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12 de febrero 2026 - 5:00hs

En la antesala del comienzo de clases los maestros y profesores se preparan para volver a los salones de clases. En este contexto la Asociación Uruguaya de Educación Católica (Audec) que nuclea a 157 colegios y 170 proyectos socioeducativos de todo el país organizó Proeducar 2026, un encuentro que puso en el foco a la salud mental de los docentes y reunió a más de 1.400 trabajadores de la enseñanza.

En este marco, el coach ontológico argentino, Pablo Osow, presentó una serie de “declaraciones” para que los docentes y las instituciones educativas logren priorizar su bienestar y esquivar el burnout (o síndrome del quemado).

Para Osow el primer punto clave es estar “seteado” en un lenguaje generativo y no descriptivo, es decir, que no abra posibilidad al intercambio con otros y también ser conscientes en cuanto a desde qué emoción se habla.

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Una vez que se toma conciencia de esto es tiempo de las tres declaraciones, que desde la visión de coach pueden mitigar el crecimiento del bournout en los salones de clase: “pedir”, “decir que no” y “basta”.

¿Qué se debe pedir a los centros educativos que quieren hacerle frente al burnout?

“Hay cosas que no ocurrirían nunca si no las pidiéramos”, reflexiona Osow y apunta: “el pedido es la oportunidad para que las cosas pasen”

Aunque “en la comunidad educativa siempre hay alguien que se resiste”, el coach recomienda a los docentes pedir, proponer o impulsar cambios en algunos aspectos clave que ayudan a prevenir el burnout.

¿El primero? Formación en comunicación efectiva. “Me canso de escuchar docentes que no se saben comunicar” a veces disimuladas a través de frases como “soy muy frontal” o “así es mi carácter” que en verdad evidencian que no se saben comunicar.

Estas habilidades que para el especialista en coaching deberían enseñarse en el nivel secundario, debe ir acompañadas de “comunicación preventiva” que les permita no hablar desde el enojo y compartir las emociones.

Otro indicador que se puede pedir a los centros de estudio es la retroalimentación positiva. “Me canso de escuchar que el director o la directora solo aparece para retar. Los empleados se quejan de lo mismo en las empresas”, sostiene Osow. En definitiva el feedback construye, pero lo hace, sobre todo si no se da en medio de una situación crítica.

“¿Alguna vez le pediste a tu director que te dijera cinco cosas buenas de lo que haces?” La respuesta que más recibe ante esa pregunta es “si no le nace…”.

Por eso la clave es institucionalizarlo y proponer reuniones quincenales o mensuales para evaluar desempeño. “También podrían ser ruedas de docentes optativas para compartir los logros”, estima.

Otra de las solicitudes que el cuerpo docente puede hacer a las instituciones es favorecer recursos de gestión emocional.

“Gestionar las ansiedad” es la gran prioridad de este punto que aplica para docentes y no docentes. “Gran parte de los errores que cometemos se deben a la ansiedad, a la negatividad, a vivir en el futuro y estar pendientes de lo que va a pasar y desconectados de lo que está pasando”, describe el coach y remarca que en el caso de los maestros y profesores es aún más importante tener estrategias para utilizar y también para enseñar a los alumnos. Debemos aprenderlo por nosotros pero también para enseñarlo a los adultos. “Vivimos en tiempos de altos índices de depresión adolescente y esto está muy ligado con la ansiedad”, indica Osow.

Vinculado a estos temas el coach ontológico resalta que es posible y deseable que las instituciones educativas destinen recursos al acompañamiento profesional de sus trabajadores. “El dinero destinado al acompañamiento profesional es dinero bien invertido”, remarca y hache hincapié en que también el mindfulness es efectivo para combatir la ansiedad.

El siguiente punto fue el que se llevó todos los aplausos de los presentes en Proeduca 2026: pedir la simplificación de tareas administrativas.

“El aula se vuelve una escribanía”, “todo es una planilla o un acta” y “nos tenemos que vivir defendiendo de todos” son algunas de las frases que le resuenan al coach de los docentes que reitera la importancia de pedir: “A veces hay cosas que son de sentido común y que no las tenemos porque no las pedimos”.

Aprender a decir que no

“¿Conocen el síndrome del niño bueno?”, preguntó el coach ontológico ante los presentes en el Auditorio Nacional del Sodre.

A continuación explicó que así se le llama a la persona que quiere siempre que todo esté bien, “que no haya conflicto, que nadie se pueda quejar de mí, que los niños estén contentos y que la directora no me llame la atención”, describe.

Para él ese niño bueno “es una trampa”. “Por querer hacer que todos estén bien la persona se termina cansando y agotando”. Por eso recomienda ni más ni menos que “hacer lo que podemos” y esto empieza por aprender a decir que no.

“A todos les encanta presentarse como alguien exigente y los contratan porque todos quieren tener a un exigente en su equipo pero al momento de gestionar la exigencia hay que ver hasta donde se puede ir”, destaca.

En este sentido alienta a generar espacios de desconexión laboral, desde la dimensión personal y pero también en acuerdo con la institución y a partir de cierta hora “no contestar más”. Esto viene de la mano con equilibrar la relación con la tecnología y conquistar la “hora libre no productiva” en la que no se corrige ni se planifica. “¿Cuándo vas a darte el lujo de no hacer nada?”, pregunta el coach al respecto.

En este sentido también fomenta algunos puntos fundamentales como atender a la calidad del descanso y combatir la vida sedentaria “raíz fundamental de la ansiedad y el enojo”.

El punto del “basta”

“Regular la emocionalidad se aprende”, señala Osow que puso sobre la mesa el caso que atendió en otro país de una docente que reaccionó con fuerte enojo ante un alumno de educación inicial, que derivó en que la institución educativa lo consultara.

La docente aprendió a gestionar sus emociones y aplicar todas las herramientas, pero pasaron cuatro años antes de poder poner en práctica lo aprendido.

“Nadie del equipo directivo creía en el cambio que había hecho y la seguían tratando igual, sin poner a prueba lo que había aprendido. Tardó cuatro años en darse cuenta que tenía que ir a otro colegio para volver a estar a cargo de una sala y llegó a ser subdirectora”, relata el coach y hace hincapié en que es fundamental saber decir “basta” si la propuesta ya no es de su conveniencia.

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