La incorporación de tecnologías innovadoras para transformar la industria agroalimentaria es una tendencia que comenzó a consolidarse a nivel global hace aproximadamente una década. Sin embargo, en América Latina el fenómeno es más reciente y en países como Uruguay aún se encuentra en etapa de desarrollo.
Según Sergio Zúñiga Bohórquez, biólogo molecular y VP regional para Latinoamérica de Eatable Adventures, una aceleradora foodtech que desembarcó en Uruguay el año pasado, existen alrededor de 40 startups que se dedican a esta industria en el país.
Pero, pese al volumen alcanzado, el experto advirtió que el principal desafío es que gran parte de las tecnologías con potencial en el país aún permanecen dentro de los centros de investigación y no han logrado dar el salto al mercado.
“Aquí es donde hay que meter un poco el acelerador porque los países vecinos ya tienen muchas de estas soluciones tratando de entrar al mercado”, sostuvo. Según explicó, esta situación se compensa con el nivel de sofisticación que han alcanzado las investigaciones uruguayas y con el respaldo que brindan las entidades gubernamentales a los procesos de innovación.
En este sentido, Zúñiga Bohórquez destacó la combinación entre soluciones que vienen del mundo de la biotecnología, con sistemas de producción agrícola y ganaderos.
“Yo creo que los sistemas productivos sostenibles y predictivos son los que van a hacer que Uruguay pueda mantener no solamente esa balanza comercial en positivo, sino que también pueda exportar innovaciones relacionadas con ese cuidado también sostenible de la producción”, sostuvo el especialista.
Fue en este contexto que Eatable Adventures, de origen español, decidió desembarcar en Uruguay en 2025 con su programa de aceleración FoodRise. Ahora, con un fondo de 30 millones de euros (US$ 35.300.000) —del que un 25% se invierte fuera de Europa—. la firma proyecta comenzar a invertir en Uruguay este año y colocar un capital inicial cercano al millón de dólares para testear el mercado. Los tickets de inversión rondarán los US$ 175.000.
“Vemos un gran nivel en investigación en el país, lo que junto con la estabilidad en términos políticos y económicos presenta una gran oportunidad para inversionistas”, sostuvo.
La tesis de inversión se centra en startups en etapas tempranas, con tecnologías que sean propias, es decir, que tengan algún tipo de propiedad intelectual.
En este sentido, priorizan equipos dinámicos, que tengan perfiles complementarios y entiendan cuál es la necesidad en el mercado. Además del perfil técnico, sostuvo el ejecutivo, es clave que los equipos comprendan la necesidad real del mercado, ya que muchas innovaciones con alto potencial no logran ver la luz precisamente porque no dialogan con el cliente.
Además, buscan que tengan la disposición de salir al exterior. En esta línea, el experto destacó que desde Uruguay, Brasil es un mercado muy interesante para escalar, pero es necesario capital y fuerza para llegar. Pero además se posicionan otros mercados sofisticados de la región, como Chile, Argentina, o Colombia.
“Tanto México, Estados Unidos y Europa pueden ser potenciales compradores de soluciones que se hacen en Uruguay”, agregó el biólogo molecular.
En ese marco, Zúñiga Bohórquez recordó que la compañía tenía grandes expectativas sobre el avance del tratado entre el Mercosur y la Unión Europea y sostuvo que si finalmente se concreta Uruguay debería comenzar a prepararse para llegar a ese mercado.
Además de las inversiones, en los próximos meses desde la firma proyectan lanzar una segunda edición del hub de innovación de seguridad alimentaria FoodRise, que busca acelerar a startups que trabajan en alargar la vida útil de los alimentos; reducir desperdicios y residuos; mejorar el valor nutricional de los alimentos; optimizar procesos, logística, packaging y retail.
“Nuestra idea es seguir abriendo muchos más programas y posibilidades para los emprendimientos de la región”, adelantó.
De cara al futuro, el vicepresidente de la aceleradora instó a que las compañías locales inviertan más en las innovaciones que surgen en el propio país, especialmente en una etapa decisiva como es la validación rápida en el mercado.
A su vez, consideró que las grandes corporaciones comienzan a entender esta oportunidad. Si bien todavía muchas innovaciones provienen de las casas matrices o se desarrollan in-house, destacó que ya existe una conversación incipiente con el ecosistema emprendedor, facilitada por espacios de articulación. Aunque aún no se observan soluciones desarrolladas conjuntamente que estén en el mercado, señaló que en otros países el proceso fue similar y que, a medida que el ecosistema de innovación gana escala, las grandes empresas comienzan a adquirir tecnologías externas y a trabajar con startups para desarrollar soluciones escalables.