“Hay muchas consultas tempranas por maíz, es más fácil planificar frente a la abundancia de agua que a la escasez”, afirmó un asesor agrícola.
Este año, hasta el 12 de agosto, la importación de semillas de maíz aumentó 84% con 4.016 toneladas frente a 2.180 toneladas en el mismo lapso de 2025, un volumen que se mantenía estable desde 2023 según los datos de la Dirección Nacional de Aduanas (DNA).
Claro, todavía depende el área sembrada de que se pueda plantar en un año muy lluvioso y que los factores sanitarios como las enfermedades transmitidas por la chicharrita no afecten al área a cosecharse.
Con agua y un precio piso que parece firme, la intención de siembra no sorprende. Un cultivo de maíz de alto rendimiento hace un diferencial de márgenes en los cultivos de verano que es muy notorio.
Lógicamente los cultivos regados captan la mayor diferencia: los productores de punta en esa línea alcanzan a unos 18.000 kilos de rendimiento por hectárea.
Pero los cultivos de secano en un año con riego natural pueden plantearse un rendimiento objetivo de unos 8.000 kilos por hectárea que, con un precio de US$ 200 por tonelada, representan un muy interesante ingreso de US$ 1.600/ha.
Asumiendo US$ 1.000 de costos el margen en el maíz es muy interesante.
El maíz, uno de los rubros agrícolas con mejores perspectivas de crecimiento.
Foto: Juan Samuelle
Relación de verano más equilibrada
En Uruguay el maíz ya viene en una trayectoria de crecimiento gradual. Pero la situación tan fuerte en las proteínas animales y el veloz cambio tecnológico en genética y en el manejo del cultivo, además de las lluvias esperadas hacen que este sea un año en el que el cultivo da un salto cualitativo hacia adelante.
Cuando sucedió el boom de la soja la relación de área entre soja y maíz era 10 a 1, básicamente un millón de hectáreas de soja y 100 mil del cereal, algo muy poco conveniente para los suelos y el ecosistema agrícola.
Gradualmente se va a una relación más equilibrada que plantea la consolidación de una etapa mucho más maicera que antes en área, pero sobre todo en producción, donde el cambio genético lleva a que el cultivo gane casi 100 kilos por año en rendimiento.
A partir de 2005 la producción prácticamente se ha duplicado cada cinco años, una tendencia que persiste y se acentúa: desde el eje de 800 mil toneladas anuales entre 2019 y 2022 –y tras la fallida cosecha por la sequía de 2023 de solo 265 mil toneladas– saltó a entre 1,5 y 2 millones de toneladas en las tres últimas zafras impulsada por un uso creciente.
Y la próxima cosecha de maíz podría estar entre 2,5 y 3 millones de toneladas.
La campaña 2025/26 fue afectada por una sequía que tuvo menor impacto en el maíz que en la soja.
El rendimiento de la soja cayó 45% y el del maíz solo 23% de acuerdo a las cifras de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), difundidas la semana pasada.
La producción de maíz se redujo desde el excepcional volumen de 1,93 millones de toneladas a 1,45 millones de toneladas, en una superficie muy similar, un resultado que se puede considerar un éxito relativo dado el año seco.
“Le agarramos la mano al maíz”, señaló Esteban “Tato” Hoffman de la consultora Unicampo, destacando que el coeficiente de variación de rendimiento del cultivo se redujo a la mitad en 10 años gracias a la mayor adopción del riego.
El 20% del área de primera –17.672 hectáreas– se irrigó y promedió 11.680 kg/ha, llevando el promedio general del maíz de primera a 5.745 kg/ha.
Se disparó la demanda
La cosecha de casi 1,5 millones de toneladas este año es insuficiente para cubrir la creciente presión del consumo interno. En julio se importaron 55.687 toneladas de maíz, el mayor volumen mensual desde un 2023 demandante tras la severa sequía.
En 2024 a Uruguay le sobró maíz. Cosechó 1,6 millones de toneladas y pudo exportar 150 mil toneladas. Dos años después y con una producción similar, se espera que el año cierre con un récord de importaciones superior a las 650 mil toneladas de hace tres años. El año próximo la demanda ya estará por encima de los dos millones de toneladas cómodamente.
Para la carne la ecuación con el maíz es más favorable que la del año pasado, y probablemente mejore. Subió el maíz, pero más subieron la carne y el ganado en todas sus categorías, y la relación insumo producto mejora para los corrales, pero también para el uso desde el destete a la recría.
En el caso de la lechería, con valores que se han ajustado y mayor incertidumbre comercial, la reciente suba del maíz presiona un poco los márgenes. Pero la suplementación se ha generalizado y se refleja en la productividad de las vacas, por lo que se espera una demanda firme.
Los precios del grano de la próxima cosecha podrían ser inferiores a los actuales de US$ 245 por tonelada.
La presupuestación de Sofoval para el maíz de primera proyecta un precio de US$ 230 por tonelada y un rendimiento de equilibrio para el cultivo de entre 4.500 y 5.000 kilos por hectárea, que es inferior al de la zafra pasada, sobre la base de un costo similar de US$ 1.035 por hectárea que incluye todos los detalles y depreciaciones.
La posibilidad del uso local, en un radio de pocos kilómetros, es otro factor que promoverá al cultivo mientras sigan estos precios de la carne.
En lugar de sembrarse una soja en el este que debe pagar un flete largo a Nueva Palmira o a Montevideo, el maíz se puede colocar a poca distancia en medio de la proliferación de corrales y otras estructuras para dar ración al ganado.
El empujón del USDA
En su esperado informe de agosto, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) sorprendió el miércoles con un recorte de casi 8% en los stocks de maíz de la próxima cosecha hasta 42 millones de toneladas.
El mercado respondió con una suba de 5% el mismo miércoles 13.
Este fuerte descenso de las existencias se entiende por las mayores exportaciones de la campaña 2025/26 que le restaron grano a la nueva campaña, incrementadas de 84,3 a 86,4 millones de toneladas, y por la previsión de mayores ventas en la próxima zafra, también 2 millones de toneladas por encima del informe anterior.
El organismo elevó inesperadamente el área sembrada en Estados Unidos en unas 600 mil hectáreas y ajustó el rinde para llegar a un cálculo de producción que se mantiene dentro de lo previsto anteriormente con 406 millones de toneladas.
Para Brasil y Argentina el USDA mantuvo sus previsiones de producción y exportaciones en la próxima cosecha, y en el corto plazo lo más influyente fue el aumento de importaciones de la Unión Europea (UE) tras la pérdida de producción por las olas de calor, y el recorte de las expectativas de exportación de Ucrania de 23 a 22 millones de toneladas, un ajuste por ahora moderado y cuya evolución está sujeta al conflicto en el Mar Negro que está complicando el comercio de granos.
Según la asesora de mercados estadounidense Naomi Blohm, con este escenario “probablemente se mantendrá un precio mínimo firme para el maíz desde ahora hasta el segundo trimestre de 2027, y ejerce una presión extrema sobre Sudamérica para que tenga un clima favorable en enero y febrero de 2027, y si la región experimenta problemas climáticos, podría producirse un repunte significativo de los precios a principios de 2027”.
La producción de maíz en Francia caerá un 35% en 2026, situándose en 9 millones de toneladas, su nivel más bajo desde 1980.
En toda la UE y el Reino Unido se estima una caída de más de 10% en la producción, unos 6 millones de toneladas menos que el año pasado.
Esta situación deficitaria vuelve a la UE dependiente del maíz de Ucrania que tendrá una buena cosecha, pero por ahora las exportaciones están bajo fuego, y Argentina asoma como una alternativa para los países europeos, un movimiento que puede dar sostén al precio en Uruguay.
Las reservas de semillas en Uruguay, en este contexto, vienen subiendo a niveles récord.
Los productores empezaron a medir la temperatura del suelo en los próximos 15 días con la intención se sembrar cuanto antes para achicar la ventana de riesgo de excesos de agua y privilegiando ante un año lluvioso los híbridos con alta sanidad de raíz y tallo, buen comportamiento frente al vuelco y tolerancia a enfermedades de la espiga y foliares y a hongos.
El maíz es el cultivo con más investigación y desarrollo del mundo.
Parafraseando al bioquímico español José Miguel Mulet, en un grano de maíz hay más tecnología que en un iPhone.
Y esos avances, acelerados, llegan a Uruguay con cada siembra.
Solo cabe preguntarse cuál es el techo del área del cereal, qué superficie se irá incorporando al riego y si podremos decirle al mundo que todo se riega sin usar gasoil, en base al viento y al sol.
Maíz regado renovable es una grifa que en esta semana, en la que se han presentado políticas de riego, cabe incorporar al curriculum agrícola uruguayo.
Cosecha de maíz, en Dolores.
Foto: Juan Samuelle