29 de julio de 2026 5:00 hs

Mariano Martínez y Nicolás Cabré vuelven en encontrarse en un escenario después de más de dos décadas. La dupla cómica que marcó a una generación que creció a la luz de la ficción del Río de la Plata con Son Amores, regresa ahora al teatro junto al humor del "Bicho" Gómez.

El trío de comediantes vendrá a Uruguay a estrenar Ni media palabra en el Teatro Movie el próximo 29 y 30 de agosto, una obra de teatro sobre una visita tan inesperada como incómoda escrita por el uruguayo Fernando Schmidt con la dirección de Cabré y Rocío Pardo.

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Sobre la obra, su carrera y el vínculo con Cabré, Mariano Martínez habló con El Observador.

Ni media palabra estructura su comedia en torno al universo de la televisión y los "entretenedores". ¿Es un mundo que se presta para hacer comedia?

Se presta. Yo creo que todos los mundos se prestan a satirizarlos, a hacer comedia. El humor es muy amplio, obviamente subjetivo pero es muy amplio. En este caso está muy bien llevada adelante la obra por Schmidt. Está muy bien escrita. Es muy desopilante, muy graciosa.

Te reúne en escena con Nicolás Cabré y le suman al "Bicho" Gómez, además. ¿Cómo es estar en el escenario con alguien a quien conocés tanto a nivel interpretativo como Nico?

Es muy gratificante estar arriba del escenario con alguien que te llevas tan bien y te conocés hace tanto tiempo. Hay una química innata que no se consigue, no se compra, y está mejor que siempre. Nos llevamos muy bien actuando, nos entendemos bien. Es algo que surge naturalmente, saber lo que el otro está queriendo hacer y en qué momento lo está queriendo hacer con solo mirarnos. Es algo tácito, algo que no se puede ver, que la gente lo percibe como nosotros también lo percibimos al trabajar juntos. Esa magia que está buenísima, que siempre tuvimos la gracia de Dios de poder tenerla juntos, que siempre nos terminamos potenciando. Y con el Bicho Gómez, que es un crack de lo que es lo clownesco y la actuación de comedia, se armó un lindo tridente.

Esa magia que decís que tenés con Nicolás después de tanto tiempo colaborando juntos, ¿se dieron cuenta rápido que había algo ahí o costó al principio? ¿O lo fueron entendiendo con el tiempo?

Sí, se notó al instante. Las primeras escenas que hicimos juntos fueron en Gasoleros. Nico ya era uno de los protagonistas, yo venía de hacer una novela que llamaba RRD.T., que era un unitario de Pol-Ka muy lindo. Ya en esas primeras escenas que me tocaban hacer junto con él se notaba que había una química, como una hermandad generacional o quién sabe pero que traspasaba la pantalla. Él siguió haciendo su camino después de Gasoleros y yo después hice Campeones. Esa sumatoria de cosas, más la química que me imagino que Adrián (Suar) vio en esas escenas, hizo que hagamos Son Amores después. Hay una anécdota que está buena: cuando arrancamos hicimos una semana o diez días de grabación, y estábamos muy estructurados. Estábamos muy solemnes, muy agarrados al guion y no estaba ocurriendo esa magia que después se vio. Adrián nos juntó, nos habló y nos dijo, chicos, jueguen ustedes. Él veía algo que todavía nosotros no estábamos experimentando, no estábamos poniendo en las escenas. Cuando nos lo dijo empezamos a improvisar, empezamos a poner nuestra parte y se dio ese juego que después se terminó convirtiendo en lo que fue Son Amores, lo que todo el mundo conoció. Pero hubo una semana que la volvimos a hacer, al principio.

Tuvieron que recalcular.

Al principio la química existía, pero estábamos muy atados a lo que estaba pactado y no estábamos trascendiendo eso que después sucedió. Siempre como que vos tenés un guion y das un plus, ese plus hace la magia.

Eran otras épocas de la televisión. Otra forma de laburar y de filmar también, era quizás todo mucho más vertiginoso que ahora.

Era vertiginoso. Imagínate que hacíamos de a cinco o seis capítulos. A veces abríamos diez capítulos por día, escenas mezcladas con continuidades. Pero como el humano es un animal de costumbre, nos acostumbrábamos y teníamos los guiones diferentes y cómo venía la continuidad dramática. También había un gran equipo, había continuistas, los directores, asistente de dirección; había una banda de gente que te ayudaba pero uno también generaba una gimnasia importante porque te pedía la ocasión.

¿Y cómo ves la diferencia con el teatro ahora? Por ejemplo, para contrastarlo con estas épocas de actuación arriba del escenario.

Es distinto. Yo estoy descubriendo el teatro hace unos 10 años, porque antes hacía pero más lo que era de la tele al teatro. La última vez que nos encontramos con Nicolás fue con Son Amores arriba del escenario, y no nos subimos otra vez juntos al escenario. Esta sería mi cuarta obra de texto, porque hice Closer, hice Mentiras Inteligentes, que fue la que vine a Uruguay a presentarme a Montevideo con Betiana Blum, Arnaldo André y Flor Torrente; y después Tom, Dick y Harry durante dos años. Es distinto. El teatro lo fui descubriendo y me gusta. Es en vivo, tenés que estar muy presente durante esa hora y diez. Es el mismo texto, pero vos no sos siempre el mismo, no todos los días sos el mismo. La gente no es la misma y todos los días es ese desafío de generar esa energía de ida y vuelta con la gente que es lo artesanal de nuestra profesión. Está buenísimo.

Hace un tiempo tuvimos a José María Muscari en La Playlist, el programa de streaming de El Observador, y él decía que los actores que se formaron en la ficción de televisión en Argentina hoy están en el teatro, que ahí encuentran un lugar para experimentar. Que hoy, si uno quiere ver a los actores actuar, tiene que ir al teatro. ¿Coincidís?

Ficción no hay más en la televisión. No hay novelas, no hay tiras, no hay unitarios hace mucho tiempo. Empezó a mermar de 20 años para acá, de 17 años para acá. Empezó a caer y se veía venir que podía pasar esto. Es una lástima porque tenemos muy buena técnica, muy buena ficción. En Brasil hay novelas en la televisión abierta, más allá de las plataformas y más allá de que cambió la forma, en la mayoría de los países sigue habiendo televisión en canales abiertos. Obviamente ya no hay más y al no haber más, todos los actores que son vocacionales se volcaron al teatro porque es la parte artesanal que sigue existiendo. En algún teatrito, más grande o más chico, podés hacer tu arte, trabajar y vivir. Lo que está bueno que se retroalimenta más allá de eso es que exista la ficción, porque la gente también iba a ver en el teatro a los actores que veía en las series. Era esa cosa de tenerlos cerca, de verlos, generaba como mucho más corte de ticket también. Ver a la persona que te gusta mucho de series, de pelis, en teatro tiene otra magia también. Hoy por hoy si querés seguir viendo a los actores que te gustaban o que te gustan, tenés que ir al teatro. Por lo menos en Argentina está pasando eso.

Mariano, mencionaste Son Amores. ¿Qué tanto te recuerdan o te piden que cantes Yo sé?

En la obra hay un guiño y la gente se vuelve loca. A mí me sorprende todo el tiempo eso, porque después de 24 años que el tema tenga tanta fuerza, tanta vigencia y se recuerde con tanto cariño es impresionante. La gente me lo canta por la calle, sea de la edad que sea –porque obviamente siempre es más generacional, más cercano a mi edad– se ponen a hacer el pasito. Es muy gracioso. Yo me cago de risa.

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