Durante mucho tiempo, una persona podía contar su historia familiar con una palabra y seguir adelante: blanco, afro, indígena, europeo. El Censo permite ahora mirar qué ocurre cuando esa historia no cabe en una sola casilla.
Pero el dato más interesante está en la letra chica. Mucho más en este fin de semana del Patrimonio dedicado a la temática. El Observador, junto al especialista en Economía Aplicada Juan Ignacio Pintos realizó un análisis de los datos que llega a una primera conclusión: no aumentó prácticamente nada la proporción de uruguayos que considera indígena su ascendencia principal: pasó de 2,43% a 2,45%. Lo que sí cambió es la cantidad de personas que incorporan lo indígena a una historia familiar más amplia.
Entre quienes declaran ascendencia indígena, los que marcan exclusivamente esa opción cayeron de 35,8% a 25,9% —1 de cada 4 de quienes declaran ascendencia indígena se considera indígena puro—. En cambio, los que combinan lo indígena con dos o más ascendencias pasaron de 15,1% a 28,5%.
Lo curioso es que el incremento en la identidad de ascendencia indígena —combinada con otras— se está dando en lugares en que los estudios genéticos casi no encontraban las huellas de los pueblos originarios. Y eso habla mucho de la percepción y las migraciones.
En el top 20 de localidades (de más de 100 habitantes) en que más porcentaje se autopercibe indígena, la mitad son balnearios de la costa de Maldonado y Rocha. En Barra de Valizas o en Punta Rubia y Santa Isabel de La Pedrera, uno de cada cuatro se identifica así. Como ciudad, la capital de Tacuarembó está a la cabeza con uno de cada 10.
En el siguiente mapa puede ver en qué departamentos hay más habitantes que se autoperciben indígenas. Al posicionarse encima de un departamento, puede observar la variación de un censo al otro. Los invito a revisar el caso de Rocha.
¿Sangre, identidad o ambas?
Rigoberta Menchú, la guatemalteca premio Nobel de la paz, repite cada tanto: “Los pueblos indígenas hemos podido ocultar nuestra identidad porque hemos sabido resistir”. Es una de sus frases célebres, de esas citadas en fechas clave como este fin de semana del Patrimonio en Uruguay, y que adquiere distintos significados en cada país.
¿Hay indígenas en Uruguay? Hubo un tiempo en que la respuesta pareció reducirse a un simple “no”. Reinaba en el imaginario colectivo —y en el discurso de algunos estudiosos— de que este país se construyó en exclusiva con quienes bajaron de los barcos. Al resto se los había exterminado o expulsado, para lo que citaban la matanza y el aprisionamiento masivo a las orillas del arroyo Salsipuedes.
Pero la evidencia científica —tanto en autopercepción como en estudios genéticos— dice otra cosa. Habitan estas tierras más personas con ancestros indígenas de los que se pensaba.
El ser humano, en su evolución y movilidad por el planeta Tierra, fue modificando parte de su genética. Los pueblos originarios de América tienen algunas características que lo diferencian de los europeos 100% caucásicos o de los asiáticos. Es más: el atravesar hechos extremos va generando pequeñas mutaciones y adaptaciones que permiten hasta distinguir en un laboratorio a una ascendencia de indígenas del Río de la Plata de otros nativos más al norte.
“No somos tan europeos como pensamos”, es la primera conclusión a la que llega un reciente estudio que analizó el genoma de una muestra representativa de uruguayos. El 14% de la población tiene ancestría indígena. Al menos eso dice su sangre en esta investigación que lideran —entre otros— Lucía Spagenberg (del Instituto Pasteur) y María Inés Fariello (de la Universidad de la República).
La pesquisa sigue la línea que había iniciado la Facultad de Humanidades en la década de 1980. En base al análisis de ADN mitocondrial se estimó que aproximadamente 40% de los linajes maternos son indígenas. Cuatro de cada 10 habitantes tiene por la rama de sus madres algún ancestro indígena, la mayoría por el propio mestizaje entre nativos y forasteros.
Pero, ¿qué es ser indígena? La respuesta no es tan obvia. ¿Es una cuestión de sangre o un sentido de pertenencia y cultural?
De todos lados viene el indígena
Hay una historia de la ascendencia indígena que se cuenta hacia atrás: los apellidos, los abuelos, los relatos familiares, las raíces que sobrevivieron —o reaparecieron— varias generaciones después.
Pero hay otra que llega desde afuera.
Uno de cada 16 uruguayos que en el Censo 2023 declaró tener ascendencia indígena nació en otro país. Es una minoría dentro de ese universo —la gran mayoría, cerca del 94%, nació en Uruguay—, pero alcanza para cambiar la postal: entre quienes hoy dicen tener raíces indígenas también hay personas que llegaron al país después de nacer.
El dato aparece en un Uruguay que en la última década se volvió nuevamente receptor de inmigrantes. La población nacida en el extranjero pasó de representar alrededor de 2% en 2011 a 4% en 2023. Y dentro de esa nueva población también aparecen quienes declaran una ascendencia indígena.
No significa que la inmigración explique el crecimiento de la ascendencia indígena en Uruguay: el peso de los nacidos en el país es ampliamente mayor. Pero sí agrega una capa a una historia que suele contarse como exclusivamente local. Las raíces indígenas que aparecen en el nuevo Censo no tienen un único recorrido ni una única geografía: algunas atraviesan generaciones nacidas en Uruguay y otras llegaron en el equipaje familiar de quienes hicieron de Uruguay su nuevo país.
Entre los inmigrantes, la ascendencia indígena tampoco se distribuye de manera pareja. Perú es, por lejos, el país de origen con mayor proporción de residentes que declaran ascendencia indígena: 43,3%. Le siguen Paraguay, con 24,6%, Venezuela, con 22,6%, Colombia, con 20,4%, y Chile, con 19,2%. Es decir, entre los peruanos que viven en Uruguay, más de cuatro de cada diez marcaron la opción indígena en el Censo.
Pero si la pregunta cambia —¿de dónde vienen los inmigrantes que declaran ascendencia indígena?— el mapa es otro. Venezuela aporta el grupo más numeroso: 29,2% de los inmigrantes con ascendencia indígena nacieron allí. Le siguen Argentina, con 21,5%, Perú, con 9,8%, Brasil, con 8,5%, y Colombia, con 4,7%. La diferencia entre ambos rankings es reveladora: Perú es el país donde la ascendencia indígena tiene mayor peso relativo entre sus inmigrantes, pero Venezuela y Argentina son los que más aportan en números relativos al conjunto de inmigrantes que en Uruguay declaran esa ascendencia.
La razón es simple: hay más argentinos o venezolanos que peruanos. Entonces hay más posibilidad de encontrar en números absolutos más cantidad de quienes se identifican como indígenas. Lo mismo pasa con los departamentos. En Montevideo vive más gente. En cifras individuales hay más identificados con los pueblos originarios. En relación al tamaño de la población, no.
Incluso el análisis de El Observador y Pintos encuentra una especie de zona de mayor autopercepción indígena en la capital. No es la periferia. No es avenida Italia al sur. Es la zona cercana al puerto, y la rambla sur del Municipio B.
La última gran conclusión: el aumento de quienes se autoperciben indígenas observado de un censo al otro se da mayormente en la población 30 a 44 años, ocupada, con un nivel educativo alcanzado mayor a la media de Uruguay y con aporte de la inmigración internacional.