7 de septiembre de 2026 5:00 hs

La idea es mirar hacia arriba y entender que Montevideo es más: más de lo que vemos a diario, más de lo que nos quejamos, más de lo que pensamos, más de lo que creemos. Es, por ejemplo, un reservorio importante de edificios Art Decó. Y esa es solo una de las tantas conclusiones que durante la Semana de la Arquitectura el participante de las actividades que allí se organizan puede empezar a sacar por su cuenta.

La segunda edición de este evento comienza el próximo lunes 7 y va hasta el sábado 12, y propone una celebración de la arquitectura en la capital uruguaya, especialmente en torno a los cien años del Art Decó. Las actividades se pueden ver todas en este link, algunas son con inscripción previa, pero la intención de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay, organizadora del evento, es que estos días sirvan para disparar charlas: sobre la ciudad y sobre cómo queremos vivirla.

En ese sentido, Alberto Leira, presidente de SAU, habló con El Observador en las últimas horas sobre algunas de las cuestiones que la Semana de la Arquitectura pretende poner sobre la mesa, así como también sobre los desafíos que Montevideo enfrenta a nivel de espacios públicos y la intención de poner al Art Decó al frente. A continuación, un resumen de la entrevista.

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Una de las motivaciones de la Semana de la Arquitectura es acercar la arquitectura a la ciudadanía. ¿Están lejos?

En general, el ciudadano toma a la ciudad como algo que le viene dado. Lo que nosotros queremos es acercar nuestra disciplina a la gente, pero que la gente también participe y se involucre. De hecho, en varias discusiones de este año lo que más reclamamos nosotros fue la participación ciudadana. Que la gente opine, que la gente piense qué ciudad soñamos, qué ciudad queremos.

En los últimos tiempos la discusión en torno a la ciudad está usualmente en el centro. ¿Desde la gestión pública se la piensa de espaldas a la ciudadanía?

Creo que hay un convencimiento de que tiene que haber participación de la gente. De hecho, tenemos una ley de ordenamiento territorial que prevé mecanismos para charlar acerca de cómo queremos la ciudad. A veces cuesta hacerlo operativo, que las consultas sean reales, que la gente participe. También es cierto que podés dar los espacios de discusión, hacer una charla abierta, difundirla y te van quince personas, y eso no es representativo de la ciudadanía en su conjunto. Creo que hay que lograr un punto de equilibrio, pero seguir trabajando para que la gente realmente pueda participar.

Uno de los puntos destacados de la Semana de la Arquitectura es el foco sobre el Art Decó, que cumple 100 años. Más allá del centenario, ¿qué preponderancia tiene en Montevideo esa corriente?

A instancias de la Comisión Asesora de Patrimonio de SAU, tomamos el Art Decó un poco como excusa, porque a mí me gusta discutir más ampliamente. Estamos hablando de un estilo que fue muy fuerte en Montevideo y en el resto del país. Por ejemplo, tenemos más edificios Art Decó que el Distrito Art Decó de Miami. Sin embargo, prácticamente no hablamos de esa corriente en Montevideo. Queremos aprovechar el centenario para hablar de este tema, reconocer el estilo dentro de la ciudad, empezar a cuidar más nuestros edificios, y, a su vez, valorar el patrimonio que tenemos. Porque los uruguayos no valoramos lo que tenemos. Sentimos que las cosas están dadas, que la ciudad está en mal estado y que siempre va a ser así, seguimos con esa inercia. La palabra que más uso es desidia. Eso tiene que cambiar. Y creo que está bueno tomar conciencia de eso, darse cuenta de que tenemos ejemplos muy buenos de arquitectura, no solo de Art Decó. Porque para poder cuidar y valorar hay que conocer. Por ejemplo, en la semana de la arquitectura proponemos la Noche de las Linternas, una actividad en un horario en el que no acostumbramos a mirar hacia arriba, para mirar esos edificios, descubrirlos juntos y saber más sobre ellos.

¿Apropiarse de la ciudad también es mirarla? Da la sensación de que muchas veces la vivimos pero no la miramos, ¿no?

Creo que eso habla de la velocidad con la que vivimos hoy. Y una de las cosas que dicen los urbanistas es que la ciudad también tiene que estar hecha para quedarse en los espacios. En Montevideo tenemos una dicotomía muy fuerte entre el automóvil y el peatón. En la ciudad tenemos que hacer lugares para poder estar. Si se eliminan los locales comerciales de las plantas bajas, si no se dejan lugares para sentarse, lugares agradables para que puedan estar todas las personas, entonces vamos a estar solamente de paso, y cuanto más rápido mejor. Además generar esos espacios ayuda en un montón de aspectos. Tiene que ver con diseño, pero también por cómo estamos viviendo y conviviendo. Porque creo que realmente ha afectado mucho nuestra convivencia, en muchos aspectos. Porque implica que vos quieras seguir de largo, poner una reja, cerrar los espacios que están hechos para estar bajo techo, y entonces entra el desplazamiento de la gente que no tiene hogar, que es otra problemática social enorme de esta ciudad. Hoy en una entrevista justo hablaba de que en Montevideo no tenemos baños públicos. Es una ciudad que se promociona para que vengas a visitarla y no tiene baños públicos.

¿Y qué más está sucediendo con los espacios públicos de Montevideo que fomentan esa dicotomía peatón / auto?

El espacio público estrictamente es todo lo que está por fuera del espacio privado. De fachada a fachada, todo eso es espacio público. Y lo podés diseñar para que sea agradable o para que sigas de largo. Yo hago hincapié en que tenemos que tener verde, buena iluminación para los peatones. Porque las calles de Montevideo están iluminadas para el auto. Y si hay arbolado, el área que te queda oscura es el área donde tiene que pasar la gente. De la misma manera que estacionamos arriba de las veredas, el peatón es el que pierde siempre. Entonces, creo que tenemos que repensar la ciudad y cómo queremos vivir en ella. Pero todos, no dejarle la responsabilidad a unos pocos. Tenemos que reclamar lo que nos gusta y lo que queremos. Montevideo tiene muchísima contaminación visual, auditiva, lumínica. ¿Hay que iluminar las playas? ¿Para qué? En el espacio público hay inversión más que nada en las plazas. No solo Montevideo, el resto del país también. Hay muchas intendencias que le dedican dinero a los espacios públicos, y eso está muy bien. Pero hay que tener una visión de conjunto, y si hago un proyecto de pavimentación para que el vehículo vaya más seguro y mejor, también tengo que tener en cuenta al peatón. Con el cambio climático empieza a ser de importancia increíble el tema hídrico e hidráulico, porque muchas veces no está asociado a las soluciones basadas en naturaleza. Tenemos que incluir a la naturaleza en esas decisiones, porque el ser humano domesticó al ambiente y en esa domesticación se olvidó del resto, de qué pasa con el resto del ambiente, cómo es la naturaleza, su fauna, sus cursos de agua, cómo es el verde. En otras ciudades del mundo se están empezando a dar cuenta de eso, y están empezando a rever políticas en el crecimiento de la ciudad. Barcelona y París están generando superficies que absorban más el agua de lluvia, sacando cemento y generando más espacios verdes. ¿Y esto por qué? Porque en determinado momento impermeabilizamos todo, tapamos cursos de agua, algo que en Montevideo es muy notorio. Estamos sobre un sistema orográfico que canalizamos y tapamos. Cuando analizás dónde hay inundaciones ante un evento climático muy severo, es en la zona donde tenés el curso de agua debajo. Ahora tenemos la discusión de los bañados de Carrasco, del aeropuerto en Rocha entre las lagunas...

Y la que más tiempo tomó en los medios: la reforma del transporte que da vuelta 18 de Julio.

Sí, y la discusión de si seguir creciendo en mancha urbana o no. Hasta el ministro de Economía declaró que hay una perspectiva económica que es antieconómica en el crecimiento de la mancha urbana. A veces generás una inversión que viene en un plazo corto, que genera mano de obra, determinados ingresos, pero después te está encareciendo el transporte, los servicios, un montón de aspectos más. La ciudad, en definitiva, está creciendo. Pero al mismo tiempo, se vacían áreas centrales que tienen los servicios para recibir residentes. Esto pasa en la capital y en el interior. Creo que hay que concentrarse en completar esas áreas que pueden ser más densas, que tienen ya los servicios, y a su vez incorporar algunos aspectos de sustentabilidad. Los edificios, por ejemplo, no deberían estar gastando más agua potable en descargas de las cisternas. Son cosas que tienen que cambiar. Tenemos que rever cómo estamos viviendo y qué estamos haciendo. Lo mismo que lo que comemos o cómo nos movemos. Si mirás el último censo, marca que para el rango entre 2050 y 2070 vamos a ser 500 mil personas menos. Es una cifra enorme. Si la población sigue bajando, ¿para quién estamos construyendo más viviendas? ¿Qué es lo que estamos haciendo? Crece la mancha urbana, construyo más edificios, cuando en realidad tendríamos que lograr que baje el costo de acceso a la vivienda. Tendríamos que lograr socialmente que la gente no esté en la calle. En otras partes del mundo, la solución es: primero, casa. Primero le dan un techo. Y después analizan si es un problema de drogas, de delincuencia, de lo que sea. Pero primero le doy un lugar donde pueda estar más cuidado. No podemos tener gente que esté tirada sin acceso a un baño. Gente que se muere de frío en la calle. Lo naturalizamos, empieza a ser parte del paisaje de la ciudad.

Montevideo tiene grandes olvidados, y solés mencionar en entrevistas el caso de la Estación Central, que es uno de los más notorios. ¿Tenés fe en que ese tipo de encrucijadas urbanas se pueden resolver?

Hubo un periodo en el cual creímos que realmente podíamos ser líderes a nivel mundial. En algunos aspectos, además, lo hemos logrado. Tenemos ejemplos cercanos de que somos poquitos y hacemos cosas muy buenas. Hay que volver a pensar que este paisito es un gran país, que tenemos todo para estar mucho mejor. Tenemos educación, tenemos gente amable, estamos perdiendo algunas cosas y rasgos de ese tipo, pero creo que los podemos volver a tener. Y a nivel de los grandes olvidados, creo que esas operaciones pueden ser operaciones estrella. El Mercado Agrícola fue un ejemplo de una recuperación exitosa. Podemos tener otros. Pero las instituciones tiene que juntarse. En todas pasa que hay compartimientos estancos, en la sociedad también. Pero, por lo pronto, desde SAU estamos intentando hacer eso: trabajar en conjunto con la academia, con las cámaras de la construcción, con el resto del Estado. Abrir el juego para ir juntos. ¿De qué manera lo puedo lograr? Porque los recursos son finitos, son acotados. ¿Qué inversión necesito para recuperar la Estación Central? Capaz tiene que ser un concurso internacional de ideas. Y tienen que venir capitales y hacer algo mezclado entre el Estado y los privados que permita que esa zona de la ciudad vuelva a ser lo que fue en algún momento. Sin ir más lejos, en Buenos Aires tenés la zona de Puerto Madero, que es similar, con un montón de edificios que nacieron en lugares que eran galpones olvidados. ¿Se puede hacer? Yo creo que sí. Creo que lo podemos hacer. Que lo debemos hacer. O sea, todos deberíamos impulsar ese cambio, volver a soñar con cosas que pueden estar buenas. Y vivir en un lugar que lo encontremos agradable para todos. Creo que hay que volver a entusiasmarse. Pensar que esto puede ser distinto.

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