13 de abril de 2026 5:00 hs

“Dibujás algo, lo ponés en una máquina y ese dibujo aparece del otro lado del mundo”. Así le explicó el padre de Fernando Leis cómo funcionaba el fax cuando Fernando era niño. Las telecomunicaciones y la tecnología las percibe como parte de su vida desde entonces.

Leis fue protagonista de la transformación de las telecomunicaciones en Uruguay en las últimas tres décadas. Y, tras 28 años en Movicom Bellsouth —hoy Movistar, vendida a Tigo— le dijo adiós al mundo corporativo y empezará un nuevo camino como emprendedor.

En una charla con El Observador, y ya como un empresario “novato” recuerda todos los momentos que transformaron la telefonía en Uruguay. "Me vas a hacer emocionar", dijo varias veces. Entre tanto recuerdo y reflexión sobre cómo evolucionó la industria, relató cómo intentó traer teléfonos inteligentes para un público que nunca tenía el dinero para acceder a los más suntuosos de la época.

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Los años del ladrillo: cómo era el celular antes del celular

Para entender la carrera de Fernando Leis, hay que entender primero cómo era la tecnología antes de que él llegara a ella. En los años ochenta y principios de los noventa, las computadoras personales eran aparatos carísimos y poco comunes. La mayoría de los hogares no tenía una. Lo que existía eran las microcomputadoras —máquinas sencillas como las TK90 o las Spectrum, que se conectaban al televisor y servían básicamente para jugar.

Y antes de internet, estaban las BBS —Bulletin Board Systems, que en español sería algo como "sistemas de tablón de anuncios digitales". Era un software y podría compararse como una versión muy primitiva de un foro de internet: te conectabas desde tu computadora marcando un número de teléfono, y podías dejar mensajes, bajar archivos o intercambiar correos. Era lento, era complicado, y para conectarse había que usar la misma línea que usaba toda la familia para llamar.

Leis tenía 14 años cuando se enganchó con ese mundo. El problema era que en su casa tenía una sola línea telefónica y para montar una BBS necesitaba dos. Buscó quién en el barrio pudiera tener dos líneas y apareció Pablo Casal. Le llamó sin conocerlo. Le propuso montar juntos el sistema. "Como hobby, obviamente no era para ganar plata, era para hacer algo distinto". El padre de Casal no sabía bien quién era ese chico que llamaba por teléfono. Pero lo dejaron. Montaron la BBS.

"Para mí fue como ese comienzo de lo primero de internet. Que vos te conectabas, que podías mandar mails al exterior, conectándonos a servidores intermedios. "Para mí eso fue como una especie de bichito que me empezó a picar: acá hay algo, las comunicaciones tienen que explotar".

En 1997, con esa historia de fondo, Leis entró a Movicom. La empresa había abierto el negocio de la telefonía celular en Uruguay en 1991 y ya tenía algunos años funcionando. Los teléfonos de esa época eran analógicos —una tecnología que transmitía la voz como una señal de radio, sin posibilidad de enviar datos ni mensajes de texto. Los “ladrillos eran grandes, pesados. No había mensaje de texto, no había nada, era todo llamada de voz y era eso", recordó Leis.

Leis entró al área de redes: la infraestructura invisible que hace que las llamadas lleguen. "Lo que estaba haciendo Movicom era transformando toda la parte de infraestructura, de software, de gestión", explicó. Dos años después, en 1999, lideró su primer proyecto propio: Movinet, el servicio de acceso a internet de Movicom.

Era la era del dial-up —la conexión por la que para entrar a internet había que marcar un número de teléfono y esperar que la computadora se conectara emitiendo un sonido imborrable y simbólico que experimentaron los mayores de 30 años. Mientras durase esa conexión, el teléfono de la casa estaba ocupado. Nadie podía llamar. Movinet compitió con Adinet —el servicio de Antel— y con otros proveedores que comenzaban a aparecer, como NetGate.

El prepago, el BlackBerry, el iPhone y el fin de un mundo

Mientras el internet de escritorio daba sus primeros pasos, el negocio del celular también cambiaba. Al principio, tener un celular requería firmar un contrato de dos años y pagar una cuota mensual. Era un producto para empresas y para personas de ingresos altos. Lo que transformó esa ecuación fue el prepago: la posibilidad de pagar por adelantado con una tarjeta recargable, sin contratos ni compromisos. "El prepago fue lo que dinamizó el tema", dijo Leis. "Ya no tenías que estar obligado a un contrato de dos años".

El prepago, combinado con la llegada de teléfonos más baratos de marcas como Kyocera, Mitsubishi y LG, hizo que el celular dejara de ser un artículo de lujo y empezara a llegar a otros sectores de la población. Nokia y Motorola seguían siendo las marcas dominantes, pero la competencia se abría.

En ese contexto apareció el BlackBerry. Era la empresa canadiense RIM la que lo fabricaba, y el producto estaba pensado para un cliente muy específico: abogados, embajadas, ejecutivos. Gente que necesitaba enviar correos con seguridad. "Era todo propietario: el hardware, el software, todo", explicó Leis. Para usarlo no alcanzaba con comprar el aparato. Había que pagar además una suscripción mensual al servicio de RIM, más el plan del operador celular. Si imaginamos el BlackBerry como un auto, sería como si además del vehículo tuvieras que pagar una cuota mensual a la fábrica solo para poder arrancarlo.

El teclado físico del BlackBerry —filas de teclas diminutas en la mitad inferior del aparato— era su sello y también su límite. Servía para escribir correos, pero no para mucho más. "Era un smartphone que no tiene nada que ver con lo que tenemos hoy", dijo Leis. Hubo una versión que intentó llegar a un público más amplio: el BlackBerry Pearl, apodado "la Perla", que tenía una bolita de navegación en el centro y, por primera vez en esa línea, incorporó cámara.

En paralelo al BlackBerry, existían otras propuestas. Las Palm y los Treo —aparatos que combinaban agenda electrónica con teléfono. Los Nokia y Sony Ericsson con Symbian —el sistema operativo para celulares más extendido de la época, que funcionaba pero era complicado de usar. "Yo lo sufrí", dijo Leis sobre Symbian. También Microsoft había apostado a su propio sistema para celularesñ Era un mercado fragmentado, donde cada fabricante hacía las cosas a su manera.

Todo eso colapsó en 2007, cuando Apple presentó el iPhone. Leis recuerda ese momento con precisión. Ya usaba productos de la marca desde hacía años. "Vi la presentación en vivo del 2007. Yo era recontra fanático, siempre comulgué con esa lógica". Lo que Apple hizo, en su análisis, fue resolver un problema que nadie había resuelto antes: "Los teléfonos, como estaban diseñados, estaban completamente limitados al hardware. El teclado limitaba las posibilidades del equipo, ocupaba mucho espacio, la mitad de la pantalla era teclado".

La solución fue eliminar el teclado físico y convertir toda la superficie del aparato en una pantalla táctil. No era la primera vez que alguien intentaba algo así, pero Apple lo ejecutó de una forma que hizo que cualquier persona pudiera usarlo sin instrucciones. "Lo que logró Apple es hacer un producto extremadamente simple de usar. Eliminar las barreras de entrada. Acordate del stylus", dijo, en referencia al lapicito que usaban las Palm para tocar la pantalla y que se perdía constantemente. "Yo perdí cuarenta de esos lapicitos". El iPhone no necesitaba ninguno.

La primera versión del iPhone se vendió solo en Estados Unidos, con exclusividad para el operador AT&T. Era un aparato 2G —una tecnología de red que solo permitía llamadas y una conexión a internet muy lenta. En Uruguay no se conseguía de forma oficial. Algunos lo traían del exterior. Y Leis organizó un evento donde uruguayos podían adquirirlo formalmente acá.

Fue en 2008. Y se trató del iPhone 3G —la segunda generación del producto, con soporte para redes de datos móviles más rápidas. Movistar Uruguay fue uno de los dos operadores del país con acuerdo para venderlo, junto a Claro. Antel no tenía ese acuerdo. Leis organizó el lanzamiento: una fiesta en el LATU para 2.000 personas. Habían cronometrado todo para que a medianoche del día previo al lanzamiento oficial, quienes habían reservado pudieran recibir su teléfono. "Toda la preventa se agotó. Siempre había más demanda que oferta. Siempre había una demanda de 100 y la oferta que teníamos era de 50".

El impacto fue inmediato y definitivo. "Fue el fin de la Palm, fue el fin de los Symbian, fue el fin de Nokia", resumió Leis. El iPhone incorporó el navegador Safari —que permitía ver páginas web en el teléfono de una forma parecida a como se veían en una computadora—, y abrió la hoy famosa tienda de aplicaciones donde cualquier desarrollador podía crear programas para el aparato. "Lo que hicieron fue replicar el mundo de la computación. Vos ya tenías una computadora que podías cargar programas. Lo que faltaba era una interfaz de uso muy sencilla y los tipos lograron eso en 2007".

Pero el iPhone solo no fue suficiente para masificar el smartphone. El aparato era caro. Lo que terminó de abrir el mercado fue la combinación de dos factores: la llegada del 4G —redes móviles mucho más rápidas, que permitían ver videos y navegar con una velocidad comparable al WiFi de casa— y la proliferación de teléfonos con Android, el sistema operativo de Google que, a diferencia del de Apple, podía instalarse en aparatos de decenas de fabricantes distintos a precios mucho más bajos. "Empezó a ser una carrera de dos caballos: iOS y Android", dijo Leis.

En ese período también hubo apuestas que no funcionaron. Mozilla, la organización detrás del navegador Firefox, desarrolló su propio sistema operativo para celulares, el Firefox OS, pensado para cubrir el espacio entre los teléfonos básicos y los smartphones caros. Era económico y apuntaba a usuarios que no podían acceder a un Android de gama alta. Leis lo trajo a Uruguay para satisfacer a un público que deseaba tener un Smartphone, pero no tenía el dinero para comprar un iPhone o un teléfono Android. Pero no captó demasiado público. "Si tenías un pre-smartphone y no tenías WhatsApp, ya tenías un problema. Y eso nunca se terminó de resolver". El proyecto quedó en el camino.

Antes de que WhatsApp se apoderara del desarrollo de la mensajería instantánea el mensaje de texto, llegó a representar el 30% de los ingresos de Movistar Uruguay. Era la forma más barata y fácil de comunicarse.

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Foto: Leonardo Carreño - Focouy

Foto: Leonardo Carreño - Focouy

Wozniak en Montevideo, el teléfono que se estancó y la apuesta a la IA

En 2016, Leis se propuso algo que muchos habrían considerado imposible: traer a Steve Wozniak a Uruguay. Wozniak es el ingeniero que junto a Steve Jobs fundó Apple en un garaje en los años setenta. Fue él quien diseñó y soldó a mano las placas de las primeras computadoras que la empresa vendió. No es un personaje que viaje a cualquier lado.

Leis lo buscó durante meses. Le escribió directamente. Contactó agencias. "Nunca había cupo porque son tipos que viajan por todo el mundo y también tienen una agenda muy ocupada", contó. La oportunidad apareció cuando Wozniak confirmó que bajaría a la región para dar una charla en Brasil. Desde ahí, lo convencieron de pasar por Montevideo. La fecha del MOVE —el evento de innovación que Movistar organizaba desde 2015— se definió en función de la agenda de Wozniak, no al revés.

El evento no lo organizaba ninguna productora. Era el propio equipo de la empresa el que armaba todo: el gerente de producto acomodando sillas, el supervisor de ventas haciendo acreditaciones. "Era un trabajo de team building interno espectacular. Estábamos todos trabajando en ese proyecto, literalmente trabajando".

Lo único que pidió Wozniak, recordó Leis, es una “buena conexión a internet”. Conexión de alta velocidad. Y era una velocidad que en esa época “no era fácil de conseguir”. Entonces, cerca del Sofitel tuvieron que instalar una antena para poder satisfacer su pedido.

"La primera charla que tuve con él fue muy emocionante. Resultó una persona extremadamente simple. Lo único que pidió fue una conexión de internet de no sé cuántos megabits por segundo". La sala estuvo sold out. Había fanáticos que llevaban tapas de computadoras Apple originales para que las firmara.

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Fernando Leis, de Movistar, muestra cómo es el primer iPhone en la presentación en el LATU en 2008.

Fernando Leis, de Movistar, muestra cómo es el primer iPhone en la presentación en el LATU en 2008.

Movistar también trajo al cofundador de Waze —la aplicación de navegación que usa el GPS y los reportes de otros conductores para calcular rutas— y al cofundador de Wikipedia. Después el evento se discontinuó y la empresa empezó a participar del America Business Forum.

Hoy Leis mira el mercado de los celulares con pocas transformaciones en el hardware. "Si vos mirás el primer iPhone de 2007 y el de ahora, ¿qué cambió dramáticamente? El tamaño, la calidad de las pantallas, las cámaras, el procesador. Pero la esencia es la misma". En las últimas etapas de su carrera en Movistar, cuando el equipo de producto presentaba los nuevos modelos, Leis hacía siempre la misma pregunta: "Ponemos esto a un consumidor, ¿dónde está la diferenciación?" La respuesta era difícil de dar. "Los ponés uno al lado del otro y tienen un poquito más de cámara, un poco más de esto, te meten un procesador. Desde el punto de vista del consumidor, el común de los mortales sigue haciendo lo mismo: su WhatsApp, su Instagram, sus fotos".

Eso explica, según Leis, por qué la gente tarda cada vez más en cambiar de teléfono. Si el aparato funciona bien y la batería aguanta, no hay motivo urgente para reemplazarlo.

La nueva etapa de 2026

A fines del año pasado, después de 28 años entre Movicom y Movistar, Leis cerró ese capítulo. Hoy lidera AgeniaX, una empresa enfocada en ayudar a organizaciones a incorporar inteligencia artificial en sus procesos. ¿El diagnóstico que hace del mercado? "La amplia mayoría de las empresas todavía limitan el uso de la IA a usemos ChatGPT, o redactemos un documento, y es eso".

Lo que propone AgeniaX es ir más lejos: identificar dónde la IA puede mejorar procesos concretos, desde la venta hasta la gestión interna, y ejecutarlo. "Tengo una experiencia importante de haber estado trabajando durante muchos años en entornos muy competitivos. ¿Cómo puedo unir eso con la tecnología que ya está disponible?"

La comparación que hace Leis para explicar el momento es la misma que usaría cualquier veterano del sector: "Me hace acordar a la época de las BBS o al comienzo de internet. Es como la nueva internet, pero más potente". Y agrega una advertencia para los que creen que la inteligencia artificial es solo magia: "Atrás de lo que parece mágico hay datacenters, hay procesadores, hay energía. El gran desafío es darle energía a todo eso. Estamos recién al 1% de lo que se puede hacer con esto".

El modelo de precios también le genera dudas. "Ese modelo de pagar 20 dólares y tener todo lo que querés no va a resistir en la medida que esto se masifique al nivel que se quiere masificar. Alguien tiene que pagar esa fiesta".

Leis pasó 28 años viendo cómo cada ola tecnológica prometía cambiarlo todo —y lo hacía, hasta que llegaba la siguiente. El fax, el BlackBerry, el iPhone. Ahora apuesta a que la inteligencia artificial es la gran transformación de la época, pero esta vez no desde adentro de una multinacional sino desde un garaje propio.

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