En el hemisferio Norte van conquistando áreas que antes eran más frías. Al revés, de sur a norte. La mosca de la bichera se va acercando a Estados Unidos desde Centroamérica con un impacto fuerte en los mercados al interrumpir la exportación en pie de terneros de México a Estados Unidos que hasta hace poco sumaba cientos de miles de cabezas.
Es decir, el de las plagas invasoras es un problema global de difícil solución pero eso no nos exime de la urgencia de remediarlo a nivel local.
En el mejor momento
En Uruguay el mejor momento de la ganadería, si observamos los precios internacionales y locales, está bajo sitio por la invasión de múltiples ejércitos de garrapatas una especie originaria de India.
Una plaga que se desplaza de norte a sur, sin que surja una estrategia capaz de revertir el avance de millones de ácaros.
El bando humano tiene multitud de instrumentos, moléculas tóxicas, hongos devoradores de garrapatas, análisis de ADN, pero por ahora nada logra revertir el avance de los parásitos que se deleitan con la sangre de nuestros vacunos e incluso les transmiten una enfermedad de connotaciones metafísicas: la Tristeza.
La más novedosa de las ideas para atacar al enemigo se apoya en el exitoso desarrollo de machos estériles modificados genéticamente que, justamente, permitió la erradicación de la mosca de la bichera en Norteamérica y Centroamérica desde la década de 1950 (y hasta hace menos de tres años).
Esa experiencia está detrás de una herramienta “desafiante e innovadora” que tienen entre manos los investigadores del INIA para combatir a la garrapata, explicó a Radio Rural Alejo Menchaca, coordinador de la Plataforma de Investigación en Salud Animal de INIA.
El costo de la invasión de garrapata
La garrapata le cuesta al sector ganadero uruguayo unos US$ 92 millones anuales, equivalente al 3,4% del valor de la producción primaria de carne vacuna, según un informe del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) de 2025.
El componente de mayor peso son las pérdidas productivas de US$ 30 millones por mortandad de ganado a causa de enfermedades transmitidas por el hemoparásito que la garrapata transmite al vacuno, principalmente la Tristeza Bovina.
Y otros US$ 17 millones anuales por pérdida de ganancia de peso estimada en 11% para vaquillonas, novillos y vacas de invernada, unos 40 kilos por animal.
El gasto en insumos veterinarios suma US$ 27 millones, la mayor parte en tratamientos —baños, productos pour on y otros— cuyo costo promedio se estima en US$ 0,6 por aplicación y una frecuencia que varía entre dos y nueve tratamientos anuales según la zona.
Los animales tratados en 2025 fueron 5.425.249 según el informe del MGAP, casi 47% del stock de vacunos del país.
La mano de obra para vigilancia, tratamientos y curaciones agrega otros US$ 17 millones.
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El riesgo mayor
Pero el riesgo mayor es el referente a la inocuidad de los alimentos: los compradores quieren una presencia cada vez menor de residuos de cualquier tipo en la carne que compran a un precio cada vez más alto.
Multirresistencia: el techo químico
Hábiles en la adaptación, las garrapatas logran resistir a la guerra química. Los productos que se aplican ultiman a la mayoría, pero la minoría que persiste lo hace porque tiene una combinación genética que le permite sobrevivir y reproducirse y transmite esa resistencia a la generación siguiente.
El progreso de la ganadería ha traído una mayor movilidad de ganado. Un ternero de Artigas puede terminar en San José, uno de Rivera en Colonia. Y así viajan ocultas en el pelaje las pasajeras tan temidas.
En el norte del país muchos establecimientos tienen garrapatas resistentes a casi todos los químicos disponibles salvo los de nueva generación, que tienen un precio más alto al resto y cuya resistencia puede también llegar en un plazo no muy largo. Es otra limitación. Y presiona los niveles de aplicación de químicos. En estos casos el objetivo pasa del intento de erradicación al control.
Con tres primaveras lluviosas y una más probablemente llegando, el problema no para de aumentar.
Entre las buenas prácticas de manejo el doctor Pablo Parodi, especialista en garrapata de la Plataforma de Salud Animal del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) apuntó a la rotación con ovinos -que contribuyen a reducir las condiciones de los campos para albergar a los parásitos- y con verdeos, así como mejoras en infraestructura, incluyendo doble alambrado y potreros de cuarentena para animales nuevos.
En los campos con infestación Parodi remarcó la importancia de ampliar los test de resistencia a los productos químicos y en contar con un plan sanitario anual detallado elaborado por un veterinario que acompañe la estrategia del productor.
El combate con hongos genera cada vez más interés. Aunque se trata de un arma más, la demora en la aprobación de los productos causa molestia entre los productores del norte, mientras los científicos consultados entienden que es un esfuerzo muy valioso pero que todavía no tiene la suficiente prueba como para que se proceda a una habilitación oficial.
De modo que controlar lo que se ve en un vacuno es solo atacar la punta del iceberg.
Por cada soldado garrapata prendida de un animal hay 20 más que están ocultas en los pastos.
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El riesgo de los residuos en carne
En el mejor momento de la historia de la carne vacuna y de la ganadería, todo puede venirse abajo por la aparición de residuos de garrapaticidas en carne.
China ya lo ha advertido.
La ganadería está en un paraíso de demanda y precios pero con el temor de que en cualquier momento pueda llegar el apagón. Algo así ya pasó en 2016 cuando llegó carne con restos de un garrapaticida, el Ethion. Uruguay prohibió el producto para restablecer la confianza.
El combate químico tiene entonces una limitante clave: cada producto establece sus tiempos de espera de modo de que el cuerpo del animal pueda metabolizarlos y no queden rastros de su presencia en la sangre o los músculos.
En ese contexto se hizo una reunión regional esta semana en Salto, como antesala del Congreso de la Federación Rural, donde Uruguay, Argentina, Brasil y Paraguay se reunieron para tratar de avanzar en una estrategia de combate.
En esa misma semana el Instituto Pasteur presentó los resultados de su esfuerzo por lograr una “vacuna” contra la garrapata: La conclusión es que hay que seguir trabajando y no hacerse una expectativa de solución de corto plazo por esta vía, muy promisoria pero también compleja.
El productor, veterinario y ex diputado Rafael Menéndez publicó en La Mañana una propuesta para pasar “del combate frustrado a la estrategia inteligente”.
Ser más precisos en la regionalización del país, que es una especie de semáforo con zonas rojas en el norte principalmente donde la infestación de los campos es muy grave y casi inviabiliza la producción de vacunos, zonas verdes todavía libres y zonas amarillas donde hay presencia pero todavía sin proporciones de infestación total. Parece claro que es necesaria no una sino tres estrategias distintas.
Hemovacuna: inmunidad de por vida ante la Tristeza
Otro eje es la vacunación general e irrestricta de todo el ganado contra la Tristeza, de modo de evitar que haya muertes de los animales.
Actualmente se aplican unas 500 mil a 530 mil hemovacunas anuales que les proporciona a terneros de 3 a 9 meses inmunidad de por vida ante la muerte o pérdida de peso. Es el equivalente al 28% de los terneros en la región de control, la zona roja principalmente al norte del río Negro.
La mitad de esas vacunas son producidas por el laboratorio ministerial Dilave a US$ 2,5 la unidad y la otra mitad por laboratorios privados a US$ 4, con un costo total estimado en un millón de dólares a cargo de los productores. El dato refleja una cobertura acotada respecto al rodeo nacional en la búsqueda de generar la inmunidad de rebaño.
Para crecer en producción de vacunas es necesario invertir, indicó Alejo Menchaca, coordinador de la Plataforma de Salud Animal del INIA, en Tiempo de Cambio de Radio Rural.
Por otra parte, Menéndez considera que la forestación debe ser parte de la lucha y anota que “al analizar el mapa de la infestación actual, salta a la vista un dato clave: las zonas más afectadas por la garrapata coinciden con las regiones ampliamente forestadas del país. Lejos de ser una mera coincidencia, responde a una clara causalidad biológica y operativa”.
Así la estrategia que propone Menéndez combina la vacunación total contra la Tristeza transmitida por la garrapata, una diferenciación de políticas cuidando al máximo que no entre garrapata en predios “limpios” y aliviar la presión química.
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Tratamiento contra la garrapata en vacunos.
Foto: A. Scarone / MGAP
Edición génica: la nueva frontera
Mientras se busca la estrategia de vacunas que en todo caso no se espera que aniquilen completamente a las garrapatas que infestan un animal, sino que baje su población, salta a la vista un eslabón débil de la estrategia de los humanos: el servicio de inteligencia en esta guerra es escaso en recursos.
Un freno
Aunque hay muchos veterinarios que saben de garrapata, técnico doctorado en el tema hay solo uno para todo Uruguay. Y cuando se precisa más estructura, laboratorios, visitas a campo, las restricciones presupuestales surgen como un obstáculo.
La edición génica puede ser una nueva esperanza, adelantaron los investigadores del INIA en Tiempo de Cambio de Radio Rural.
Se trata de generar en el laboratorio “un sistema por el que la garrapata se autodestruya, liberando machos editados genéticamente con una característica que haga que cuando se cruzan con las garrapatas hembras arriba de las vacas, muera toda la descendencia hembra y solo los machos sobrevivan”, relató Menchaca.
Esos machos van a tener la capacidad de transmitir esa característica cuando se vuelvan a cruzar con otras hembras. “Generación tras generación, en pocas generaciones, desaparecen las hembras de la población de garrapatas, y entonces desparece la garrapata del territorio, del país y del continente donde es una especie invasiva que no estaba en el continente americano, una plaga que nos perjudica desde el punto de vista económico y biosocial”, dijo el investigador.
La herramienta de edición génica permite proponerse esto con cierta factibilidad. “En Uruguay estamos haciendo punta con esto, trabajando con universidades de Estados Unidos, pero es un problema que tenemos en el sur; ni Estados Unidos ni Europa tienen garrapata, si no lo desarrollamos nosotros no van a venir de otro lado a resolvernos el problema”, sostuvo Menchaca.
Políticas, ciencia y estrategias
El esfuerzo de corto plazo es que no lleguen residuos a los platos, para que al menos la guerra no tenga un efecto devastador sobre los mercados.
El esfuerzo de mediano plazo es hacer retroceder a los invasores, pero por ahora con el clima en contra.
El Niño traerá calor y lluvias que serán ideales para las garrapatas: contarán con pasturas altas para esconderse y condiciones apropiadas para reproducirse masivamente, como viene sucediendo en el norte y este del país desde que terminó la sequía de 2023.
Comparado con las guerras que tanto conmueven al mundo este es un combate menor, pero que no deja de tener paralelismos. Las armas más sofisticadas pueden conseguir triunfos en batallas, pero ganar la guerra por completo requiere de acuerdos políticos. Invertir en serio en un problema que pone en juego más de mil millones de dólares de exportaciones de carne requiere acordar montos, fuentes, mecanismos y destinos de la inversión.
A la vez parece necesario coordinar con ministerios no vinculados al agro: el ganado pastoreando en las banquinas será cada vez más inconveniente.
El diseño de políticas donde la ciencia y la estrategia se combinen sigue siendo un desafío pendiente.
Y sin fondos para solventar la logística de este combate será difícil que se logren victorias contundentes.