"Balelé es candombe desde la dignidad": la historia detrás de la comparsa donde la inclusión se practica desde hace más de 10 años
La comparsa Balelé surgió hace una década en un taller para personas ciegas, desde entonces recibe a personas con y sin discapacidad para crear un espacio de inclusión y convivencia
25 de enero 2026 - 5:00hs
La comparsa Balelé es la primera comparsa inclusiva del país
Leonardo Carreño / FocoUy
Un pincel le recorre el rostro dejando un rastro suave, húmedo y frío. El aroma dulce de la pintura se siente cerca y el sonido de la televisión se escucha como un murmullo constante que habla una vez más sobre la fiesta popular. La silla de la maquilladora se convierte durante un momento en el vértice entre la cotidianeidad y la fantasía.
Silvia Iroldi se pinta la cara hace diez años con la comparsa Balelé. Ella es una de las primeras integrantes de la agrupación que nació en 2015 como un taller para personas con discapacidad visual en el marco de la Unión Nacional de Ciegos y se transformó en una comparsa.
“El baile es muy sanador, pero más allá de eso la interacción con la gente es especial. Lo que todo el público te devuelve es una energía que no se puede explicar hasta que no la vivís. Te pega en el pecho. Es increíble”, dice cuando vuelve a imaginarse desfilando delante de los tambores.
Paula Trías había regresado a Uruguay después de un tiempo viviendo en España y algo le llamó la atención: percibía que las personas con discapacidad no tenían la misma independencia y participación en el espacio público.
“Conocí a una persona que decía que le gustaba el candombe pero que no tenía acceso porque nadie la invitaba. Y yo le dije, ¿por qué no? Toda mi vida bailé candombe y estuve entre las tablas. Me inicié en la Unión Nacional de Ciegos, empecé a hacer talleres y ahí me entraron las ganas de que salieran en las Llamadas”.
Entonces se puso en contacto con un grupo de referentes del candombe como Hugo Bera, Libertad “Liber” Martínez, Eduardo “Malumba” Jiménez, Eduardo Da Luz y Silvia Vargas. “Los llamé, vinieron y trajeron a todos los referentes. Ahí se armó lo que es la cuerda. La comparsa de Balelé”.
Además de ser una de las fundadoras y directoras de la comparsa, Trías es quien se encarga del cuerpo de baile y es una de las tantas guías que acompañan a algunas personas a lo largo de los desfiles. “El único momento que ellas no tienen bastón es cuando bailan.Tú sos los ojos de ellas". Durante el desfile, explica, el guía acompaña desde cerca, relatando lo que sucede a su alrededor: desde cuánta gente hay y cómo las saludan hasta cuál es el estado del tramo de calle que tiene por delante.
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Iroldi recuerda que al principio su intención era “solamente aprender a bailar” pero fue el inicio de un proceso que derramó en una nueva forma de relacionarse con su propio cuerpo. “Las personas ciegas estamos apegadas al bastón porque es nuestra herramienta, pero Paula nos hizo dejar el bastón de lado para bailar y eso fue un cambio impresionante. Fue provocando que una se sintiera mucho más segura, que contactara con su cuerpo de una manera diferente: la espalda erguida, la actitud, cómo te movés, cómo caminas. Uno va amigandose con su cuerpo también, porque los cuerpos no son perfectos, y eso ha generado un cambio interno que se replica en el trabajo, en la familia y en la vida”.
La bailarina, que además es la directora del área de discapacidad de la comparsa, explica que con el paso de los años se fueron incorporando personas con otros tipos de discapacidad y fueron adquiriendo una metodología para enseñar tanto a los artistas como a sus guías. “Esto hace un aprendizaje y una riqueza para todas y todos. Se genera un respeto y un acompañamiento de todas las personas. Saber cómo te acercás a una persona con discapacidad y qué terminología usar hace una diferencia enorme para todos”.
Actualmente son parte de Balelé personas con discapacidad visual, sordas, sordo-ciegas, personas con síndrome de Down así como artistas con discapacidad motriz y personas sin discapacidad.
Ya en 2015 Balelé desfiló en Isla de Flores como la primera comparsa inclusiva del país. “El cometido fundamental es la inserción sociocultural de las personas en situaciones de discapacidad porque en este país no hay muchas actividades en las que puedan participar, sobre todo en lo cultural”, dice Gabriel Seara, co-director y jefe de cuerda de la comparsa Balelé.
“Nuestro lema es ‘la inclusión no se predica, se practica’. Cosa que no ocurre en casi ningún lugar. Todo el mundo habla de los discapacitados pero a la hora de generar espacios, a la hora de apoyar económica y culturalmente te dicen ‘¿qué van a hacer si ellos no pueden?’. No. Hay que generar dignidad. Balelé es candombe desde la dignidad y desde el respeto al candombe. Quienes tocan el tambor en Balelé lo hacen de una manera digna y de la misma manera que lo hacen las otras personas que no tienen ninguna discapacidad”.
Seara está a cargo de la cuerda de tambores y durante el año se encarga de dictar talleres de percusión. ”Tuve la oportunidad de ir a talleres a personas ciegas, con síndrome de Down, personas hipoacúsicas, sordas-ciegas y este año tuve la primera experiencia con dos chicos con TEA. Para mí es un aprendizaje también”, sostiene.
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En el interior del Club Celta cada uno se mueve como en una coreografía acompasada. Mientras un tamborilero se prueba un dominó con rayas blancas y negras el gramillero coloca un manojito de hierbas en un maletín donde escribió yuyos con grandes letras blancas y una bailarina camina entre la gente siguiendo la guía dulce y suave de otra más joven. La inquietud está latente. En cuestión de horas estarán desfilando ante una multitud.
William Izeta es parte del cuerpo de baile de Balelé prácticamente desde sus inicios. “Me gusta bailar porque lo llevo dentro de mi corazón. La gente disfruta lo que yo hago, lo que yo disfruto”, dice a El Observador mientras espera para volver a ser parte del Carnaval. A su lado Marta Leiva cuenta que hace tres años conoció la comparsa y fue entonces cuando tuvo su primer contacto directo con el candombe: “No lo podía creer. Me encontré con la sorpresa de que tiene un ambiente espectacular, donde todo se comparte y somos una familia. Yo voy en silla de ruedas y estoy muy emocionada y agradecida de salir todos los años Balelé”.
Juan Bautista Morales se acercó al candombe hace dos años. Recuerda que cuando era niño “le tenía miedo a los tambores” pero todo cambió cuando encontró una comparsa de la que puede ser parte activa. “Ahora me solté. Empecé a escuchar a los tambores y lo disfruto”, celebra.
A su lado, Ingrid Zanolli espera que más personas se sumen a la comparsa. “Yo me enteré por un compañero no vidente que estaba la comparsa y vine, participé todos los domingos y acá estamos para dejarlo todo”, dice con entusiasmo y señala que lo que más espera es el contacto con el público. “La emoción de la gente, que vean todo lo que hacemos y el esfuerzo que uno pone cada año para poder salir en todos los desfiles".
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Poco a poco la sede se va llenando de personas con tambores al hombro, zapatos en las manos y rostros maquillados. Balelé es ahora el punto de encuentro de candomberos de todas partes, personas que llegan a la comparsa con diversos recorridos y experiencias para compartir el candombe.
Mónica Bentin es mama vieja y encarna el personaje hace muchos años en otras comparsas. Cuenta que llegó a Balelé mediante la invitación de Graciela Pintos para acompañarlos y vivir por primera vez el desfile inaugural de Carnaval. “Fuera de la competencia me hizo sentir y vibrar algo que no había vivido nunca”, dice ahora.
“Las mejores satisfacciones me las ha dado Balelé, porque acá venimos desde todos lados y el que llega, llega tanto para brindarse como para recibir porque acá aprendemos a poder sentirnos un poquito menos vulnerables y más luchadores en esta vida”, considera.
Bentin puntualiza que existen "discapacidades que son visibles y otras que no”. “En mi caso yo sufro artritis psoriásica y nadie lo ve, pero también tengo muchas limitaciones”, apunta quien ahora es la referente del grupo de mama viejas y gramilleros de Balelé y se puso por delante un nuevo desafío: aprender Lengua de Señas Uruguaya.
Balelé: una década de "audacia" con sueño de una comparsa "de todos y para todos"
A medida que la gente se va compactando del otro lado de las vallas que rodean la Plaza Independencia la avenida 18 de Julio se transforma lentamente en el escenario que dará inicio a un nuevo Carnaval. Las ventanas del Palacio Salvo abren sus postigones para dejar entrar el sonido de la fiesta callejera y algunos curiosos se acercan a ver cómo se preparan los artistas para dar inicio a la temporada de Dios Momo.
Las bailarinas emprolijan detalladamente sus vestidos, los tocadores prueban la lonja con un repiqueteo firme, una mama vieja mece lentamente el pollerón y las vedettes –Melissa Montero y Abril Resala– ya con sus frondosos espaldares bailan al ritmo que deja el rastro de una plena que suena desde el carro alegórico.
Sin embargo, la atención está puesta sobre la llegada de Laura Alonsopérez –esposa del presidente de la República Yamandú Orsi– para sumarse a las filas de la comparsa.
En una rueda de prensa la bailarina y coreógrafa expresó los motivos por los que decidió desfilar este año: “Divertirme y apoyar a Balelé, que es un proyecto muy importante. 10 años de inclusión en el candombe, pero falta mucho por hacer”. Alonsopérez dijo a El Observador que encontró en la comparsa, al igual que tantos de sus integrantes, “una red que sostiene”.
Laura Alonsopérez en el Desfile Inaugural del Carnaval 2026
Foto: Gastón Britos / FocoUy
Desde que la comparsa anunció que Alonsopérez los acompañaría en el Desfile Inaugural de Carnaval recibieron, según su director, "comentarios denigrantes y cobardes más allá de lo político".
"Balelé es un colectivo apolítico, nosotros no nos identificamos con nadie. Somos de todos y para todos, porque eso es ser inclusivo. A la señora Laura Alonsoperez se la invitó por intermedio a Alba Amaro (ndr. referente de la cultura afrouruguaya) y vino con una humildad tremenda, sin pedir nada a cambio, sin generar una contraparte que no sea su presencia, su participación y su empatía. De eso se trata esto. Para participar de Balelé no hay que ser de ningún partido político. Solamente hay que identificarse con lo que hacemos y tiene las puertas abiertas todo el mundo”, subrayó Seara.
Antes de que llegara la noche la comparsa comenzó a avanzar por la avenida.
Una procesión de cuerpos danzantes y rostros sonrientes que desfilaron frente al público que les devolvió el entusiasmo mientras la trompeta de Luis Camacho llevaba la melodía de canciones como Baile de los morenos o De amor y guerra. Saludos, aplausos y gritos de aliento se solapan sobre el sonido de los tambores. Todo eso que Silvia Iroldi siente en el pecho estaba en el aire.
Pero la comparsa no desfiló junto a las otras. Balelé es la encargada de abrir el desfile incluso antes del paso del carro alegórico, que este año rinde homenaje al 70 aniversario del primer Desfile de Llamadas organizado por la Intendencia de Montevideo, y lejos del sonido de otras cuerdas de tambores. Más adelante lo harían las agrupaciones que participan del Concurso Oficial: Valores, Integración, Yambo Kenia, Herencia Ancestral y Más Que Lonja.
De cualquier forma, Balelé abrió el Desfile Inaugural de Carnaval y este febrero volverá también a Isla de Flores. Para sus referentes, la visibilidad de la comparsa es un factor fundamental para llegar a quienes estén buscando un espacio de inclusión y convivencia: “Nosotros todos los años tratamos de dar un paso más. Necesitamos que esto realmente crezca de la dimensión que tiene, que sea de todos y para todos realmente. Hoy por hoy es todo con audacia".