ingreso cayó 38%, en un contexto global marcado por una fuerte corrección de los precios internacionales y una elevada oferta mundial de arroz, tanto en Asia como en el Mercosur, explicó el presidente de la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA), Guillermo O'Brien.
A esto se suma una estructura de costos que continúa siendo muy alta: “El último costo de producción que calculé es de US$ 2.200 por hectárea, impulsado principalmente por el aumento en los precios de los fertilizantes y del gasoil, dos insumos clave para la actividad. Y la próxima siembra sería el quinto año consecutivo con costos por encima de los US$ 2.000”, señaló.
Recuperación gradual y escenario incierto
El mercado internacional atraviesa hoy una etapa de alta incertidumbre, aunque los precios vienen mostrando una recuperación lenta y moderada respecto a los pisos alcanzados.
La zafra pasada arrancó con precios más firmes que fueron bajando a lo largo del año hasta tocar sus valores mínimos en noviembre, diciembre y enero.
Desde entonces se registró un repunte, aunque los precios siguen lejos de los niveles de principios de 2025, dijo el gerente de Saman y vicepresidente de la Gremial de Molinos Arroceros, Diego Nicola.
"Por suerte la tendencia es al alza", señaló, aunque el camino de recuperación es gradual.
Aunque Brasil y la región aún no captan subas, los precios internacionales del arroz muestran señales de suba: Tailandia registra su mayor precio en un año y en el mercado futuro de Chicago los valores son los más altos desde agosto de 2025.
El repunte llega en un momento en que el sector arrocero uruguayo acaba de cerrar el precio definitivo de la zafra pasada en US$ 10,50 por bolsa –el más bajo desde 2019, cuando los costos eran menores– y por debajo del provisorio de US$ 11,05, segundo año seguido en que los productores tienen que devolver plata.
En Brasil el precio del arroz que venía repuntando gradualmente en plena cosecha volvió a perder pie y por tercera semana cerró por debajo de US$ 12 por bolsa, el valor más bajo en tres meses.
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Menos área y amenaza del Niño en Asia
En términos de oferta, siguen existiendo stocks a nivel mundial, pero comienzan a aparecer algunos elementos que podrían anticipar una recuperación gradual del mercado. Entre ellos se destaca la reducción prevista en el área de siembra de arroz en Estados Unidos, así como la posibilidad de un evento Niño en Asia. De confirmarse, esto podría llevar a una mayor cautela en la liberación de stocks al mercado internacional.
A estos factores se suma la incertidumbre generada por las tensiones geopolíticas y los conflictos internacionales que continúan impactando sobre los costos logísticos, los combustibles y los fertilizantes.
Frente a este escenario, el sector viene trabajando activamente en una herramienta financiera que resulta fundamental para generar un puente hasta que el mercado internacional logre recuperarse.
El objetivo es sostener la liquidez de los productores, mantener el área sembrada y preservar la continuidad productiva de un sector estratégico para el país en un año en que el agua para el riego no sería una limitante para la zafra 2026/27.
Sin embargo, esta herramienta probablemente recién esté disponible una vez que a fines de junio pueda definirse el precio provisorio para la cosecha que se acaba de levantar.
El acuerdo Mercosur-Unión Europea
Esta zafra tiene la novedad del acuerdo comercial Mercosur-Unión Europea.
En su primer año, la cuota total que correspondía a todo el bloque era de 10.000 toneladas anuales y que fueron prorrateadas en 6.667 toneladas para el período mayo-diciembre, de vigencia provisoria del acuerdo.
Los exportadores uruguayos consolidaron el 63% de ese volumen para el 21 de mayo, algo que fue celebrado como un gol por las autoridades uruguayas.
La cuota crecerá 10.000 toneladas por año hasta alcanzar las 60.000 toneladas para todo el Mercosur.
"Si bien es una buena noticia porque toda apertura de mercados es positiva, son volúmenes realmente bajos", evaluó Nicola.
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Cosecha de arroz en chacras de Uruguay.
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Un rendimiento alto en un año difícil
La zafra pasada empezó muy bien, con buenas y rápidas implantaciones, lo que generó un piso de rendimiento alto. Sin embargo sucedió algo que es cada vez más inusual: hubo bajas temperaturas en el período crítico de floración.
“Si hay algo en lo que el cambio climático se ha expresado claramente es en que eso casi no había sucedido nunca en este siglo. Hace años que no ocurría y tuvimos noches frías que generaron esterilidad. En los primeros días de enero hubo mínimas de 6 °C que afectaron a variedades como Gurí, de ciclo corto, la segunda más sembrada. Luego hubo otro pico de baja temperatura hacia fines de enero, con menos impacto, que pudo afectar a INIA Merín, aunque es menos susceptible”, explicó el asesor arrocero de la consultora Asinagro, Emiliano Ferreira en el Taller de Análisis de la zafra 2025-26, la semana pasada.
Otro factor característico es la radiación solar, que ha tenido un crecimiento descomunal en los últimos años y fue muy alta durante la zafra. “Ya casi que sobra radiación”, consideró.
Con esas variables se llegó a un rendimiento promedio de 9.338 kilos por hectárea, consolidando una productividad país superior a los 9.000 kilos que no se logra en casi ningún otro lugar del mundo.
Fue el quinto año por encima de nueve toneladas por hectárea en las últimas seis zafras, lo que consolida el nuevo piso de productividad para el cultivo.
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Considerando un área sembrada de 163.757 según los registros de ACA la producción superaría el millón y medio de toneladas y sería la tercera zafra de mayor volumen producido detrás del año pasado y de la campaña 2010-11.
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En términos de variedades, Merín volvió a liderar con 9.700 kilos por hectárea, superando en más de 600 kilos a la segunda más sembrada,
Gurí. Sin embargo, es el primer año en que se registra una leve caída en el área de la variedad predominante de los últimos años.
Ferreira también destacó el desempeño de la línea 19.231, que rindió más que Gurí. Se trata de una cruza entre Gurí y Merín que toleró mejor el frío que Gurí.
Olimar es otra variedad que tiene una buena aceptación, al igual que Tacuarí, que cuenta con una bonificación en precio por su ingreso al mercado peruano.
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El creciente desafío que representan, al igual que en el resto de la agricultura, los problemas de resistencia de malezas es uno de los grandes desafíos agronómicos que comparten todos los cultivos.
El productor Alfredo Lago entiende que hay que seguir apostando a la mayor productividad posible. A pesar de la suba en los precios de los fertilizantes, consideró que la única manera de sembrar es apostando a una mejora del precio internacional y teniendo presente la importancia social del cultivo, que emplea a un trabajador cada 80 hectáreas.
También entiende que en los años con influencia Niño, aunque disminuye el rendimiento del arroz por una menor radiación solar, son de muy alto riesgo para la soja por la posibilidad de anegamientos.
“No hay otra que seguir apostando, tal vez dándole un mayor peso relativo a la ganadería. Pero, en lo personal, tengo confianza en una mejora de precios en los años Niño”, explicó quien fue hasta hace poco presidente de la Asociación de Cultivadores, “porque salvo excepciones son los años de mejor precio internacional y cuanto más fuerte es el Niño, más sube el precio internacional”, “Pero la mejora tiene que ser importante porque no creo que los fertilizantes bajen significativamente”.
El acuerdo de libre comercio con la Unión Europea abre también una moderada expectativa para mejorar el precio por la vía de la calidad, donde tanto las cualidades específicas del grano como la forma en que se produce pueden darle al arroz uruguayo ventajas significativas.
Los 10.000 kilos ya se logran
En muchas chacras ya se superan los 10.000 kilos por hectárea y sin un gran agregado de insumos como componente clave, por lo que ya existen varios casos de los cuales extraer enseñanzas, apuntó Jesús Castillo, director del Programa de Arroz de INIA en el Taller en que se analizó la última zafra.
La suba del rendimiento ha sido incentivada históricamente por el agregado de nitrógeno, uno de los insumos que se ha encarecido, por lo que el desafío es, más que nunca, avanzar hacia fuentes más biológicas de nitrógeno y no tan dependientes de la síntesis química.
Este crecimiento también ha sido posible porque se han solucionado problemas como la piricularia.
El otro punto de manejo importante tiene que ver con las distintas situaciones de rotación. Aproximadamente un 50% del arroz viene de pasturas, un 25% de arroz y otro 25% tiene a la soja como cultivo antecesor. Cuando el cultivo viene de arroz del año anterior, el rendimiento queda cerca de una tonelada por hectárea por debajo.
¿Por qué existe tanta diferencia? Esa es una de las áreas clave de investigación que se está estudiando actualmente.
Las pasturas tienen ventajas sobre la soja, aunque se trata de procesos lentos que se van monitoreando. Al mismo tiempo, la soja no encaja en todos los sistemas, ya que la mayoría de los productores arroceros también son ganaderos.
Por el lado de las variedades, parte del objetivo es mantener el rendimiento con ciclos más cortos. En general, para aumentar el rendimiento es necesario alargar el ciclo, pero eso complica la rotación, por ejemplo demorando la entrada de las pasturas.
Por otra parte, también se trabaja sobre características como el porcentaje de entero, blanco total, cocción –como ocurre con Olimar– y el porcentaje de yeso o yesado. Es decir, por un lado se apunta a la calidad molinera y, por otro, a la calidad cocinera, por ejemplo obteniendo un grano suelto “que no se pegue”, excepto cuando se destina a productos como el sushi.
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La última cosecha generó 1,5 millones de toneladas.
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