31 de octubre de 2026 5:00 hs

Dos micrófonos como antenas apuntándolo. Una conferencia, una noticia por dar. Un traje azul marino, camisa blanca, una corbata bordó. El mensaje: “una inversión que por su monto es de las más grandes de la historia reciente, si no la más grande”.

Así anunció Yamandú Orsi el pasado 14 de octubre que la empresa española Solaria eligió a Uruguay como país para desarrollar un proyecto que podría implicar una inversión de 5.700 millones de dólares. ¿Para hacer qué? Para desarrollar un parque de generación fotovoltaica y parques de centros de datos, bajo régimen de zona franca, para luego entregar los centros de datos "llave en mano" a operadores tecnológicos internacionales (enfocados principalmente en servicios de nube).

Yamandú Orsi y Arturo Díaz Tejero, CEO de Solaria

Yamandú Orsi y Arturo Díaz Tejero, CEO de Solaria

Un proyecto que, según anunció también la ministra Fernanda Cardona, prevé más de 3.000 puestos de trabajo durante la etapa de construcción y entre 100 y 150 para las operaciones de mantenimiento. Y que, además, estará instalado en Canelones (con una demanda de 200 MW), en Florida (350 MW) y en San José (300 MW), con un acuerdo de compraventa a 20 años de energía con UTE.

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Una vez terminados esos primeros segundos de gran anuncio, el Presidente de la República continuó:

“Debo confesar que a partir de las reuniones que tuvimos en Nueva York, vinculados directamente a estos temas, pude dimensionar la potencialidad que tiene el Uruguay”.

Es que en setiembre de este año, en el marco de su viaje a Nueva York por la Asamblea General de las Naciones Unidas, estuvo con inversores y empresarios reunidos por Americas Society/Council of the Americas, destacando la estabilidad institucional y macroeconómica del país, la apertura de mercados y la agenda orientada a atraer “más y mejor inversión” para la generación de empleo.

¿Es Uruguay eso? ¿Un país en el que colocar inversiones del estilo de Solaria o del estilo de Google, que en noviembre de 2023 anunció la construcción de un data center en Canelones que costaría 850 millones de dólares? ¿Qué bondades tiene para ofrecer?

“Es una muy buena noticia que se elija al país para inversiones de esta escala. Con la información disponible hasta ahora, los proyectos resultan interesantes y atractivos para el ecosistema tecnológico. Ahora comienza una etapa de diseño en la que se irán definiendo detalles y, a medida que se conozcan, vamos a poder analizarlo con mayor profundidad”, dijeron desde la Cámara Uruguay de Tecnologías de la Información (CUTI) a El Observador.

Primera ventaja: un país repleto de energía limpia

La diversificación de la matriz energética llevada adelante por Uruguay es uno de los factores que juegan a favor del país para instalar data centers, según le dijo a El Observador Carlos Martínez, gerente de LACNIC, el Registro de Direcciones de Internet para América Latina y el Caribe. El proyecto anunciado, de 500 megavatios, es “una gran oportunidad de capitalizar el esfuerzo que se hizo en su momento”, agregó.

Es que Uruguay "ha desarrollado durante las últimas dos décadas una infraestructura eléctrica robusta y una matriz de generación que se encuentra entre las más renovables del mundo. Esto último es particularmente relevante porque los centros de datos son grandes consumidores de electricidad y, para muchas empresas tecnológicas, el origen de esa energía es un factor cada vez más importante en sus decisiones de inversión", analiza Diego Oroño, presidente de la Asociación Uruguaya de Energías Renovables (Auder).

Por eso, agrega, "Uruguay tiene la oportunidad de transformar lo que fue uno de los grandes logros de su primera transición energética en una ventaja competitiva para atraer nuevas industrias y actividades económicas".

Según Martínez, quien integra un organismo clave en la gobernanza de internet, cuando se analizan los problemas de los data centers que se instalan en otros lugares, aparecen dos: la energía y las críticas por la refrigeración. Sobre el aprovechamiento de la matriz energética uruguaya, insistió: “Me parece súper importante y destacable”.

De acuerdo con los balances del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) y de la Administración del Mercado Eléctrico (ADME), Uruguay completó su primera transición energética hacia mediados de la década pasada y consolidó registros estructurales donde entre el 95% y hasta más del 98% de la electricidad generada anualmente proviene de fuentes limpias (sin contar el sector transporte, aún atado al petróleo). En meses de hidraulicidad favorable, la cifra ha llegado a tocar el 99% e incluso picos técnicos del 100% renovable.

La mezcla que abastece el sistema nacional no depende de una única alternativa, sino de cuatro pilares complementarios: la energía hidroeléctrica –que históricamente aporta entre el 45% y el 55% de la generación–, la eólica –que explica entre el 30% y el 35% gracias al despliegue masivo de molinos de viento en el centro y sur del territorio–, la biomasa industrial —con cerca del 12% al 14%, vinculada en gran medida a la producción de pasta de celulosa– y, en menor medida, la energía solar fotovoltaica, que ronda entre el 3% y el 4%.

El aprovechamiento de esa ventaja “varía según quién sea el que va a estar planificando el data center porque Uruguay tiene mucha energía renovable, pero hay empresas que lo valoran y otras que no lo valoran tanto”, explica Omar Paganini, excanciller, exministro de Industria e ingeniero eléctrico.

“Es valorado por aquellos que quieren promover la sostenibilidad, y eso no pasa con todos los que desarrollan data centers, pero es algo que se pone en la balanza”, agrega.

En Uruguay la matriz eléctrica pasó de depender en un 50% en 2008 de combustibles fósiles a ser generada en hasta un 99,1% por energías renovables.
En Uruguay la matriz eléctrica pasó de depender en un 50% en 2008 de combustibles fósiles a ser generada en hasta un 99,1% por energías renovables.

Es, por ejemplo, una de las cualidades que menciona la ficha técnica de Uruguay de la Administración de Comercio Internacional de Estados Unidos. Allí se señala que el país cuenta con "una red eléctrica compuesta en un 99% por energías renovables lo que convierte a Uruguay en un destino atractivo para operaciones sostenibles y rentables".

Sin embargo, la llegada de complejos de cómputo a gran escala también expone los límites del sistema. Marcela Mercapidez, CEO de la empresa de ciberseguridad Sabyk, advierte sobre la otra cara de esta fortaleza: "la energía que demandaría el centro, según lo anunciado, es enorme, y hoy nuestra matriz depende en gran parte de condiciones naturales como la lluvia y el viento. Eso es a la vez una gran ventaja y una posible debilidad para garantizar un suministro continuo".

Ante ese desafío, en su plan de expansión para responder a consumos electrointensivos, UTE ya proyecta nuevas licitaciones de energías renovables —tanto para incorporar más parques eólicos como para expandir la capacidad fotovoltaica y de respaldo—, con el objetivo de evitar que el desembarco de los gigantes tecnológicos compita con la demanda residencial o comprometa la estabilidad del suministro en temporadas de sequía.

Pero, advierte Oroño, "el costo de la electricidad es una variable importante para industrias que tienen consumos muy elevados y operan de manera continua. Si bien tenemos una matriz renovable muy competitiva desde el punto de vista ambiental, eso no significa necesariamente que tengamos las tarifas eléctricas más competitivas para todos los perfiles de consumo".

Segunda ventaja: la seguridad jurídica y las zonas francas

“Lo que vemos es un marco previsible para invertir y una base institucional sólida”, dicen desde CUTI. Esa característica uruguaya no es menor, porque en la industria de la computación a gran escala, las decisiones de inversión comprometen desembolsos de capital con horizontes de amortización de veinte a treinta años. En ese marco, la estabilidad institucional y el régimen tributario operan como factores determinantes para viabilizar los proyectos.

Dentro de las ventajas uruguayas (energía verde a precios competitivos, territorio e infraestructura eléctrica), Martín Bocage, presidente de la Asociación Uruguaya de Generadores Privados de Energía Eléctrica (Augpee), señala como clave para desarrollar proyectos a largo plazo la "estabilidad institucional y la estabilidad económica", en conversación con El Observador.

Es que “Uruguay tiene una cosa que lo distingue, que es la seguridad jurídica. Se ha destacado por el cumplimiento de compromisos internacionales. No solo financieros, sino también los proyectos de inversión como los de UPM y Montes del Plata, ahora Google. En ese sentido, la seguridad jurídica es un activo que otros países de la región no han tenido”, explica Paganini.

Las empresas argentinas se ven atraídas por las zonas francas locales
Las empresas argentinas se ven atraídas por las zonas francas locales

De hecho, la ficha técnica de la Administración de Comercio Internacional de Estados Unidos señala que el país "cuenta con un sólido estado de derecho y mantiene una trayectoria de estabilidad política, social y económica, lo que ofrece un entorno seguro y confiable". En términos prácticos, esa previsibilidad se refleja en la continuidad de las normas de promoción de inversiones y el cumplimiento de los contratos a través de sucesivos cambios de administración.

El segundo componente normativo es el régimen de zonas francas, regulado por la Ley N° 15.921. Como detalla el informe de la agencia estadounidense, estos enclaves ofrecen "exenciones fiscales" orientadas a reducir los costos de instalación y operación.

La relevancia de este régimen responde a la estructura de costos de los centros de datos. Entre el 60% y el 75% del capital total se destina al equipamiento tecnológico: servidores, procesadores, unidades de respaldo eléctrico (UPS) y equipos de red importados.

Dentro de las zonas francas, los operadores quedan exonerados del Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas (IRAE), del Impuesto al Patrimonio y de aranceles o gravámenes a la importación y reexportación de bienes de capital. El marco legal garantiza asimismo la libre circulación de capitales y la remisión de utilidades al exterior sin retenciones.

“La estabilidad de las reglas de promoción de inversores, es decir las zonas francas, la COMAP y demás, hace que los inversores sepan que el régimen se sostiene aunque cambien los gobiernos, y pueden tomar una decisión de inversión con un montón de riesgos controlados y conocidos”, dice Paganini.

Tercera ventaja: la conectividad y la presencia de cables submarinos

“Tenemos un entramado de protección de datos con adecuación reconocida por la Unión Europea”, dice CUTI y agregan: “a eso se le suma un ecosistema tecnológico con capacidad instalada, porque el sector exporta 2.323 millones de dólares y la facturación total de las empresas socias es de 3.681 millones de dólares (en 2024).

La ficha técnica de la Administración de Comercio Internacional de Estados Unidos ubica al país en el primer lugar de América Latina en desarrollo de gobierno electrónico, adopción de tecnologías de la información y la comunicación (TIC), calidad de las telecomunicaciones y exportaciones de software per cápita. Y aclara: en el ámbito doméstico, más del 90% de la población cuenta con acceso a internet de banda ancha y más del 80% de los hogares dispone de fibra óptica directa (FTTH).

Según Paganini, uno de los valores que tiene Uruguay es que “tiene un sistema eléctrico robusto, estable, con buenas líneas de transmisión. Hay infraestructura eléctrica que probablemente no alcance para mega data centers y haya que hacer inversiones, pero no es la situación de Paraguay o la Patagonia, por ejemplo, donde habría que hacer una inversión muy grande en infraestructura”.

"En fibra óptica y conexiones internacionales Uruguay está muy bien posicionado, y eso probablemente haya sido determinante para una inversión de esta naturaleza", dijo Marcela Mercapidez en relación al proyecto de la española Solaria.

El elemento técnico central para los operadores de centros de datos se encuentra en las salidas hacia el Atlántico. A través de la participación de Antel en los consorcios internacionales, el país cuenta con amarres directos en Maldonado mediante los sistemas de cables submarinos Tannat y Monet, que enlazan con Santos y Fortaleza en Brasil y continúan hacia Estados Unidos.

"Los submarinos de inmersión profunda pueden cortar cables a gran profundidad, lo que dificulta enormemente las reparaciones", según el analista Sidharth Kaushal

A esa red se sumó la finalización del tendido submarino Firmina, propiedad de Google, que une Myrtle Beach (Carolina del Sur) con Punta del Este. Este cable constituye la cuarta conexión internacional que llega a territorio uruguayo y la segunda de enlace directo con Estados Unidos.

Esta infraestructura explica la posibilidad de proyectar centros de datos orientados a la exportación de servicios a pesar de la dimensión reducida del mercado local. Con exportaciones de software registradas en 2.170 millones de dólares –de las cuales más del 80% tienen como destino Estados Unidos– y un crecimiento proyectado para los servicios en la nube del 18,5% anual hasta 2029, la disponibilidad de rutas de baja latencia hacia São Paulo, Buenos Aires y América del Norte funciona como el canal de salida para la capacidad de procesamiento instalada en el país.

Es que “Uruguay es un país que tiene buena conectividad internacional con cables submarinos abundantes, que conectan también con Argentina y con Brasil, y para un data center eso es importante”, explica Paganini.

Todo esto es lo que posiciona a Uruguay como hub tecnológico, “lo que desborda luego en nuestra industria del software. Recordemos que Uruguay es el segundo mayor exportador de software per cápita de América Latina y el primero de América del Sur”, dice CUTI.

La ventaja menos considerada: la seguridad física

En los últimos años, la infraestructura de internet dejó de ser un asunto puramente técnico para meterse en los partes de guerra. Ataques con drones contra infraestructura crítica en Emiratos Árabes —que pusieron en alerta a las instalaciones vinculadas a Amazon Web Services— o los impactos en territorio ruso atribuidos a incursiones ucranianas mostraron que los galpones con servidores ya no se defienden únicamente de ataques informáticos.

En ese tablero, estar en el sur del Río de La Plata es un valor poco reconocido. Consultado Martínez si la tranquilidad histórica de Uruguay pesó en la decisión de las multinacionales, no lo descarta: “Es posible, ojalá”. Aunque enseguida agrega: “Igual no te podés descuidar, menos en esta época”.

Para Martínez, levantar un data center a esta escala convierte al predio en “un blanco súper interesante para actividades medio nefastas tipo terrorismo”. Reconoce que “para nosotros en Uruguay nos resulta lejano eso”, pero insiste en que blindar un complejo así exige una cabeza distinta: “Es bastante más que el guardia de seguridad en la puerta” y hay que diseñarlo “pensando en tu peor caso”. A su juicio, ningún proyecto previo en el país demandó ese nivel de previsión, “ni siquiera UPM”.

Sin embargo, Paganini discrepa con que este tipo de inversiones pongan en riesgo la seguridad uruguaya . “No creo que haya que plantearse el tema de los bombardeos porque si te ponés a pensar han sido en lugares que están en guerra, no han sido en data centers en Europa o en data centers en América Latina o en Estados Unidos; han sido cerca de Ucrania, de Rusia, en el Medio Oriente... creo que eso es exagerado”, dice.

Donde sí ve una pulseada de fondo es en la diplomacia: “Depende de quién sean las inversiones, uno empieza a formar parte de una infraestructura estratégica que no es neutra geopolíticamente. Son señales que uno da en un mundo en el que tenemos que aprender a navegar entre los distintos polos que hay”.

La historia de Uruguay con los data centers

Un centro de datos o data center es, en pocas palabras, una fábrica digital. Es un edificio cerrado, lleno de pasillos con gabinetes metálicos con computadoras potentes que funcionan las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.

Su único trabajo es procesar y guardar la información que usamos todos los días en internet, desde un mensaje de texto hasta un trámite bancario. Para que esas máquinas nunca se apaguen ni se fundan por el calor, el edificio necesita dos cosas básicas y constantes: muchísima electricidad y sistemas potentes de ventilación para enfriarlas.

Cualquier empresa mediana o institución pública tiene una sala pequeña con servidores para su propio uso interno. Pero cuando los gobiernos y las noticias hablan de proyectos millonarios, se refieren a otra escala: los centros de hiperescala.

La hiperescala es la versión industrial de este negocio. Son complejos gigantescos que construyen las grandes multinacionales de la tecnología, como Google, Microsoft o Amazon, para sostener servicios que usan cientos de millones de personas a la vez, como ver videos, usar mapas o consultar herramientas de inteligencia artificial.

A diferencia de una fábrica común, el tamaño y la importancia de estos complejos no se miden por cuántos metros de terreno ocupan, sino por cuánta energía eléctrica consumen. Un solo centro de hiperescala puede demandar la misma electricidad que una ciudad entera. Por eso implican inversiones de cientos de millones de dólares.

Sin embargo, la mayor parte de ese dinero no se gasta en ladrillos ni en contratar a miles de personas, sino en comprar las computadoras de última generación que se instalan adentro. Una vez que la obra civil termina, estos galpones funcionan casi de manera automática, supervisados por grupos muy reducidos de técnicos.

En la competencia internacional por atraer inversiones, la discusión es sobre qué países tienen la capacidad eléctrica, las redes de conexión y el espacio para enchufar estos gigantes del consumo energético.

Uruguay tiene unos 17 centros de datos operados por alrededor de 10 proveedores, según la estimación más reciente desprendida de sitios web como Data Center Map. Antel es el principal operador.

Un relevamiento de instalaciones mapeadas citó 10 sitios: ocho en Montevideo, uno en Canelones y uno en Maldonado.

El más grande es el de Antel en Pando. Ocupa más de 12.500 metros cuadrados, casi dos canchas de fútbol, y tendrá lugar para más de 1.000 racks, donde se apilan las computadoras. Ahí guarda su información, por ejemplo, el BPS. Además, hay una sala reservada para UTE.

Por ese centro pasaron también empresas que brindan servicios cotidianos. En 2021, El Observador informó que Google, Facebook, Netflix y Akamai habían contratado espacio en Pando, aunque no se sabe si todas siguen ahí. Además, Google Cloud y Antel anunciaron que Google instalará allí parte de sus equipos.

Antel tiene otros dos centros más chicos, en Pocitos y en Aguada. En 2020, la empresa informó que siete de cada diez clientes eran privados y el resto, organismos públicos.

También hay empresas privadas con centros de datos propios, como Willinn en Zonamerica, Geocom con su GEOCENTER, Latechco con tres sedes en Montevideo y Servidores del Sur en Punta del Este. Ninguna publica qué clientes tiene.

Google está construyendo su propio centro de datos en Canelones, con una inversión de más de 850 millones. Todavía no funciona y la empresa no informó qué tamaño tendrá en equipos o en consumo de energía.

El data center tiene 1500 metros cuadrados y espacio para más de 150 racks
El data center tiene 1500 metros cuadrados y espacio para más de 150 racks

Antel anunció otro centro en Canelones, cerca de las rutas 5 y 48, pensado para inteligencia artificial, con una inversión de 70 millones de dólares. La obra empezaría a principios de 2027 y estaría funcionando entre 2028 y 2029.

Consultado sobre si el presente tiene que ver con el gobierno actual o si, más bien, tiene que ver con características que Uruguay construyó más allá del gobierno de turno, Bocage dice que "es una mezcla de ambas". Según explica, la política energética aprobada en 2008 se sostuvo con gobiernos de distinto signo. Gracias a esa continuidad la primera transición movilizó más de 8.000 millones de dólares de inversión público-privada.

"La estabilidad macroeconómica y la seriedad institucional son activos del país, no de una administración. El desafío ahora es dar el siguiente paso: convertir esos acuerdos puntuales en una política de Estado con reglas generales para cualquier inversor. Eso permitiría competir por más proyectos y que la expansión se financie con las nuevas inversiones sin costo para el resto de los usuarios", agrega.

Es que una de las mayores fortalezas de Uruguay es, justamente, que su transformación energética haya trascendido los períodos de gobierno, según Oroño. "La política energética de largo plazo, construida a partir de acuerdos amplios y sostenida por distintas administraciones, permitió que Uruguay desarrollara una transformación muy importante de su matriz de generación eléctrica. Las inversiones que hoy estamos viendo no pueden explicarse exclusivamente por decisiones recientes. Son, en buena medida, el resultado de condiciones que el país viene construyendo desde hace muchos años", comenta.

Una mirada a los vecinos: ¿dónde se para Uruguay regionalmente?

A nivel global, la concentración es prácticamente hegemónica. De acuerdo con los censos de la plataforma Data Center Map, Estados Unidos encabeza la lista: alberga más de 5.300 centros de datos, una cifra que supera a la de los catorce países que le siguen juntos. Ese despliegue se traduce en una capacidad energética enorme. Estimaciones de firmas de análisis de mercado como Synergy Research Group estiman que esa potencia significa una cifra por encima de los 53.000 MW (53 gigavatios), concentrando más del 40% de la capacidad de cómputo del mundo.

A la distancia se ubican economías de escala como Alemania y el Reino Unido, con poco más de 500 instalaciones cada una, o China, que ronda los 450 centros pero prioriza complejos masivos de hiperescala que superan los 19.000 MW.

América Latina representa apenas alrededor del 5% de la capacidad mundial de procesamiento, teniendo a los países con mayor población como líderes:

  • Brasil: es el líder del subcontinente. Cuenta con cerca de 224 centros de datos operativos que concentran el 49% de la potencia instalada de América Latina —por encima de los 825 MW activos—, un volumen traccionado principalmente por el eje industrial Campinas-São Paulo, según datos de Moody’s Ratings.
  • México: es el segundo, con unas 70 instalaciones y el 27% de la potencia regional, apalancado en el clúster de Querétaro y su integración logística con América del Norte, como detalla el informe CBRE: Global Data Center Trends.
  • Chile: suma unas 66 infraestructuras activas y abarca cerca del 9% de la capacidad energética de la región (entre 150 y 200 MW), concentradas en la periferia de Santiago, según el relevamiento de JLL: Latin America Data Center Report.

En esta lista, la posición de Uruguay es pequeña. En los registros internacionales el país figura con apenas 10 centros de datos, y la potencia instalada conjunta —sumando el complejo de Antel en Pando y los de empresas privadas— se ubica en el entorno de los 20 a 30 MW. Aunque continúa en construcción, una vez finalizado el proyecto de Google este pasaría a sumar 60 MW.

Por eso es que proyectos como el de Solaria son tan imponentes para un país como Uruguay, porque podría significar el agregado de 850 MW de potencia. “Si se concreta, Uruguay pasaría a ser uno de los nodos de cómputo más grandes de América Latina, con una capacidad que incluso podría superar a la de Chile”, explica Mercapidez.

Además, resume Bocage, "Argentina, Brasil, Paraguay y Chile cuentan con políticas específicas para la instalación de este tipo de proyectos, en los que se ofrecen certezas respecto a los trámites permisarios, puntos de conexión y precios de energía preferenciales. Si bien no cuentan necesariamente con nuestras ventajas territoriales o institucionales, sería deseable contar con una política específica para promover estos proyectos y no quedar atrás".

Dentro de los desafíos a los que se enfrenta Uruguay, a diferencia de otros países de la región, Oroño agrega a la lista el tamaño del mercado (lo que genera una escala limitada frente a otros) y el costo de la electricidad. "También debemos considerar la disponibilidad de potencia eléctrica, las inversiones necesarias en infraestructura de transmisión, la conectividad internacional y las condiciones de acceso al agua y refrigeración, entre otros factores técnicos y ambientales que dependen de cada proyecto", dice.

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