El PET, una herramienta de diagnóstico vinculada históricamente a la detección y seguimiento del cáncer, está ampliando sus aplicaciones hacia otras áreas de la medicina. La posibilidad de observar no solo la estructura de un órgano, sino también cómo funciona y qué procesos ocurren a nivel molecular, abre nuevas posibilidades para detectar enfermedades que pueden pasar inadvertidas en estudios convencionales.
Así lo explicaron Rodolfo Ferrando y Federico Ferrando, directores del Consultorio de Imagen Molecular Ponce, durante el especial Health Care: ¿Hacia dónde va la salud en Uruguay?, en el streaming de El Observador.
Según explicó Rodolfo Ferrando, el PET forma parte de la llamada imagen molecular, un tipo de imagen funcional que permite estudiar procesos que van más allá de la anatomía. A diferencia de una radiografía, una ecografía o incluso otros estudios de imagen, la técnica permite utilizar marcadores específicos para seguir determinados procesos dentro del organismo.
“Podemos detectar todo su recorrido dentro del órgano y cómo está funcionando ese órgano”, señaló en entrevista con la bióloga y especialista en genética, Rosario Cestau.
El rol del PET en el cáncer
La principal aplicación del PET continúa estando en las enfermedades oncológicas. En estos casos, el estudio puede aportar información para detectar procesos metabólicos asociados a los tumores, determinar la extensión de una enfermedad y evaluar cómo responde un paciente a un tratamiento.
Rodolfo explicó que esta información permite avanzar hacia una medicina más personalizada, en la que las decisiones terapéuticas se ajustan a las características de cada paciente y de su enfermedad.
Pero el campo de aplicación del PET no termina allí.
Una enfermedad cardíaca que puede pasar inadvertida
Uno de los usos que está ganando relevancia está relacionado con la enfermedad coronaria. El especialista señaló que existe un grupo de pacientes que presenta síntomas compatibles con una enfermedad cardíaca, pero cuyos estudios tradicionales no muestran obstrucciones en las grandes arterias coronarias.
Durante años, estos casos podían interpretarse como ausencia de enfermedad coronaria. Sin embargo, el problema puede encontrarse en los vasos sanguíneos más pequeños.
Esta alteración, conocida como disfunción microvascular coronaria, afecta especialmente a mujeres y puede tener impacto en el pronóstico cardiovascular. El PET permite estudiar y cuantificar el funcionamiento de esos pequeños vasos de manera no invasiva.
Según Federico Ferrando, esta posibilidad puede ser especialmente relevante en pacientes que pasan por múltiples consultas y estudios sin llegar a identificar con precisión cuál es el origen de sus síntomas.
Cuando el tratamiento contra el cáncer afecta al corazón
La expansión del PET también aparece en un punto de encuentro entre la oncología y la cardiología. Los pacientes con cáncer pueden recibir determinados fármacos o radioterapia que generan daños en el corazón, un fenómeno conocido como cardiotoxicidad.
Federico mencionó que el crecimiento de la cantidad de pacientes que sobreviven al cáncer llevó a desarrollar una nueva área de trabajo, la cardio-oncología, enfocada en prevenir y detectar las consecuencias cardiovasculares de los tratamientos oncológicos.
El especialista aclaró que el riesgo de cardiotoxicidad varía según el tipo de tumor, los medicamentos utilizados y la dosis acumulada. En algunos grupos de pacientes que reciben determinados tratamientos altamente cardiotóxicos, puede alcanzar porcentajes elevados.
La utilidad del PET en este campo está vinculada a la posibilidad de identificar alteraciones antes de que aparezca una caída evidente de la función de bombeo del corazón. Es decir, detectar cambios en etapas más tempranas, cuando todavía no necesariamente existe una insuficiencia cardíaca manifiesta.
El PET también entra en el diagnóstico del Alzheimer
Otro de los campos que está incorporando esta tecnología es el de las enfermedades neurodegenerativas, particularmente el Alzheimer.
Rodolfo detalló que durante los últimos años el desarrollo de tratamientos capaces de modificar el curso de la enfermedad generó nuevas necesidades diagnósticas. Entre ellos están los anticuerpos dirigidos contra el amiloide, como lecanemab y donanemab.
Estos tratamientos requieren identificar previamente a los pacientes que presentan depósitos patológicos de amiloide en el cerebro. Allí aparece nuevamente el PET, esta vez mediante estudios capaces de visualizar esos depósitos.
La información no solo permite mejorar la precisión del diagnóstico en personas con trastornos de memoria. También puede ser necesaria para determinar si un paciente es candidato a determinados tratamientos, que además de tener un alto costo pueden presentar efectos secundarios.
El desafío de detectar la enfermedad antes de los síntomas
Para ambos, uno de los próximos pasos estará en utilizar estas herramientas cada vez más temprano. La medicina busca avanzar desde el diagnóstico de una enfermedad ya instalada hacia la identificación de procesos biológicos que aparecen antes de que los síntomas sean evidentes.
En el caso del Alzheimer, esto implicaría eventualmente detectar depósitos de amiloide en personas que todavía no presentan síntomas de demencia y actuar antes de que se produzca un daño neuronal irreversible.
Ese escenario todavía se encuentra en investigación. Los ensayos clínicos con personas asintomáticas continúan en desarrollo y los marcadores plasmáticos también aparecen como una herramienta que podría complementar o incluso modificar el diagnóstico en el futuro.
La evolución de estas tecnologías muestra así un cambio en el lugar que ocupa la medicina nuclear. De ser una herramienta asociada principalmente al diagnóstico y seguimiento del cáncer, el PET comienza a ocupar un espacio más amplio en la búsqueda de alteraciones funcionales y moleculares que pueden no ser visibles mediante los estudios tradicionales.