24 de abril de 2026 5:00 hs

De tierras jesuíticas a manos de un excombatiente de Artigas, de un propietario inglés a convertirse en emblema de la historia rural uruguaya. La estancia San Pedro del Timote, en Florida, condensa en sus vastas hectáreas buena parte de la historia del país.

Con el paso del tiempo, aquel establecimiento productivo de referencia se transformó también en destino turístico, ganándose un lugar como una de las estancias turísticas más antiguas de Uruguay.

Ahora, tras haber pasado por distintas manos en su etapa como hotel de campo, la estancia vuelve nuevamente al mercado. Según pudo saber Café y Negocios, la comercialización está a cargo de Sotheby's International Realty -firma global especializada en real estate de lujo- y su valor ronda los US$ 10 millones.

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En este sentido, fuentes cercanas a la empresa señalaron que si bien el negocio tiene un buen desempeño y la venta no es una prioridad, se mantienen abiertos a evaluar propuestas que puedan surgir.

Los detalles de la propiedad

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A 157 kilómetros de Montevideo, San Pedro del Timote cuenta actualmente con unos 6.575 metros cuadrados construidos, distribuidos sobre una propiedad de 97 hectáreas en total. El establecimiento se organiza en torno a dos grandes bloques, la casa principal y el albergue, que en conjunto suman 39 habitaciones.

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Dentro del complejo se integran una iglesia, un restaurante y un salón de convenciones con capacidad para 150 personas. A la par de estos espacios, conviven instalaciones propias de su pasado productivo, como un taller mecánico, un molino, un silo y habitaciones destinadas al personal del rancho. Hacia el final del predio se ubican dos casas que formaron parte de las cabañas del establecimiento, junto a lo que supo ser la cabaña Hereford. Detrás de la iglesia, además, se conserva una carpintería que cuenta con maquinaria original del rancho.

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El predio se completa con un amplio patio, un jardín arbolado y tres piscinas, dos abiertas y una cerrada, que refuerzan su perfil como destino turístico.

Un repaso por su historia, sus dueños y etapas

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Los campos en los que hoy se erige la propiedad eran utilizados por los jesuitas para sus vaquerías. Sin embargo, cuando este grupo religioso fue expulsado de Uruguay, las tierras fueron puestas a la venta y adquiridas luego de una puja de 10 años por Juan Francisco García de Zuñiga.

Tras la muerte de este comerciante y militar, sus propiedades fueron repartidas entre sus hijos. Uno de ellos, Tomás García de Zúñiga, tuvo un papel activo en los vaivenes políticos y militares de la época y también en el futuro del lugar.

En 1825, luego de haber luchado junto a Artigas, se pasó a filas de los portugueses, lo que hizo que debiera abandonar el país y concretar la venta de sus propiedades.

Así, las tierras que hoy albergan a San Pedro del Timote fueron vendidas nuevamente, esta vez a un inglés: Juan Jackson Ball.

Otra muerte y una nueva sucesión marcaron una vez más el destino del establecimiento. En 1857, Pedro José, hijo de Juan Jackson Ball, tomó las riendas y fundó una estancia bajo el nombre Timote.

Con el paso de los años, y de acuerdo con una investigación de Ana Inés y José V. Zerbino Vanrell, la propiedad pasó a manos de los descendientes de Clara Jackson Errazquin, la única de los hijos de Jackson que tuvo descendencia. Clara había contraído matrimonio con el alemán Gustavo Heber.

De ese vínculo, la estancia fue finalmente heredada por la hija menor del matrimonio, Elena Heber Jackson, quien en mayo de 1901 se casó con Alejandro Gallinal. Los nuevos propietarios se instalaron en el establecimiento para dedicarse de lleno a la explotación de la tierra.

Durante el período de los Jackson, y según consignan los investigadores, la producción estuvo claramente orientada a la cría ovina. Una tasación de 1875 da cuenta de ese perfil: en unas 35.000 hectáreas había 42.261 ovinos de cría y apenas 191 vacunos. Sin embargo, ese esquema comenzó a modificarse bajo la administración de Alejandro Gallinal, quien impulsó un giro hacia la ganadería vacuna, posicionando al establecimiento como una referencia en ese rubro.

En 1940 Gallinal encomendó la dirección de los campos a su hijo Alberto, ex intendente de Florida y fundador de Mevir. En continuidad con la línea iniciada por su padre, este profundizó el desarrollo ganadero, con especial foco en la mejora de la raza Hereford, logrando destacados resultados en exposiciones.

Ese recorrido productivo y familiar encontró un punto de inflexión hacia fines del siglo XX.

En 1996, dos años después de la muerte de Alberto Gallina, la estancia fue vendida y comenzó una nueva etapa: su reconversión en un emprendimiento turístico de primer nivel, sin desprenderse de su historia.

Las diferentes adquisiciones del negocio turístico

Desde su reconversión en la década de 1990, San Pedro del Timote atravesó una serie de cambios de mando. En 1996, la propiedad habría sido adquirida por un grupo uruguayo-brasileño y estuvo gestionada por el empresario Poli Cerisola. Según pudo saber Café y Negocios el monto de la transacción en aquel momento osciló los US$ 1.5 millones.

En 2009, el establecimiento volvió a cambiar de manos cuando un grupo inversor español pagó más de US$ 2 millones por el casco histórico y sus 97 hectáreas, quedando en ese momento la administración en manos del uruguayo Guillermo Borrazás. Al rededor de tres años más tarde, la estancia volvió a estar a la venta y quedó bajo la órbita de la familia Bartesaghi -también vinculada a Altos del Arapey-. Actualmente los hermanos Jorge y Juan Bartesaghi siguen al frente de la estancia.

Según explicaron fuentes cercanas a la empresa, la decisión de vender comenzó a gestarse el año pasado, a partir del interés de inversores extranjeros, principalmente europeos, por radicarse en el lugar.

Este fenómeno se da, además, en un escenario de mayor demanda por propiedades de alto valor en zonas como el entorno de José Ignacio, con valores similares. En ese marco, sostuvieron que este activo en particular “tiene un valor que excede la tierra y la propia explotación hotelera”.

Si bien la venta no es una prioridad, la compañía sostuvo que se mantiene abierta a evaluar propuestas que puedan surgir y señaló que el negocio hotelero ha mostrado un buen desempeño, sobre todo tras la pandemia, impulsado por una mayor valorización de las experiencias por parte de los clientes.

Hoy, con la propiedad nuevamente en el mercado, la historia de San Pedro del Timote abre otro capítulo sin escribir y su futuro vuelve a quedar en suspenso.

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