¿Cuánto tiempo llevará la construcción y de cuánto es la inversión?
Van a ser tres años en total, puede que sea un poco menos. Hablamos de una inversión de alrededor de US$ 100 millones.
También llevan adelante el proyecto del empresario italiano Giuseppe Cipriani, en Punta del Este, que implica la conversión del tradicional Hotel Casino de San Rafael, ¿cómo vienen las obras?
El proyecto Cipriani está prácticamente terminado. La reconstrucción del edificio histórico está terminada, toda la estructura está, se está empezando a colocar el envolvente y se está edificando el casino, el ballroom y la sala de exposiciones que tenía atrás. El viejo hotel está ya prácticamente conformado y han empezado con las fundaciones de la primera torre residencial. Así que está muy avanzado el proyecto.
¿Cuánto le queda para terminar?
Giuseppe apunta a abrir el hotel en diciembre del año que viene, para la próxima temporada.
El proyecto estuvo envuelto en múltiples polémicas y enfrentó cambios con respecto al plan inicial. Finalmente, ¿de cuánto es la inversión?
No te lo puedo decir porque no lo sé, me encantaría saberlo pero ni siquiera lo sé.
¿En qué otros proyectos está trabajando el estudio?
Estamos haciendo dos torres en Riyadh, en Saudi Arabia; una escuela de arte para una universidad en India; en marzo terminaremos un proyecto extraordinario que se llama The National Medal of Honor Museum en Arlington, Texas, es una obra que fue resultado de un concurso con una idea super poética que tuvo Rafael sobre el peso que levantan esos soldados en esos momentos tan intensos de la guerra. También estamos terminando un proyecto muy lindo, en José Ignacio, en la Fundación Cervieri Monsuárez; estamos haciendo una casa muy grande, de 4.500 metros cuadrados; un aeropuerto en Florencia; tenemos también un proyecto de cuatro torres de 270 metros de altura en Toronto; y un edificio de 800 unidades en Miami. Tenemos bastantes obras encaminadas.
¿Tienen a estudio otros proyectos en Uruguay?
Sí. Creo que es un poco repentino empezar a hablar de eso porque está todo un poco crudo todavía, pero para nosotros Uruguay es un lugar muy especial. Nos gusta mucho trabajar acá, invertir acá. Creemos que es un país que tiene un potencial increíble, si solo viniera más gente, así que estamos haciendo todo lo posible para que eso pase. Por eso el proyecto Médano El Pinar también persigue ese objetivo. Mi padre tenía la convicción de que todos los proyectos eran, de cierta manera, proyectos cívicos. No importa la fuente de financiamiento, ni el uso de un edificio, eventualmente la arquitectura en lugares poblados es tan permanente, tan intensiva de capital y tan poco ignorable que eventualmente estás afectando la vida de toda la gente que la rodea. Entonces, en base a esa convicción, tenés que estar pensando en esas inversiones de una manera mucho más amplia. ¿Quiénes son los usuarios realmente? ¿Es la gente que entra a trabajar en el edificio o es también la gente que pasa por la calle abajo y se tiene que tragar todos los días la presencia de una cosa que le causa un cierto bienestar o un cierto malestar? Cuando uno piensa en un proyecto arquitectónico de esa manera y le aplica un horizonte más largoplacista a esa inversión, entonces no está pensando que en cinco o 10 años vende el activo. No se debería pensar de esa manera. Los edificios, por ser tan duraderos, si no son adaptables en el tiempo, si no pueden aceptar el cambio que la gente que los usa les exige en el tiempo, pierden vigencia, se convierten en cosas obsoletas, porque la gente cambia, el mundo cambia, la sociedad también. La inversión largoplacista resiste más que la cortoplacista, entonces cuando uno piensa de esa manera, esa es la fricción que siempre tuvimos como estudio de arquitectura con nuestros clientes porque siempre veíamos un proyecto como una oportunidad para hacer algo más. Ese es nuestro abordaje. Ya que la idea es traer más gente que pueda venir a trabajar al país, nos parece que Uruguay tiene que tener productos que sean consistentes con lo que buscan todas las empresas multinacionales acá.
¿Cómo ve el desarrollo inmobiliario de Uruguay?
Me entusiasma muchísimo. Me parece genial que haya tantos proyectos, tanta infraestructura que se está desarrollando, las calles, la bicisenda que acaban de poner frente a la rambla, todo eso me entusiasma mucho. Me parece que la gente siente el optimismo que representan todas esas inversiones y cuanto más optimista es un lugar, más gente va a querer venir y ser parte de él. Es por eso que a nosotros nos parece importantísimo seguir invirtiendo sobre algo que ya está establecido. Este edificio (en alusión al Edificio Plaza Alemania, diseñado por el estudio y construido por su desarrolladora) es exitoso, lo terminamos en tiempo, con bajo presupuesto, nunca nadie se peleó con nadie, fue idílico desde el punto de vista del gerenciamiento de la obra que suele no pasar, normalmente son cosas más complicadas. Y para nosotros fue la primera experiencia como desarrolladores, nos gustó mucho a pesar de que tuvimos demoras con los permisos porque teníamos otras ideas de lo que queríamos hacer. El desarrollo del edificio atravesó la pandemia súper bien, que podría haber sido un desastre y no lo fue. Y al final de esa experiencia, teniendo ya un equipo acá, pensamos que como además somos uruguayos, tenemos una casa en Punta del Este, queremos estar más tiempo acá, queremos aportar al país, devolverle algo de lo que este país le dio a mi padre. Al fin y al cabo, él siempre reconoció sus raíces y se sintió muy orgulloso de ser uruguayo. Y habiendo logrado esto, levantamos la vista, miramos para afuera y dijimos, ¿qué falta acá? ¿Qué otra cosa podemos hacer para aportar al Uruguay? Para nosotros aportar al Uruguay es aportar a Montevideo porque este es el lugar donde se trabaja y a nosotros nos gusta trabajar. Nos gusta hacer cosas para gente que le gusta trabajar también. Entonces, levantando la vista y mirando alrededor, vimos que faltaba calidad en un producto residencial porque si querés vivir de cierta manera en Montevideo, ves que no hay muchos edificios de vivienda de alta gama multifamiliar. Y nos pareció que ese era un mercado que se podría generar acá y así fue que surgió Médano El Pinar, que si bien es en la costa, es muy cerca de Montevideo.
Román Viñoly
Foto: Leonardo Carreño
En comparación con otros países, ¿qué ve que le hace falta a Montevideo para pegar ese salto de calidad en términos arquitectónicos y de infraestructura?
No veo barreras especiales o diferentes a las de otros países. Son los mismos desafíos que tiene cualquier proyecto inmobiliario, que son miles o millones, porque cuando te pones a desarrollar un edificio te estás comprando un paquete de problemas todos interdependientes y el trabajo del desarrollador y de los arquitectos es desenroscar todos esos problemas. Por eso es que no me parece que sea algo especial de acá, más allá de que este es un país que, desde el punto de vista de la población, no crece mucho y debería crecer. Yo pienso en las zonas más allá de Ciudad Vieja, donde está AFE y la verdad es que parpadeo y lo veo como Puerto Madero (en Argentina), o el Soho y el Chelsea (barrios de Nueva York), son lugares en los que es muy fácil imaginarse cómo se podría rescatar todo eso de una vida más bohemia, creativa, productiva. Lo único que falta es que haya más gente. Creo que ese es el único problema. Eso se resuelve haciendo cosas que atraigan gente y lo que nosotros estamos haciendo en Médano El Pinar es eso, un proyecto que atrae. Ya hay gente que ha comprado departamentos y son personas que vienen de Canadá, de Malta, de Rusia, gente que se viene a instalar y vivir acá por lo menos unos cinco o seis meses al año. Eso está buenísimo.
¿Cómo cambió la dinámica del estudio tras el fallecimiento de su padre?
Cambió mucho. Mi padre era una persona súper dinámica, creativa, carismática y tenía una garra profesional que impulsaba todo. Él creó un equipo que le permitió ejercer todas esas virtudes que tenía. Todo lo que parecía que podía hacer solo, nacía de él, pero después requería de todo un equipo súper profundo para poder realizarlo. Y lo que pasó cuando murió, que fue algo inesperado porque él estaba muy bien, es que no estábamos del todo preparados. Fuimos acomodando el equipo, primero para poder completar la obra que él había dejado. El primer objetivo fue toda la obra que él diseñó se tenía que terminar, tiene que ver la luz del día. Mi primer objetivo fue: "el legado de mi padre no termina el 2 de marzo de 2023".
Román Viñoly
Foto: Leonardo Carreño
En ese proceso no perdimos ningún cliente y pasaron cosas que me dieron un cierto optimismo de ver lo que éramos capaces de hacer. Fuimos reacomodando el personal también, hubo gente que se fue, otros tomaron otro nivel de compromiso con el futuro del estudio y de esa manera fuimos reestructurando la forma en la que trabajamos. Desde entonces, hemos hecho varios concursos, presentaciones a potenciales clientes en las que hemos generado proyectos y hemos podido ver el resultado del trabajo que ahora hacemos, desde un principio, en equipo. Antes era mi padre el que generaba la idea y todo el mundo ejecutaba, ahora generamos ideas en equipo. Pero esas ideas que se generan hoy tienen muchísimo que ver con lo que hacía mi padre, porque toda la gente que las está haciendo fue formada por él. Y su manera de trabajar estaba siempre guiada por esta idea de que un edificio es una obra pública y un bien cívico, sí o sí. Esa filosofía del trabajo sobre cómo se pueden hacer rendir estas grandes inversiones de manera más amplia, más social, responsable, más ética es efectivamente lo que está en el ADN del estudio y las obras parecen obras de Rafael Viñoly. Por necesidad, tuvimos que cambiar la forma en la que se organiza el trabajo en el estudio, tuve dudas y creo que es normal, frente a la posibilidad de que no se encuentre esa capacidad. Yo estaba dispuesto a que no se encuentre, estaba preparado para eso, pero por suerte se encontró.
¿Quedan todavía más proyectos que hayan sido diseñados por Rafael Viñoly y que no hayan visto la luz todavía?
Sí, hay algunos cuantos. Hay uno, por ejemplo, en el polo logístico de la ruta 5, es un edificio de oficinas muy lindo y chico que todavía no se construyó, pero estamos haciendo todo el esfuerzo para que se pueda construir. Es un tema de presupuesto que se va a resolver de alguna manera. En la historia del estudio hay muchísimas ideas que no se realizaron y que son también una especie de banca de inspiración para todo el equipo.